2018-06-16

Por la solidaridad, Hernán Corona tiene una casa digna

Hace un año El Cordillerano se hizo eco de las necesidades de un adulto mayor que tenía su casa en la costa del arroyo Ñireco, detrás del barrio El Vivero, quien vivía en condiciones inhumanas, habitando prácticamente una choza, haciendo frente al invierno que se avecinaba.

Periodísticamente no se acostumbra a hacer seguimiento de las noticias, las que después de un tiempo quedan en el olvido, pero en este caso lo visitamos luego de la nevada de la semana pasada, para ver cómo se encontraba.

Se trata de Hernán Corona quien luego de ser víctima de un asalto, quedó con secuelas físicas, entre ellas, ataques de epilepsia y problemas en la columna por lo cual no puede realizar tareas que le insuman fuerza física.

“Después de la nota del diario vino mucha gente a visitarme, a traerme alimento y ropa de abrigo, algunos continuaron en contacto y me fueron consiguiendo materiales para construirme algo mejor”, dijo.

Raquel Chiguay tomó la bandera de la solidaridad proponiéndose mejorarle la calidad de vida y entre muchas voluntades, se logró. “Algunos que ayudaron no quisieron dar sus nombres, hay un médico con su esposa que sumó las vigas, otros trajeron placas y de a poquito fui progresando” comentó.

Aún está en trámite la pensión, pero está recibiendo un aporte del municipio de dos mil pesos mensuales, con lo cual debe organizarse. “Ahora que empezó el invierno se me complica un poco porque durante el verano hice huerta y la tierra me daba alimento”. Una de esas siembras completas, le fue robada por algún malviviente, pero continuó trabajando la tierra, ahora ese sector está cubierto por la nieve, que en El Vivero llegó a los treinta centímetros de altura.

Compartir unos mates en su nueva casita fue algo muy gratificante, no es un espacio muy amplio pero lo ha dividido en un pequeño dormitorio, cocina y una salamandra prendida en el centro de lo que sería el comedor. El lugar está bien calefaccionado, “durante la primavera y el verano me ocupé de ir juntando leña para no pasar frío este invierno”, dijo orgulloso.

“Quiero agradecer a toda la gente que se preocupó por mí, me sentía enfermo y muy deprimido pero tanto cariño me hizo salir adelante y esas cosas, hay que agradecerlas” contó muy emocionado.

Consultado acerca de qué está necesitando aún, comentó que solo algo de alimento no perecedero, “pero si pueden porque la verdad que viendo cómo estaba hace un año y cómo estoy ahora, no me puedo quejar”, reflexionó.

Un poco de historia

Nació en Chile pero a los trece años se vino a Argentina con su madre, luego regresó al país vecino y cada vez que deseaba visitarla, iba y venía cruzando la cordillera caminando. De algunos intentos por formar una familia le ha quedado algo muy preciado, ocho hijos y varios nietos, viviendo ahora con una de sus hijas.

Fue muy buen domador de caballos y hace trabajos de talabartería por encargo, fue parte de la planta de contratados de la Municipalidad y ahora, solo sale a buscar algún changa que le aporte ingresos, aunque no puede hacer mucha fuerza.

Hasta hace un año su vivienda era una construcción atípica. Troncos atados con cuerdas, en su interior dos camas chicas y una salamandra. Con piso de tierra, plásticos y pedazos de chapas.

Gracias a la solidaridad de los barilochenses esto ha cambiado y entre tantas malas noticias, era deber compartir su agradecimiento y mostrar su realidad actual.

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