2018-07-28

OPINIÓN  

El fútbol de Bariloche y un dilema tan injusto como inexorable

Cada vez que un equipo decide afrontar una competencia federal se debate, de forma inexorable, sobre un repetido dilema: ¿Crecer en el campo deportivo o en la infraestructura? Es muy difícil en el complejo escenario económico local avanzar con brío en los dos frentes.

Puerto Moreno, por ejemplo, se lo planteó y definió que nada debía poner en riesgo el crecimiento de las instalaciones. Por lo tanto, la decisión de participar en el certamen que organiza la Federación Patagónica estuvo anudada a la creación de una comisión de dirigentes que se aboca exclusivamente a reunir los recursos para sostener el exigente emprendimiento deportivo. Estudiantes Unidos vive casi todos los años este dilema. Parte de su dirigencia estuvo siempre convencida que un torneo federal no vale el retraso en el crecimiento de su infraestructura. Protagonizó durante años la antítesis de Cruz del Sur en este complejo dilema.

Los ladrillos y el cemento, como el cuento de los tres chanchitos y el lobo. Parece indiscutible principalmente porque se trata de mejorar las condiciones para todos los que deciden participar en la vida de club, y además, porque lo construido permite que se generen vínculos y recursos para seguir creciendo. Ahora, el dilema existe porque, como pocos, el éxito deportivo provoca el acercamiento de la sociedad al club. Los atractivos desafíos deportivos son magnéticos y estimulantes para propios y ajenos.

Quizá la discusión o el dilema no tiene una sola respuesta correcta y el debate más profundo debería nacer ante el planteo de por qué los clubes deben elegir entre estas dos opciones con cierto dramatismo. ¿Existen políticas públicas que faciliten el trabajo de los dirigentes, considerando su aporte a la sociedad? ¿Es relevante el compromiso empresarial y de otros actores de peso en la sociedad con el desarrollo del deporte? En definitiva, por qué algo tan evidente y natural como el desarrollo deportivo y el de la infraestructura deben reñirse mientras los dirigentes buscan -con el nudo en la garganta- las monedas en el final de sus interminables y siempre demandados bolsillos.

 

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