2019-03-25

AL PUBLICARSE NOTA EN “LA NACIÓN” DE BUENOS AIRES

El correo nacional llegó a Bariloche para afirmar soberanía argentina  

 

Hasta entonces, el único servicio vinculaba al pequeño pueblo con Puerto Montt. Al principio, se instalaron tres oficinas: Nahuel Huapi, San Carlos y Puerto Moreno. En Península San Pedro hubo una estafeta.

Cuando un periodista viajero del diario “La Nación” escribió en 1902 que Federico Hube mantenía un servicio de correo con Puerto Montt, el gobierno nacional entendió el dato como una amenaza a la soberanía argentina sobre estas latitudes. En consecuencia, decidió tomar el toro por las astas y ordenó la construcción de una línea telegráfica que uniera Neuquén con Bariloche, al igual que la instalación aquí de tres oficinas.

A principios del siglo XX los problemas limítrofes con Chile estaban en el orden del día y esa situación, provocaba fuertes tensiones diplomáticas que en ocasiones, se trasladaban al ámbito militar. En consecuencia, “en la acción de gobierno del presidente Roca para ocupar, poblar y dotar de las comodidades mínimas indispensables a los grandes espacios desiertos de la Patagonia, estaba incluido el proyecto de construir una extensa y estratégica red telegráfica”.

Ese fue el concepto de Humberto Brumatti en el trabajo que tituló “Apuntes para la historia del correo en la zona del lago Nahuel Huapi”, que fuera publicado en la edición de la “Revista Patagónica”, correspondiente a octubre-diciembre de 1992. Según el autor, esta región no era ajena al diferendo con el país vecino “y un periodista viajero de La Nación de Buenos Aires, recogió allí en marzo de 1902 informes sobre la presencia y actividades de agentes del vecino país en la zona”.

“Incluso el comerciante Federico Hube habría realizado un servicio de correo a Puerto Montt hasta 1901, por el cual el gobierno chileno le pagaba 4.000 pesos anuales”, señalaba Brumatti. En consecuencia, “la construcción del tramo Neuquén a Bariloche se dispuso por decreto nacional del 24 de enero de 1902. Con posterioridad se resolvió prolongarlo hasta Puerto Moreno”.

El historiador postal apuntaba que “procediendo con elogiable rapidez, personal de Correos y Telégrafos a las órdenes del inspector técnico José Ravicini, venciendo grandes obstáculos y dificultades, levantó postes, colocó crucetas e hilos en los 439 kilómetros de extensión, finalizando los trabajos en septiembre del mismo año”. Recién en ese momento, Bariloche se conectó por vía telegráfica con el resto del país.

Tres oficinas

El relato señala que “los materiales para la obra se traían desde Buenos Aires por ferrocarril hasta Neuquén, pero allí los medios de transporte disponibles eran tan escasos para trasladarlos a lo largo de la línea en construcción, que se temió no lograr terminarla en el tiempo perentorio exigido. Sin embargo, se contó con la valiosa ayuda de Miguel Muñoz, quien con una gran tropa de carros y mulas aparejadas cumplió en término el contrato celebrado”.

Explicaba Brumatti que “los postes utilizados al comienzo fueron de pinotea pero, para abaratar costos y acelerar los trabajos, en las cercanías del lago Nahuel Huapi se recurrió a la madera de ciprés”. El investigador citaba al informe final de la obra, según el cual “razones de previsión y conveniencia del momento determinaron establecer tres oficinas alrededor del gran lago Nahuel Huapi”.

“Una de ellas se ubicó en su margen sur, denominada Nahuel Huapi, otra en el punto medio Bariloche (San Carlos) dándole ese nombre por ser el del partido, y la última en el extremo sudoeste Puerto Moreno, obteniéndose por esta distribución conveniente dominar con comunicaciones telegráficas toda la extensión del lago, incluso la entrada principal de Puerto Blest”, decían los hombres del Correo.

La primera en inaugurarse fue la oficina Nahuel Huapi, cuyas puertas se abrieron formalmente el 10 de julio de 1902 “en una casa de material construida expresamente en la colonia pastoril homónima. Quedan dudas de cuándo inició sus servicios, pues por decreto nacional del 24 de mayo de 1902 es separado del puesto de telegrafista-guardahilos (que hacía las veces de jefe) Maximo Vilés, confirmándolo a Julián Jaunarena desde el 28 de abril anterior, en su reemplazo”.

Quiere decir que la oficina había empezado a trabajar antes de su apertura formal.

Entre sus empleados, el texto recuerda a Pedro Perotti, Ramón Quintana, J. Farías, Domingo Satriano, R. Soriani, Pascual Mange y Julián León. Según Brumatti, “atendían los servicios básicos de correspondencia simple, certificada, encomiendas y telegramas. En 1915 le fueron incorporados los de giros y ahorro postal. Por declinación del movimiento que registraban fue rebajada a estafeta en 1964”.

En Palacios y Moreno

Donde hoy es pleno centro, “la oficina se inauguró el 11 de julio de 1902 con la denominación Bariloche, en una casilla de madera de 3 ambientes, fabricada al efecto, ubicada en la esquina NO de Palacios y Francisco P. Moreno”, señalaba el investigador. “La tradición menciona a Pablo Haneck como primer jefe, a quien siguieron Pedro Paracca y Rubén Fernández”.

Claro que las condiciones en las que se prestaba el servicio eran más que precarias. “El 5 de noviembre de 1902 se aprobó el contrato con Pascual Claros para el servicio de correo a caballo entre Neuquén -punta de rieles del ferrocarril procedente de Buenos Aires- y Colonia 16 de Octubre, pasando por el Nahuel Huapi. Al año siguiente se autorizó a Bariloche a realizar el intercambio internacional de correspondencia con Puerto Montt, siendo la firma Hube y Achelis la encargada de llevarla”.

La oficina que restaba “fue librada al servicio público el 8 de septiembre de 1902 en una casa cedida por Hube y Achelis. No logramos determinar si Pastor Velazco fue su primer jefe, pero estaba a principios de 1903, y cuanto tiempo subsistió la oficina, que según los indicios recogidos tuvo una corta existencia”, explicaba Brumatti. También funcionó una estafeta ad honorem en Península San Pedro, que fue clausurada en 1908. Notable relación entre el servicio y el territorio.

Estafeta en Puerto Blest

Como Puerto Blest era a principios del siglo XX una zona de mucho tránsito a raíz de su carácter de paso hacia Chile, “con el desarrollo del turismo y aumento de la población se resolvió crear allí una estafeta ad honorem a cargo de Gerardo Fischbach, inaugurada el 15 de mayo de 1926. En 1931 fue ascendida a oficina postal, siendo su primer jefe Jacinto Protto Madero, y dos años más tarde le fue instalada una estación radiotelegráfica”. Hacia 1980 fue retirada del servicio.

En Llao Llao también se instaló el viejo Correo. “Su creación e inauguración estuvo ligada a la del Hotel Llao Llao, ocurrida el 9 de enero de 1938, funcionando sus instalaciones y proporcionando todas las facilidades postales y telegráficas a los huéspedes allí instalados. Su primer jefe fue Gabriel Labetá y al principio sólo era habilitada durante los meses de verano, atendida por personal de Bariloche”.

A raíz del auge del centro invernal, otra sede “comenzó a funcionar el 1ro de agosto de 1960 como oficina temporaria en la base del cerro Catedral. Atendida por personal de Bariloche, presta (sic) servicio todos los años en la época invernal, cuando arriban los amantes del esquí y los deportes sobre nieve practicados allí anualmente”. En consecuencia, se juzgó conveniente idear un matasellos que reflejara esas prácticas deportivas.

En 1992 afirmaba, Humberto Brunatti que “la trascendencia que tuvieron el correo y el telégrafo en los inicios de la región no pueden valorarla las frías estadísticas. La población entera vivía pendiente, en los afectos e intereses distantes, de las noticias que podían llevarle o traerle estos valiosos medios de comunicación”. Difícil de abarcar esas dimensiones en tiempos del WhatsApp y la inmediatez pero efectivamente, así fue.

Adrián Moyano

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