El mal menor
Cuántas veces hemos escuchado a nuestros abuelos hablar de las bondades de esta tierra y cómo nos veían en otras épocas en el exterior, y luego esa mirada triste en personas que pasados los 80 años y, viendo nuestra actual situación, se preguntan qué sucedió…
Creo que este paraíso del cual nos hablaban nunca fue tal, a lo sumo, somos una tierra con muchas bondades en cuanto a los recursos naturales y extensión, sólo que visto por aquellos inmigrantes, que venían de países distantes y post guerras y hambrunas, este alejado país tenía ese encanto de poder augurar un futuro menos cruento del que traían en sus pocas valijas.
Y así fuimos creciendo, con olas inmigratorias que trabajaban de sol a sol, y con una rara historia de haber conseguido una república que, muchas veces, se pone en duda ya que, para muchos, el 25 de mayo de 1810 paró la verdadera revolución que se estaba gestando.
Mirando hacia atrás, uno puede concluir que para los invasores de esas épocas era más económico tener que pagar a unos cuantos cipayos que mantener un ejército en estas latitudes, pero para que ello ocurra debía también de enseñarse otra historia…y que tanto criollos como inmigrantes tuvieran una enseñanza donde nuestras figuras sobresalientes, como el caso de Rivadavia, fuera ocultada o disimulada del empréstito de la Baring Brothers y así hoy nuestros presidentes se sientan en un sillón cuyo titular fue el creador de la deuda externa argentina.
Comprender el término “cipayo” en toda su dimensión puede darnos la posibilidad de entender los vaivenes de este país. Y un cipayo es quien trabaja para poderes foráneos sin importar los intereses de la nación; por lo que, cada vez que se nos presentan dificultades de cualquier tipo pero que involucran a todos los habitantes, es preciso analizar las acciones y medidas que se toman y a quiénes benefician, porque una cosa es errar una medida económica y social que no beneficia nadie y otra es ver que esos errores benefician a grupos minoritarios nacionales y extranjeros. Esos no son errores, eso es el accionar de un cipayismo que tenemos enquistado en el poder desde 1810.
Los sucesos que vive hoy nuestro país no son casuales, y quienes los provocan no son desconocidos. Y, en esto, nada tienen que ver los ciudadanos y hasta militantes que creyeron en propuestas que jamás se irían a cumplir, porque la historia política, personal, social y empresarial, no los avalaba, pero aun así y por esa rara concepción futbolera de odiar al rival en lugar de ponerse a pensar quiénes son, de dónde vienen, y cómo consiguieron sus fortunas, se les dio la oportunidad de llegar y, como era de esperar, tiraron las expectativas de quienes los votaron por la borda para el 90% de la población, porque ese 10% que, en 1810, también pudo parar la revolución, sigue hoy siendo el único beneficiado de estas crisis que luego pagamos el conjunto de los argentinos. Resta esperar que, así como nos interiorizamos de las bondades de un celular o un auto, o un colegio para nuestros hijos, nos tomemos un tiempo y analicemos quiénes nos piden nuestra confianza y voto, y esto va para todos… Porque si seguimos pensando en el mal menor también nos seguiremos equivocando.
Jorge L Fernández Avello - DNI. 12.862.056