FRUTO DE LA HERMANDAD ENTRE CIUDADES
La Maroma llevó su música hasta Aspen
Niños y niñas estadounidenses supieron del pájaro carpintero, del pudú pudú, del huemul, del huillín y muchos animales más. Quedó la puerta abierta para nuevos intercambios en ambas direcciones.
El intercambio entre Bariloche y la localidad estadounidense de Aspen amplía sus límites iniciales. Días atrás retornaron del otoño norteamericano Marisa Di Giambatista y Cristina Villafañe, integrantes de La Maroma. La dupla llevó su propuesta de música infantil con sesgo patagónico a los chiquitos de Colorado y a pesar de las distancias idiomáticas, la magia se hizo presente. Además, se abrió un camino.
La experiencia “fue muy enriquecedora. Aspen es ciudad hermana de Bariloche y hace varios años que se viene haciendo intercambio cultural, de medicina y de esquí”, historió Di Giambatista. “Empezó con los traumatólogos y después se extendió al esquí y también a los colegios, porque van a aprender inglés. Después siguió con el arte plástico y bueno, hicimos contacto con Paula Fischer que estuvo allá y entonces, cuando vino gente de Aspen, los invitamos a que nos escucharan en mi taller, le gustó, se entusiasmaron y por eso nos invitaron”, justificó su compañera.
Si bien la hermandad provocó múltiples intercambios, “es la primera vez que se hace uno de músicos. Está bueno porque va a facilitar que en otro momento puedan venir músicos desde allá para acá o también, que otros vayan para mostrar el arte barilochense musical”, aventuró la pianista, fundadora de La Maroma. “Es más, estuvimos una semana en un hotel y después unos días en casa de familia de un matrimonio de músicos (Mack Bailey y Rachel Levy), así que ya quedó el contacto. Quedaron muy entusiasmados porque vieron que Bariloche tiene tanto que ver con Aspen por ser un centro de esquí, así que posiblemente vengan. Ellos hacen música country”, avisó Villafañe.
La Maroma desarrolló una nutrida actividad. “Hicimos 10 presentaciones en 11 días, estuvimos tocando muchísimo. Pensábamos que íbamos a tener más tiempo libre pero tuvimos una agenda muy intensa. Primero nos habían dado un cronograma pero después, nos decían: ¿por qué no vienen a este jardincito? Así que ya el primer día fuimos a un jardín hermosísimo, con techo de césped y tocamos para los primeros niños, muy chiquitos”, aportó la música. “Si bien no entendían el idioma, a pesar de que nosotras contábamos en inglés de qué animales hablábamos, se entusiasmaron muchísimo con los instrumentos, con las máscaras, los títeres y las plumas de cóndor”, detalló.
Semejanzas
Sumó Di Giambatista que “también teníamos nuestros cancioneros, así que las maestras iban mirando las canciones que nosotros estábamos tocando y les mostraban los animalitos. Muchos son muy parecidos”. La vecina de Los Coihues encontró que “Aspen es un entorno de bosque, muy parecido al nuestro. Tiene las estaciones muy marcadas, bien de montaña. Entonces, tiene muchos ciervos y osos que están ahí, es muy peculiar porque cuidan mucho el medio ambiente y hay como una convivencia con los animales, que nosotros no tenemos. Ellos tienen parques nacionales muy grandes y la verdad, todo lo que es fauna y flora está muy bien conservado”, resaltó.
Las músicas aprovecharon a pleno su estancia. “Nos hizo de manager Lala Caffarone, que vivió en Bariloche. En invierno, su marido tiene alquiler de esquís y en verano de bicicletas, así que nos dieron dos bicicletas y la verdad, allá es más fácil llegar por las bicisendas que en auto. Un día estábamos yendo hacia la casa y tuvimos que parar porque dos ciervitos se pararon a comer. También veíamos mucha caca de oso pero no pudimos verlos”, lamentó Villafañe.
En cuanto a la faceta estrictamente musical, “estuvimos en varios centros de arte, presentando nuestro espectáculo. También en el teatro público de Aspen, que está al lado de la escuela pública. Increíble el teatro… Todo lo querías tener de sonido, estaba”, ponderó Di Giambatista. “Sentíamos que estábamos en la televisión”, bromeó su compañera. “Todo perfecto, nada se movía, nada hacía ruido. Impecable. Fue una función grande”, resaltó la primera.
Para esa ocasión, “también llevamos los videos de Pablo Bernasconi (con música de La Maroma), que pasaron en Paka Paka, así que proyectamos en ese escenario gigante. Ahí estuvieron niños nada más, porque fue en horario de clase, de primero a cuarto grado y también invitaron a algunos cursos que estudian idioma castellano”. Además de la música propiamente dicha, “pudimos compartir nuestro material, tanto discográfico como los cancioneros.
Para los maestros de Español fue muy interesante porque Patagonia siempre atrae mucho. Entonces, podían descubrir a través del idioma esta región tan mágica para la gente de afuera”, explicó Di Giambatista. Simpática embajada.
El valor de la música
Para Cristina Villafañe y Marisa Di Giambatista, su reciente experiencia en Aspen implicó realzar la capacidad que tiene la música de superar barreras culturales o idiomáticas. “Sigo pensando que la música es bárbara y muy linda. A pesar de que no estábamos cantando en el idioma de ellos, nos podíamos comunicar y teníamos un acercamiento a los niños por medio de lo sonoro, más que por las letras”, indicó la primera de las barilochenses.
“Me llevo eso como importante: poder transmitir el amor por la naturaleza y encontrar un ambiente donde los chicos también tienen mucho amor por la naturaleza. Es más, me llamó la atención porque en un aula había esquís de fondo, raquetas… Era una escuela pública, pero cuando empieza a nevar los chicos se ponen los esquís y salen a pasear por el entorno. Le dan muchísima importancia y lo tienen ahí, lo valoran. También descubrimos que ellos también tienen un carpintero o un puma”, explicó.
En efecto, “hay muchos animalitos que son similares, con diferentes características pero cada vida se adapta a la región”, aportó Di Giambatista. “Con Cris, después de cada función, nos mirábamos sorprendidas porque para nosotros también era un desafío explicarnos en otro idioma en medio de las canciones, pero la música es uno de los puentes más directos que existe entre los hombres, por eso hay música desde siempre en todos lados.
Nosotros lo comprobamos cuando veíamos la cara de los niños, la alegría y el asombro. Era como si estuviéramos acá”, valoró.