2019-01-12

Por medio del arte inmortalizaron a un amigo con un impactante mural

Al pasar por Elordi y Brown, es imposible no detener el paso para contemplar un mural que ha dejado plasmado sobre la pared un grupo de artistas de nuestra ciudad, cargado de simbolismos y de colores. El Cordillerano dialogó con uno de los padres de la idea, Horacio Ferrari.

“Surgió del fallecimiento de un amigo y lo quise inmortalizar con este mural, una forma de poder describirlo y liberarlo, que no haya sido en vano su muerte”. Fue así que se juntó con Pato Santos y su hijo, y comenzaron a buscar la forma de hacerlo.

El primer lugar en el que habían pensado había sido una pared cerca de la Escuela de Arte La Llave. “Mi amigo era del Alto y nos parecía más lógico hacerlo en esa zona, pero nos ofrecieron esta pared de Elordi. Sólo pedí que fuera de tema libre y así fue”, comentó.

Ferrari comenzó a convocar a otros pares y, entre todos, limpiaron la pared para darle una base y arrancar con el mural, incluso comprando ellos la pintura.

Hizo el boceto y convocó a otros artistas, además de los particulares como Luis que sumó su escalera y Mariano el andamio. Emanuel Fosa Leuquen y Pato Santos, Claudio Pofonche Bachman, Leo, René Vargas Ojeda, Martín Bass Santos, Martín Asborno, Marina Mitchell, Brian Fusswinkel, Luis Yáñez, Marco Somweber, Bernardo Andino, Juan Manuel Nai Olearo El Cro, Viviana Dziewa, Nazareno, Natalia Gutiérrez, La maderera de Brown, Mariano y Pablo Orticelli. La pintura fue cedida por la CTA Autónoma de Río Negro.

El trabajo total les llevó aproximadamente diez días. “La verdad es que fue muy lindo porque frenaban los autos, bajaban la ventanilla y nos felicitaban”, comentó.  “El espíritu de mi amigo estaba vivo ahí, acompañándonos”, dijo emocionado.

Al finalizarlo, hicieron una ceremonia con velas y compartieron un pollo al disco con amigos y familiares del joven que desde la pared, los acompañaba.

El artista 

Ferrari nació en Buenos Aires y hace 13 años que se radicó en nuestra ciudad. Recuerda que desde muy chico dibujaba. Ya de más grande, ingresó a una Escuela de Bellas Artes. “Al año, me aburrí de todo lo que estaba haciendo y me fui a Tucumán”.  Subió hasta Cafayate, Salta donde hizo su primer mural. “Otro en Jujuy, en Perú, y ahí me entusiasmé y me dije: voy a unir Ushuaia y Jujuy”.

Así fue que, en el 2003, viajó hasta Ushuaia y comenzó a recorrer el país. Pintaba, vendía mates tallados y se iba ganando la vida. “Todo lo hice acompañado por La Negra, mi perra. Los camioneros me decían: ‘con la perra no’, y yo les decía: ‘si jode, me bajo’, y nunca nos bajaron”, afirmó.

A su fiel amiga, la había encontrado en Villa La Angostura, por lo que al referirse a ella, lo hace diciendo que era una Lobita del Sur.

Para ningún artista es fácil vender lo propio y, mucho menos, cuando de murales se trata. “Hay que generar mucha confianza. En Bariloche, me costó casi seis años poder vivir de la pintura”, recordó.

“Charly, un amigo de la infancia, me invitó a venir con mi perra. Pinté el mural de Moreno y Palacios, ‘La Muerte y el Capitalismo bajo un juez del Apocalipsis’; luego mi mamá se enfermó así que tuve que ir a Buenos Aires y, en el viaje de vuelta, se me ocurrió hacer un Festival de Murales”.

Hizo el proyecto Camaleón, todas las obras sobre la calle Juramento en el año 2008. “Ese mismo año, salió el Túnel Sensorial y después hicimos el Kultrunazo”, detalló. Luego se realizó el Festival en el vertedero, se murió la Negra y así fueron pasando los años. Ya no recuerda cuántos murales ha hecho en Bariloche y tampoco lleva registros fotográficos de todos.

Mosaiquismo 

Cuando vivía en Península San Pedro, comenzó con su etapa del mosaiquismo. “Siempre buscaba un material noble. En el tema de la pintura usaba mucho esmalte sintético y no me cerraba”. En esa época, aún no cobraba por lo que pintaba, entonces, repartía las tradicionales fotos de los egresados y, con ese dinero, se compraba los materiales necesarios.

“Con Martín Asborno, hicimos el primer mosaico en el CEM 99”, comentó.

Recuerda el 2011, año de la caída de las cenizas, como el momento a partir del cual comenzó a vivir de su arte. “Pablo Ortichelli me pidió que le pintara los baños de su pub, así conocí a la gente de Emaús y, con Fernando Rojas pintamos el mural”. Se trata de una obra de gran dimensión sobre una de las paredes del comedor.

Esperaban a que los muchachos volvieran de la calle, los sentaban y los iban retratando de a uno, “eso era parte de un proyecto de un video que lamentablemente quedó en nada”.

Otros de los murales del artista se pueden ver en el interior del hospital zonal, en la vereda de calle Juramento donde dejó reflejados a diferentes músicos como Ceratti , el flaco Spinetta o Luca Prodan, entre otros. Además de Frida Khalo en la vereda de Morales 362 y cada una de las mesas que están sobre la vereda.

Bariloche con sus artistas 

A nivel institucional, describe a Bariloche como “anti arte”. “Decí que la sociedad lo valora mucho y hay empresas que siempre colaboran. La única época en la que sentí apoyo realmente fue con Maru Martini para el mural del hospital, el del Poder Judicial y algún otro”.

Un artista al que, por su talento y generosidad en regalarnos continuamente sus obras, hemos adoptado como un barilochense más.

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