2019-06-23

NO ESTÁ DE MÁS RECORDAR AÑO TRAS AÑO LAS MEDIDAS DE PRECAUCIÓN

Estar atentos ante el monóxido de carbono y las protecciones para la salud

 

Los días fríos del otoño generan la antesala de las bajas temperaturas que se producen en la región durante el invierno. Existen medidas que se deben tener en cuenta, no solo ante la posibilidad de un accidente por inhalación de monóxido de carbono, sino también por la necesidad de calefaccionar ambientes en forma adecuada y con ello evitar problemas de salud o excesivos consumos. 

Crecieron en un poco más del 100% las personas que fueron atendidas en el Hospital “Dr. Ramón Carrillo”, de Bariloche, a causa de intoxicación por monóxido de carbono. A nivel país el número es mayor -obviamente- con alrededor de 1.500 individuos que sufrieron daños por el llamado “asesino invisible o silencioso”.

Las estadísticas de años anteriores indican que el número de personas atendidas, intoxicadas por monóxido de carbono (Hospital “Dr. Ramón Carrillo” de Bariloche), ascendieron a 13 en los meses de mayo, junio y julio de 2016. La cifra creció considerablemente en 2017, la atención subió a 31 intoxicados, según se informó desde la dirección del nosocomio local.

"El monóxido de carbono es un gas altamente tóxico producido por una mala combustión de cualquiera de las sustancias orgánicas. Si la cantidad de oxígeno disponible es insuficiente, la combustión será incompleta y generará monóxido de carbono", según explicó anteriormente la médica especialista en Toxicología, Mercedes Barlotti.

Y continuó: "La mayoría de las intoxicaciones son consecuencia del mal estado de las instalaciones en las viviendas, pero también son frecuentes los casos por exposición a gases de escape del auto, y menos común por inhalación de humo durante un incendio".

Asimismo, Barlotti, explicó que "el mayor problema del monóxido de carbono radica en que no es detectable a través de los sentidos: carece de olor, sabor y color; tampoco irrita los ojos ni la nariz" y añadió que "no hay que confundirlo con un escape de gas, que se detecta porque se encuentra odorizado".

Una vez inhalado, el CO llega a los pulmones para luego incorporarse a la hemoglobina del glóbulo rojo presente en la circulación sanguínea, desplazando al oxígeno y generando carboxihemoglobina.

El primer lugar afectado es el cerebro, por eso los primeros síntomas son mareos, náuseas y vómitos, y en segundo lugar el corazón, incrementando el riesgo de que se produzcan arritmias cardíacas, infarto de miocardio e incluso el fallecimiento.

"La agudeza del cuadro dependerá de la concentración del monóxido en el ambiente, el tiempo de exposición, y la patología previa del paciente, por ello, las personas mayores, los niños y quienes padecen enfermedades cardíacas o pulmonares son más vulnerables", describió la profesional.

Al respecto agregó que "por lo general, las personas llegan a la consulta con algunos de los síntomas mencionados, pero no sospechan la causa. Cuando es invierno, los médicos ya estamos alerta de esta situación por la frecuencia entonces pedimos en el análisis de sangre la presencia de carboxihemoglobina".

Ante la sospecha de intoxicación por monóxido de carbono, se recomienda retirar a los afectados del ambiente contaminado hasta un lugar donde puedan respirar aire limpio y fresco, además de llamar a la ambulancia de inmediato, si es posible, procurar abrir puertas y ventanas, así como apagar la fuente emisora de monóxido de carbono.

"Pero más allá de los cuadros agudos, el monóxido va intoxicando a las personas en forma paulatina; así encontramos personas que tienen dolores crónicos de cabeza, agotamiento, e incluso patologías como disminución de la agudeza visual que pueden ser producto de esto", describió.

La calefacción

Calefaccionar los ambientes es una medida que permite hacer frente a las condiciones climáticas del invierno, además de brindar confort dentro del hogar, pero también puede resultar perjudicial para la salud, dependiendo del sistema de calefacción utilizado y de la temperatura a la que se lo utilice.

Lo ideal es que la temperatura a la que se calefacciona un ambiente no supere los 21° a 23° y que la humedad se sitúe entre el 50 y el 70%. La calefacción excesiva aumenta el contraste de temperatura entre interior y exterior, lo que puede disminuir la capacidad de respuesta de los mecanismos defensivos del organismo.

La oferta de sistemas de calefacción es bastante amplia, sin embargo, no podemos decir que ninguno de estos dispositivos reúna las condiciones ideales.

La humedad en el ambiente

Los sistemas de calefacción por aire caliente (aire acondicionado) tienden a resecar el ambiente, lo que hace que las vías aéreas también pierdan humedad. El resecamiento del árbol respiratorio disminuye sus mecanismos de defensa favoreciendo las infecciones y puede generar congestión nasal o tos, sobre todo en los alérgicos, o puede favorecer las exacerbaciones asmáticas en quienes padecen esta patología. Es importante tener en cuenta que la circulación de aire caliente arrastra partículas de polvo que contienen alérgenos, sustancias que favorecen el desencadenamiento de los síntomas alérgicos.

Los sistemas de calefacción más recomendados, sobre todo para aquellos que padecen patologías respiratorias crónicas, serían algunos tipos de estufas eléctricas, las losas radiantes, los radiadores y los calefactores que cuentan con sistema de cámaras de combustión cerradas con evacuación externa de los gases generados producto de la combustión.

Calefaccionar con precaución

A pesar de las desventajas mencionadas de los diferentes sistemas de calefacción, puede resultar más perjudicial para la salud no calefaccionar en épocas frías del año. Lo recomendable es que los ambientes estén templados, bien ventilados y asoleados porque el sol disminuye los ácaros de polvo y mantiene la temperatura.

Verificar que todas las fuentes de calor funcionen correctamente: siguiendo escrupulosamente las instrucciones de los fabricantes para la puesta en marcha y en el manejo de los dispositivos.

Salida de gases al exterior: cuando se usan determinadas fuentes de calor hay que tener en cuenta que tengan una adecuada salida al exterior, y de no ser así, tener la precaución de abrir una ventana cada cierto tiempo, para ventilar el habitáculo donde se encuentra.

Apagar la calefacción por la noche: también se recomienda ventilar la casa antes de encenderla por la mañana.

Limpiar regularmente los filtros del aire acondicionado: este dispositivo es uno de los que más reseca el ambiente y las mucosas, además de reunir distintos agentes en los filtros que es importante limpiar con regularidad.
Evitar fuentes de combustión que generan residuos: como el humo del cigarrillo, sahumerios, inciensos, etcétera. (Con datos de profesionales de Bariloche y del doctor Nicolás G. Douglas Nazareno, coordinador de la Sección Neumonología Clínica y Medicina Crítica de la Asociación Argentina de Medicina Respiratoria).

Peligro: monóxido de carbono y otros tóxicos

Años tras año existen accidentes en Bariloche, a veces fatales, por ello es necesario estar atentos a uno de los peligros que suceden a partir de un asesino silencioso. En esta ciudad ante cada temporada invernal las autoridades realizan sus recomendaciones que no siempre son tenidas en cuenta y se producen víctimas que bien se podrían evitar si se siguen cuidadosamente los consejos.

Los artefactos que funcionan a combustión (estufas de parafina, a querosén, gas o leña, las cocinas o los braseros) consumen oxígeno y liberan gases nocivos, como el monóxido de carbono. La combustión inadecuada del material empleado para la producción de calor, o un sistema de ventilación insuficiente, pueden provocar la acumulación de niveles peligrosos de estos gases nocivos.

El monóxido de carbono es un gas imperceptible por ser incoloro, inodoro y porque no irrita las mucosas, pero ocupa el lugar del oxígeno en la sangre, por lo que impide su llegada a los diferentes órganos y tejidos. La intoxicación por este gas puede culminar en un paro cardiorrespiratorio y muerte. En intoxicaciones de menor grado puede haber dolor de cabeza, náuseas, debilidad, mareos, etcétera.

Otro gas peligroso es el dióxido de nitrógeno, que se libera cuando las cocinas, hornos de gas y estufas de parafina no funcionan correctamente. Este gas no se huele ni se ve, pero es irritante para las mucosas y puede causar dificultad respiratoria, sobre todo en pacientes asmáticos, con EPOC o con otras patologías respiratorias crónicas.

Existen otros productos derivados de una mala combustión, sobre todo de estufas o chimeneas de carbón y leña, que son partículas de tamaño tan diminuto que pueden depositarse en lugares profundos del árbol bronquial, pudiendo favorecer la aparición de enfermedades respiratorias crónicas (como EPOC) o tumores.

jcmontiel@elcordillerano.com.ar

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