El dolor de poner punto final a una tarea hecha con el corazón
Una de las mujeres que compone el grupo que cada miércoles entregaba una bolsa de comida a las familias que se acercan al Vertedero Municipal, señaló que “no se cierra un comedor, concluye el trabajo que nos propusimos de paliar en algo la situación de la gente que se acerca al Vertedero durante los tres meses de mayor frío”.
En la cocina del colegio María Auxiliadora, varias mujeres, algunas de Cáritas y otras de parroquias, prepararon por última vez un guiso de lentejas para acercar a la gente que ingresa al Vertedero. Comentó Toti: “concluye lo que habíamos propuesto, paliar las necesidades de las familias que van al basural en busca de alimentos, fueron tres meses de trabajo en los que, una vez más, gracias a los medios, la gente siempre acercó productos varios para preparar la bolsa de comida que entregamos en el mismo lugar”.
La voluntaria indicó “es muy triste ver a la gente buscando alimentos, algunos tuvieron problemas por consumir productos vencidos, en ese sentido trabajamos con médicos del hospital zonal, veíamos que, al ver ingresar un camión que ya conocían cual era el que llegaba de algún supermercado, corrían a ver qué podían llevarse”.
En esa línea la mujer dijo “la mayoría de la gente con la que hablamos, nos dijo que no era por gusto ir al Vertedero, sino que no lograban empleo y tenían que alimentar a sus hijos, a nadie le gusta ir por alimentos”.
Asimismo, reconoció que “de las 80 o más personas, no todas eran de las que iban día por medio al lugar, iba gente de los barrios buscando la bolsa de comida, es muy triste, nosotros en Cáritas tenemos el lema de ‘para ser solidarios, hay que dar’ y nosotras damos, creemos que el Estado debiera buscar una verdadera solución, no es un problema de ahora, esto lo vivimos en la década del 90 y como cristianos, debemos hacer algo”, concluyó.