Con una carta, un militar contó su encuentro secreto con Hitler en Bariloche
A mediados de agosto de 2019 murió el teniente coronel Julio Arturo Heil. Tenía 92 años y guardó un secreto de su juventud de por vida: Perón lo había enviado a la Patagonia para que le entregara un maletín con documentación secreta... ¡a Hitler! Antes de fallecer le dijo a sus hijos: “Cuando yo no esté, pueden dar a conocer esta historia”
En un artículo escrito por Julio Lagos, publicado en Infobae, se indica que hace 66 años, Heil fue parte de una historia increíble, que su familia decidió hacer pública tras su fallecimiento, haciendo caso a su pedido.
Según escribe Lagos, Alejandro Heil, uno de sus hijos contó:
-En 1953, siendo oficial instructor con el grado de teniente en el Colegio Militar, lo llama el jefe de la compañía y le dice que se presente en el despacho del director, el general Maglio, que quería hablar con él. Mi padre se presenta y junto al director estaba el general Franklin Lucero, que en ese momento era el Ministro de Guerra. Y ahí le dicen que el general Perón quería hablar con él, que se preparara porque al día siguiente lo iban a pasar a buscar a las siete de la mañana. A la mañana siguiente pasa a buscarlo un Mecedes Benz negro chiquito, de los que se usaban en la época, y lo lleva a la Casa Rosada. Ahí lo recibe un suboficial mayor, que lo acompaña hasta el despacho del general Lucero y de ahí van al despacho del presidente Perón.
Le preguntó si era descendiente de alemanes. Mi padre le contesta que sí y Perón le dice que va a cumplir una comisión sumamente reservada. (...) Salieron del despacho presidencial y fueron al del ministro, que le dio un portafolio con una cadenita de pulsera. Y mientras mi padre se la colocaba en la muñeca, Lucero le dio las instrucciones: "Ahora el chofer que lo trajo acá lo va a llevar a la base aérea de El Palomar, desde donde van a volar a Bariloche. Este portafolios se lo va a entregar en mano al señor Adolf Hitler…"
En el relato que dejó escrito, mi papá cuenta que de la Casa Rosada el mismo chofer del Mercedez Benz negro lo llevó a la base aérea de El Palomar. Allí lo esperaban un capitán y un teniente primero pilotos, a cargo de un bimotor. El único pasajero era él, que tenía el maletín encadenado a la muñeca. Durante el viaje no hablaron. Hicieron escala en Santa Rosa, para reabastecerse y volvieron a despegar con destino a Bariloche, al aeropuerto viejo supuestamente. Ahí lo esperaba un oficial del ejército, un teniente primero. Mi padre no conoce el apellido. En un jeep del ejército recorren aproximadamente durante 45 minutos un camino de ripio que al principio tenía vista a un lago y ya después se meten en una zona boscosa hasta una tranquera donde los reciben dos personas de acento alemán, que lo acompañan a él solo al interior de un chalet entre los bosques tupidos de Bariloche.
-¿Entran directamente? (Pregunta el autor del artículo)
-Entran a la casa y las dos personas que él describe como corpulentas, altas, vestidas de civil, con acento alemán lo llevan hasta la entrada principal del chalet y ahí lo espera otra persona que lo acompaña por un pasillo hasta una sala donde estaba el señor que supuestamente era Adolfo Hitler. Mi padre cuenta que era una sala espaciosa, grande, con un ventanal que daba a una arboleda o un parque. Y la persona que supuestamente era Hitler estaba en un escritorio. Cuando a mi padre lo hacen ingresar se pone de pie, lo recibe y lo saluda. Mi padre dice que fue un saludo afectuoso. Se quedaron los dos solos. Le pregunta por el general Perón en un castellano dificultoso, le costaba pero hablaba en castellano. Mi padre se desengancha el portafolio de la muñeca y se lo entrega en mano. Intercambian dos o tres palabras, no hablan mucho y de una repisa que tenía detrás saca una botella de cognac con dos copas. Le sirve a mi padre, se sirve él y brindan por la Argentina y por Perón.
Él suponía que la persona que había visto era Hitler, pero no podía saber si era un doble. A sus 25 años no lo podía afirmar. Suponemos que sí. Por el viaje, el lugar. Y además él cumplía las directivas que le habían dado el presidente Perón y el ministro Lucero.
-¿Y cómo terminó aquella entrevista en Bariloche?
-Se despiden, se estrechan la mano, mi padre describe a la persona que ve similar a lo que se veía en los diarios que parecía ser Adolfo Hitler, un Hitler más viejo, más deteriorado, canoso, con bigote, con temblores en las dos manos, con un español rudimentario… Mi padre lo saluda militarmente, porque había ido de uniforme y se retira. Hace el camino inverso, otra vez el jeep, el avión desde Bariloche, otra vez El Palomar, el Mercedes Benz negro lo estaba esperando y lo llevó a la Casa Rosada. Nuevamente en el despacho del general Perón, esta vez luego de esperar un rato porque el Presidente estaba atendiendo a otras personas. Mi padre le da la novedad de que había cumplido la comisión, que había sido entregado el maletín y le entregó en mano lo que le había dado Hitler. Perón lo felicitó y le dijo que de su reserva está en juego su carrera y su permanencia en el ejército."Déme su palabra de honor y de soldado que esto no lo va a comentar y se lo va a llevar reservadamente", le pidió. Y así lo hizo mi padre, porque recién cuando todos los protagonistas fallecieron lo reveló de un modo íntimo. Y él mismo ya estaba muy enfermo. (EL ARTICULO COMPLETO)