Las infecciones intrahospitalarias no son solo patrimonio de los hospitales
La aceleración observada en las últimas décadas sobre la emergencia y diseminación de la resistencia a los antimicrobianos está vinculada al abuso y/o mal uso de los antibióticos. La Organización Mundial de la Salud (OMS) catalogó a la resistencia a los antibióticos como una de las mayores amenazas para la salud mundial.
Cuando en 1928 Alexander Fleming descubrió la penicilina –que permitió desarrollar la cura contra muchas enfermedades microbianas y salvar millones de vidas– nadie sospechaba que esta respuesta se reconvertiría ante un nuevo desafío en el siglo XXI.
La OMS afirma que en la actualidad, la resistencia a los antimicrobianos se configura como un problema real a escala planetaria. Es que las bacterias también evolucionan y esa selección hace que estos microorganismos adquieran resistencia a medicamentos a los que originalmente eran vulnerables.
Por lo tanto, no es suficiente solo desarrollar nuevos fármacos porque las bacterias, mediante el proceso de presión selectiva, siempre encontrarán la manera de convertirse en resistentes y dejar de responder al tratamiento ordinario, lo que puede dar lugar a enfermedades prolongadas con mayor riesgo de muerte.
La (OMS) calcula que cada año unas 700.000 personas mueren en todo el mundo por esta causa y que, de no tomarse medidas al respecto, esa cifra llegará a los 10 millones para el año 2050. "El cambio no puede esperar. Se nos acaba la era de los antibióticos", fue uno de los últimos comunicados de la entidad mundial sanitaria.
Asimismo, detalló que el mal uso y el abuso sistemático de estos fármacos en la medicina y en la producción de alimentos pusieron en riesgo a todas las naciones. Hay pocos nuevos antimicrobianos de recambio en fase de investigación y desarrollo. Sin medidas armonizadas e inmediatas a escala mundial, se avanza hacia una era post antibiótica en la que infecciones comunes podrían volver a ser mortales.
Esta preocupación de la comunidad científica crece día tras día, ya que la tasa de resistencia a las moléculas con acción antibiótica de uso habitual es muy alta, lo cual impacta en la mortalidad y en la morbilidad de los pacientes, fundamentalmente de quienes se internan en los hospitales y que pueden llegar a contraer alguna "infección asociada al cuidado de la salud" (antes denominada intrahospitalaria o nosocomial).
El cambio de denominación surge de un nuevo paradigma: debido a los cambios operados en las modalidades de atención, se encuentran pacientes asistidos con múltiples procedimientos, no solo en el hospital, sino además en hospitales de día, en geriátricos y en internaciones domiciliarias.
Expertos reunidos en el VIII Congreso de la Sociedad Argentina de Bacteriología, Micología y Parasitología Clínica (SADEBAC) explicaron que el foco del problema no es solo en el ámbito hospitalario y sanatorial sino que incluye también a centros asistenciales como hospitales de día, geriátricos y hasta las internaciones domiciliarias.
Esto representa un nuevo paradigma a nivel mundial, donde están interrelacionadas la salud humana, animal y ambiental, y que involucra un entrecruzamiento de gérmenes entre las tres.
“Estas infecciones asociadas al cuidado de la salud (IACS) están íntimamente relacionadas a la utilización de dispositivos médicos con los cuales antes no se contaba. La medicina ha avanzado enormemente, por lo cual ahora hay más pacientes con compromiso de su sistema inmune (trasplantados, oncológicos, etcétera) expuestos muchas veces a procedimientos invasivos que conllevan inevitable riesgo de contraer infecciones asociadas al uso de los mismos", sostuvo el doctor Jaime Kovensky Pupko, bioquímico, especialista en bacteriología clínica UBA y coordinador de la Subcomisión de Antimicrobianos de la Sociedad Argentina de Bacteriología, Micología y Parasitología Clínica (SADEBAC).