UN AÑO EN LA BASE ORCADAS
Guardaparque barilochense cuenta su experiencia de trabajo en la Antártida
La joven volvió hace unos meses y relata en primera persona las sensaciones de vivir y trabajar un año entero en el territorio más austral del planeta. La cotidianeidad, el trabajo, la convivencia, el clima y las impresiones que serán inolvidables y sin duda marcarán un antes y después en su vida.
Lorena Ojeda se desempeña en Parques Nacionales desde 2006, cuando entró como brigadista en incendios forestales hasta 2012 cuando se abrió la escuela y decidió recibirse de guardaparque.
Ya con varios años de experiencia a cuestas, quiso cumplir un sueño. Cabe mencionar, que la Dirección Nacional del Antártico (DNA) tiene un convenio con la Administración de Parques Nacionales (APN) hace casi tres décadas, por lo que requiere cada año, dos guardaparques para la invernada en la base Orcadas, en la Antártida Argentina.
“Para mí fue una experiencia muy esperada, ya que desde que entré en la escuela de guardaparques sabía que lo próximo que quería hacer, era ir a la Antártida. Era mi objetivo. Pero necesitaba un mínimo de cuatro años de antigüedad, entonces sabía que era a largo plazo, por lo que debía formarme para postularme y competir. Y eso hice, me postulé y quedé, en un concurso interno que la APN realiza en todo el país”, contó Ojeda a El Cordillerano.
Así las cosas, la osada mujer salió el 18 de diciembre de 2017 en el ARA San Carlos de la Armada rumbo a la Antártida, a donde recién llegó el 18 de enero, a la base Orcadas. Y allí permaneció hasta el 22 de enero de 2019, poco más de un año completo sin volver a su casa en ningún momento.
Consultada al respecto, dijo que no sufrió el desarraigo. Actualmente, no tiene hijos ni está en pareja. Pero más allá de eso, Lorena opina que “los guardaparques en particular tenemos bastante trabajado el desarraigo, porque nos vivimos mudando cada dos o tres años, siempre nos estamos moviendo de Parque. Conocer gente nueva o dejar cosas atrás, ya es parte de uno”.
Durante su estadía, debía compartir tareas con otras 17 personas, de los cuales eran 12 de la Armada, uno de fuerza aérea, tres civiles (dos del Servicio Meteorológico y uno de la DNA) y dos guardaparques, siendo cuatro mujeres en total.
Su colega también es mujer y barilochense: Carina Rivas, y juntas tuvieron que emprender la labor de investigación para la que fueron encomendadas. Y en su caso fueron cinco proyectos: cormoranes, plancton, aves, mamíferos y de monitoreo ecológico ambiental, donde trabajaron con pingüinos.
“De acuerdo a lo que el investigador va necesitando y a medida que van pasando los años, cambian algunas cosas. Tuvimos que colocar cámaras trampa en uno de los monitoreos. Se reemplazó un conteo por ese sistema”, relató Ojeda y añadió que ellas fueron las encargadas de instalar las cámaras.
El día a día
Esta guardaparque de alma, cuenta que durante la experiencia en la base Orcadas, “uno va afianzando vínculos, haciendo amigos. Lo vive como novedoso y se asombra desde el principio”.
“La convivencia es como un ‘Gran Hermano’ antártico. Es vivir y arreglarnos. Poder separar lo laboral de la convivencia cotidiana, compartir charlas, mates, diferencias de pensamiento y cuestiones que escapan a lo profesional. Pasás a estar las 24 horas compartiendo con el otro”, expresó.
En cuanto a servicios y comodidades, Lorena indicó que en la base cuentan con gimnasio, mesa de ping pong, pool y una sala de estar donde tienen televisión satelital, internet y teléfono. Sin embargo, cada jornada se hace larga.
“En el verano nunca se hace de noche. El rato que sería noche oscurece, la luz se pone más tenue y pareciera que esté amaneciendo. Oscurece pasadas las 23 y a las dos y media de la mañana ya está saliendo el sol. Eso es rarísimo. En invierno, a las tres de la tarde está de noche, hasta las 9 de la mañana del otro día”, recuerda.
“La luz diurna obliga a tener una conducta, una disciplina de trabajo. El cuerpo va entendiendo ese cambio y te manda a dormir. Si no es un desorden, uno se tiene que ir organizando”, prosigue.
Por otro lado, la soledad se hace sentir. “Sí, el efecto isla pega mucho, porque el último barco turístico que no pertenece a la dotación lo ves en abril y después, la primera embarcación aparece recién en noviembre. Es mucho tiempo sin ver a otra gente, más que quienes están en la base”, sostiene.
Un cuanto al clima, no se queja. Sabía a lo que se enfrentaba antes de salir. “En invierno las temperaturas son de 32 grados bajo cero reales y la sensación térmica llega a 50 bajo cero. Hubo dos semanas, que había un promedio de 30 bajo cero y andábamos más abrigados adentro de la base y las actividades en el exterior no las podíamos hacer, pero es parte de la experiencia”, dice naturalmente.
Una de las limitaciones en la base Orcadas, es el agua potable. “Hay una perforación que nos brinda agua sin problemas hasta junio y después se congela. Ahí tuvimos que ir afuera a derretir nieve en una batea. Así generamos agua dulce por cinco meses, cuatro días a la semana, una hora por día, es todo un trabajo, pero no hay más alternativa”, expresó la guardaparque, que por estos días se está mudando de Bariloche a Formosa, ya que trabajará en el Parque Nacional Pilcomayo, que tiene frontera con Paraguay.
El regreso a casa
inolvidable experiencia por la Antártida, Lorena Ojeda desea volver, aunque sabe que es difícil que suceda. Experimentó al máximo haber estado allí poco más de un año y la vuelta a casa no fue tan sencilla. “El regreso es bastante brusco, porque uno viene de estar mucho tiempo solamente cumpliendo con su trabajo, sin cuentas, sin hacer compras o temas administrativos, se vuelve con una vida totalmente diferente. Volver al supermercado y ver los precios que hay después de más de un año, es para morirse”, dice entre risas.
“Por mi parte, puedo decir que concluyó un sueño, de haber estado ahí y de haberlo disfrutarlo. A nivel personal y laboral es un logro enorme. Para mí es un orgullo grande haber estado en ese pedazo de tierra y haber representado a la Argentina. A nivel laboral, se podría decir que es algo cotidiano. Porque en los parques, siempre hay investigaciones en desarrollo y tenemos que fiscalizarlos o realizarlos. Entonces los métodos que aplicamos en la Antártida son los mismos. Esa parte la tenemos bastante aceitada, no es desconocida para nosotros”, concluyó.
Diego Llorente