En medio de la crisis y la era digital, la calesita sigue girando
Goya Vila está a cargo de la calesita de Moreno y Onelli desde su reapertura. Es la hija de Guillermo, el fundador del lugar, quien falleció en el año 2016.
Dialogando con Marcela Cabral, durante el programa, Mano y Contramano de El Cordillerano Radio (FM 93.7) Goya contó sobre el cierre y la reapertura del emblemático lugar de la infancia barilochense.
Tras el fallecimiento de Guillermo, su mujer Lili estuvo a cargo de la calesita, hasta su cierre. “Había una necesidad de mudar la Calesita, porque se nos terminaba el contrato y no había posibilidad de renovación, ahí fue que me puse en campaña para ver que podía hacer. Yo me la quería quedar, cueste lo que cueste, acá o en otro lado, le tengo mucho afecto”, contó la actual responsable del funcionamiento del carrusel.
“Se pudo llegar finalmente a un arreglo con el dueño del terreno y nos pudimos quedar”, continuó.
A más de dos décadas y media del ensamblado y la construcción de la calesita, Goya recordó que su padre tuvo un emprendimiento similar previo, en el puerto San Carlos.
“Es toda de madera hierro, hecha por herreros, arquitectos y madereros. Toda gente de acá, también del Cerro Catedral que ayudó a hacer la maquinaria”, dijo sobre la que actualmente está en funcionamiento.
También habló sobre sus proyectos para el lugar: “Sé que los tiempos cambiaron y que los chicos se divierten con muchas cosas que la Calesita por ahí no ofrece. Pero bueno, vamos a tratar de, sin salirnos de lo que significa el lugar, de estar abiertos a nuevas posibilidades, conservando el la esencia de siempre”.
“La Calesita puede trabajar más o menos, pero vos ves a los chicos y se van llorando porque realmente les gusta y se quieren quedar”, agregó.
Sin estar ajena al contexto económico actual explicó: “Mi familia vivó un montón de crisis, meses y años mejores y peores, pero se pudo llevar adelante. Ahora estamos en un momento particular, para mí es todo un desafío”.
El inicio
Goya relató que su padre y su madre, vinieron desde Rosario y Buenos Aires respectivamente. Ambos eran licenciados en sistemas y en aquel entonces ella tuvo una beca en el Centro Atómico, hecho que hizo que formaran una familia en esta ciudad, criando a dos hijas.
“Por lo que sé, en esa época había una calesita al aire libre en el Paseo de la Catedral y él me llevaba ahí. Vio que los chicos se morían de frío. Después vio una otra tirada en la ruta, toda desarmada, no sé qué se le cruzó por la cabeza y compró la que estuvo en el puerto”, recordó.
“Estoy feliz y todo lo hago con alegría. Esperemos que todo siga bien. La Calesita está abierta de 15.30 a 20.30, ahí los esperan Sofi y Flor”, finalizó.