2018-10-22

LA HISTORIA DE “EL RETORNO”

El ocaso de un alojamiento distintivo a orillas del lago Gutiérrez

El desmantelamiento de la hostería El Retorno puso fin a un espacio con nueve décadas de vida, muy vinculado a la historia de Bariloche. El recuerdo de un lugar que marcó un antes y un después en un entorno mágico.

Allá por 1930, Bariloche tenía no más de 3.000 mil habitantes, considerando toda la región, hasta el paraje Ñirihuau. Sin rutas que la crucen y con algunos caminos carreteros de ripio que unían largas distancias, la pequeña aldea tenía esos paisajes que la hacen mundialmente famosa.

En la misma época que llegaba el tren (1934), muy lejos de lo que entonces era el pueblo, había unas tierras que eran propiedad de don Primo Capraro, ubicadas en toda la zona de lo que hoy es Arelauquen y Villa Lago Gutiérrez.

De todo ese enorme espacio, Capraro eligió un enclave muy especial en la costa del lago Gutiérrez y creó allí un aserradero y una hostería a la que llamó Los Coihues, en homenaje a un frondoso bosque de este árbol tan patagónico. La hostería comenzó como una sencilla pensión, que servía de estancia para los viajeros que iban hacia el sur, en una época donde la actual Ruta 40 no existía y solo estaba el viejo camino que iba por detrás del lago Guillelmo.

Por su parte, ese aserradero de Capraro (mucho menos famoso y de menor envergadura que el que tenía en el pueblo), sirvió para construir y abastecer a las primeras viviendas de la zona lindante al Gutiérrez. Un caso emblemático es la casa Felley, emplazada del otro lado del lago, que se edificó unos años antes que la ruta a El Bolsón. De hecho, la historia cuenta que la madera se trasladó desde el aserradero, en balsas, por las verdes aguas del Gutiérrez.

La pensión fue creciendo y se convirtió en una hostería, hasta que cerca de 1950, un tambero de apellido Platte compró a Capraro esa porción de tierra y mantuvo el alojamiento, pero con un tambo a su lado. A partir de allí, un pequeño camión canadiense, distribuía los tachos de aluminio con la leche que se tomaba en todo el pueblo.

En “el tambo de Platte” trabajaron a lo largo del tiempo familias como Luscher, Novak o Frommherz. Pero para el turismo que fue creciendo y los viajantes de paso, el lugar preferido de la zona no era el tambo, sino la bella hostería, que después mutó su nombre a “Lago Gutiérrez”. Estaba hecha al estilo Capraro, con mucha madera y con la arquitectura de la época. Al igual que la vivienda contigua.

El edificio más moderno, que es el que ahora fue saqueado, se construyó más adelante junto con un voluminoso muelle, muy pintoresco, que era la atracción de la zona. Sin embargo, fuertes tormentas y crecidas del lago se lo llevaron y se erigió uno más pequeño y menos llamativo.

Poco a poco, los alrededores se fueron poblando con pequeñas viviendas. Al principio, los trabajadores del aserradero y de la hostería, se hicieron sus casas junto al lago. Y a medida que creció Bariloche, creció la zona. Hasta que terminó de conformarse Villa Los Coihues, que en 1986 se fundó como barrio.

En cuanto a la hostería, los rumores de época hablan de varios cambios de manos en poco tiempo y se dice que incluso, la tristemente célebre Circular 1050 firmada por José Martínez de Hoz, afectó a algunos de sus dueños, pero no hay mayores precisiones al respecto.

Esto habría generado que unos antiguos propietarios volvieran a comprar el lugar, por lo que el nombre de la vieja pensión pasó a ser “El Retorno”, en homenaje al regreso de alguno de ellos.

Ya en la década de los 80, la casa de té de este alojamiento se hizo famosa por sus delicias, su fantástica repostería y sus buenos precios. Era un clásico de la ciudad, hasta que se quemó en 1995.

Numerosas celebridades y personajes de la Argentina se hospedaron allí. Entre ellos el expresidente Raúl Alfonsín, a pocos días de haber dejado el mandato del país en manos de Carlos Menem. Descansó allí un par de noches, maravillado con la postal que veía desde su balcón. Por entonces, el lugar contaba con dos anexos de departamentos, que complementaban la oferta turística.

El Retorno siempre fue una perla estratégicamente ubicada. Tres hectáreas, a tan sólo 12 kilómetros de la ciudad, sobre una ruta provincial, una extensa costa de lago y con acceso directo a la Ruta 40.

En 2013, se convirtió en noticia nacional porque el empresario Cristóbal López compró toda la propiedad, que había estado a la venta por más de siete meses. Dos años después se supo que El Retorno fue adquirida a través de la Inversora M&S (López y Fabián de Souza), del Grupo Indalo, para convertirla en un hotel 5 estrellas. A partir de allí, se la vinculó con la familia Kirchner.

Hasta entonces, se ofrecía un alojamiento de tres estrellas con una suite con dos habitaciones, siete cuartos con vista al Gutiérrez, 16 habitaciones con vista al parque, y cinco departamentos para 4 a 6 pasajeros que ofrecían todas las amenidades de un hotel moderno. Para conferencias y reuniones, brindaban instalaciones para hasta 120 personas, un restaurante con 140 asientos y un pub para reuniones informales.

Sin embargo, en 2015 la hostería se cerró para ser remodelada, porque necesitaba una restauración en forma urgente. Incluso, hasta sus huéspedes lo dejaban en claro en los libros de visitas, aunque se iban maravillados por su comodidad, el paisaje y la atención.

Las obras empezaron por la demolición de unos departamentos para alojamiento, fuera de la casa principal. Pero quedaron en eso. Se mantuvo a una parte del personal que fue despedido e indemnizado en febrero de este año. De ahí en más, el resto es (triste) historia conocida.

Diego Llorente

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