CASO GUILLERMO “COCO” GARRIDO
Perito forense: “Definitivamente eso no es un surco de ahorcadura”
El relato de Virginia Creimer, especialista de indubitable prestigio, sacudió la estantería en el juicio oral y público que se sigue a dos efectivos policiales por su responsabilidad en el suicidio de “Coco” Garrido. Con todo su bagaje, la mujer destacó una y otra vez al ver fotografías del cadáver, que no se trató de un suicidio, aunque todas las partes coincidieron en esa teoría al mandar el caso a juicio.
Creimer estuvo al mando de un equipo interdisciplinario que tuvo a su cargo la realización de una segunda autopsia sobre el cuerpo de Garrido y de otros importantes puntos periciales sobre los que detalló ayer al relatar ante el tribunal de juicio, que integran Sandro Martin, Gastón Pierroni y Gustavo Quelin.
Médica forense, especialista en medicina legal y clínica quirúrgica, docente, consultora pericial, psicología forense, con una larga lista de intervenciones en casos resonantes, Creimer brindó sus conclusiones y motivó un pedido de la fiscalía para que no declare sobre lo que estaba exponiendo, porque era completamente distinto a lo investigado y a la teoría del suicidio que la propia parte querellante había suscripto al elevar el trámite de la causa a juicio.
Para la mujer, “Coco” Garrido no tenía un perfil suicida y la autopsia psicológica realizada acompañó esa visión. Pero hubo otros datos llamativos. Al observar fotos del cadáver, tomadas en el interior mismo del calabozo de la comisaría 12, notó marcas compatibles con traumatismos en la boca y maxilar inferior del fallecido.
Pero la parte más trascendente vino después, a medida que avanzaba en la observación de fotografías: “Eso no es un surco de ahorcadura, definitivamente eso no es un surco de ahorcadura”, disparó. Más tarde, en su relato repetiría la frase un par de veces más. Pero hubo más, para la especialista en las manos de la víctima había marcas que “impresionan como lesiones de defensa” y luego agregó “es inviable que con ese cinturón se hubiera realizado el nudo al que se hace referencia”, dijo al señalar el cinturón con el que Garrido se habría colgado a un barrote de la celda.
El relato de Creimer se ponía cada vez más interesante, induciendo a la teoría de que “Coco” Garrido no se suicidó, sino que fue asesinado mientras permaneció detenido. El fiscal Martín Lozada intervino y cuestionó las preguntas de la parte querellante, reclamando al tribunal que se limite el cuestionario a la teoría del suicidio que la propia parte querellante acompañó al momento de elevar el caso a juicio, pero el tribunal rechazó la petición.
Entonces Creimer criticó el desarrollo de la primera autopsia practicada por el médico forense Juan Manuel Piñero Bauer y subrayó “hay diferencias protocolares elementales” y disparó “no se agotaron los medios de análisis”. Por si fuera poco destacó que los médicos del hospital de El Bolsón que acudieron a la comisaría, ni siquiera intentaron maniobras de reanimación, que a su criterio hubieran correspondido.
Relató la profesional que al momento de realizar la reconstrucción del hecho en el interior del calabozo de la comisaría 12, el juez de Instrucción que intervino en el caso “olvidó” llevar el cinto con el que Garrido se quitó la vida y que utilizaron en su reemplazo el de uno de los hombres que estaba presente en el lugar. Sin embargo, la prueba fracasó porque al practicar el mismo nudo que habría hecho Garrido, el cuero se cortó. Otro dato alarmante.
Fuentes de la fiscalía y de la defensa que fueron consultadas sobre el testimonio de Creimer durante el juicio, minimizaron sus dichos y explicaron que otras pericias absolutamente relevantes desacreditaban la teoría de un homicidio policial y confirmaban la teoría del suicidio. Pero Creimer, fue contundente y elocuente.
Al término de su testimonio siguieron los de una decena de policías que aquella trágica jornada del 13 de enero de 2011 tuvieron diverso grado de cercanía y responsabilidad con las actividades policiales que se desarrollaban dentro y fuera de la comisaría 12. Ninguno aportó datos relevantes más allá de explicar cuestiones que hacen al funcionamiento interno de una dependencia policial y a las obligaciones de quienes permanecen en los puestos de oficial de guardia y oficial de servicio.
Según la acusación, Laura Leiva y Emilio Oyarzún, obraron con negligencia cuando Garrido entró esa noche detenido a la comisaría y fue encerrado sin retirarle su cinturón. Poco después lo encontrarían colgando de un barrote de la celda y sin vida.
El joven de 24 años, había pasado el día en El Bolsón con su familia, festejando el cumpleaños de su padre. Por la tarde/noche protagonizó un leve siniestro vial, sin lesionados y apenas algunos daños materiales y fue trasladado a la Unidad Policial porque las autoridades notaron que tenía aliento etílico. No saldría con vida.
Según el médico policial Gustavo Álvarez y el forense Juan Manuel Piñero Bauer, el cuerpo de Garrido estaba sano, libre de cualquier tipo de lesión por agresión ni otro tipo de lesiones compatibles con una posición defensiva y solo tenía un surco incompleto alrededor de su cuello, de unos tres centímetros de espesor, compatible con el tamaño del cinturón que fue secuestrado en el marco de la causa y que indicaban sin margen de dudas, que se suicidó dentro del calabozo.