2019-04-21

Una buena nutrición repercute en un buen aprendizaje en los chicos

Está científicamente comprobado que una mala nutrición durante los primeros años de vida afecta el rendimiento y el desarrollo intelectual de los chicos y puede disminuir hasta 15 puntos el nivel del coeficiente intelectual con respecto a aquellos niños que llevan una dieta saludable y equilibrada.

“Si el niño no está bien alimentado, no solo aprende de manera inadecuada, sino que su relación con el entorno a través del juego o el apego también es menor”, explica la licenciada Teresa Cóccaro, nutricionista del Instituto de Neurociencias Buenos Aires.

Y agrega: “La alimentación es un acto voluntario y consciente, por lo que debe ser un acto educativo. El niño aprende por patrón de repetición, volviéndose esta acción una responsabilidad tanto de los padres como de la escuela. A diferencia de un adulto, el niño debe tener una rutina alimentaria y no debe hacer dieta, sino que tiene que aprender a comer sano. Enseñar acerca de la importancia de las porciones, diseñar en familia -o como parte de una actividad de la escuela-, un menú saludable es una opción ideal para que aprendan a través del ejemplo”.

Los chicos deben realizar cuatro comidas al día que incluyan todos los grupos alimentarios: lácteos descremados y derivados (como el yogurt), carnes magras y huevo, frutas y verduras, cereales (pan, galletas, pastas y arroz), aceites y azúcares (endulzantes light), eligiendo como principal elemento de hidratación el agua.

El nutriente más importante en el crecimiento y en el desarrollo intelectual y cognitivo de los niños es el hierro, por lo que su alimentación debe contemplarlo para que no se produzcan anemias o bajas en el desempeño educativo y el aprendizaje. El hierro está presente en animales (carnes, huevos y lácteos fortificados) y en vegetales de hoja verde y legumbres. La recomendación es que se consuma todos los días.

La ingesta más importante del día para mejorar el rendimiento es el desayuno, ingesta que muchas veces se deja de lado o se le quita importancia. “El consumo regular del desayuno se ha asociado a mejores rendimientos académicos y óptimas habilidades sociales. Es un buen marcador de un estilo de vida saludable y, por tanto, puede influir positivamente en la prevención de la obesidad infantojuvenil”, detalla la especialista.

Esta primera comida del día debe estar conformada por todos los grupos alimentarios. Debe tener lácteos (un vaso de leche o un vaso de yogurt) y carbohidratos: pan integral o de salvado; rapiditas integrales con queso y mermelada; almohaditas de avena; barrita de cereal; copos de maíz, con fibra o granola. “De vez en cuando se puede incluir un alfajor o galletitas dulces, siempre controlando y enseñando la importancia de la porción justa a través de la lectura de etiquetas. Los niños deben llevar una alimentación acorde a su edad. Se pueden ofrecer galletitas dulces o rellenas o un alfajor, pero también se deben incorporar en ese mismo momento otros alimentos como lácteos y frutas”, agrega Cóccaro.

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