2018-06-07

La gastronomía patagónica en los deportes invernales

Las jornadas de esquí consumen muchas energías. Por ello, con la apertura de la temporada invernal y ante un día de actividad física en el marco de los deportes invernales, siempre es muy bueno reponer calorías y nada mejor que la gastronomía de montaña.

Para reponer fuerzas los distintos paradores, refugios y/o restaurantes ofrecen interesantes propuestas, con exquisiteces de estación. Chuletas de cordero patagónicas, tablas de jamón Turuel y queso, pizza artesanal de longaniza de Graus o algún tentempié caliente con sopa de verduras montañesa, acompañados por un sabroso malbec rionegrino.

No faltan las comidas rápidas, hamburguesa de ternera casera o disfrutar de un menú BBQ con una entrada y una gran parrillada de carne y achuras, mesa de distintos panes, postre y bebida. Otra variante implica un riquísimo vermú con unas tapas, encurtidos y vinagrillos de aperitivo.

Las distintas cartas que ofrecen restaurantes y confiterías de la base del cerro Catedral tienen una amplia oferta, por ejemplo: pepito de ternera con pimientos verdes, originales pasteles típicos y los clásicos chocolates barilochenses. Al aire libre y con una jornada a pleno sol, en una terraza del centro de esquí se puede degustar mini hamburguesas, pan de sésamo o unos nuggets. Todo preparado para recuperar fuerzas y seguir disfrutando de los deportes invernales. La oferta contempla una amplia variedad de selectos vinos, espumantes y cerveza artesanal.

Deportistas y amantes de la nieve saben que además de la práctica deportiva los centros de invierno ofrecen también la mejor gastronomía. Y tratándose de la Patagonia, región más que reconocida por su cocina, este no es un detalle menor. A continuación, algunas de las propuestas culinarias que ofrecen los distintos cerros:

En el cerro Catedral existen paradores y restaurants de montaña como El Barrilete, El Cabo, Refugio Lynch, Punta Nevada, Cabaña 1600, La Cueva, Punta Princesa, Conexión, Dinardía Plaza y La Roca.

Cerca de Bariloche, se encuentra del cerro Bayo (Villa La Angostura) con una sofisticada propuesta gastronómica de la Patagonia argentina, y en ese contexto mandan los sabores de montaña.

El convite es para paladares exigentes, pero orientada a toda la familia, con comidas rápidas y sabrosas, pensadas para riders, adolescentes y preadolescentes.

Hasta el año anterior en la cota 1500, cerro Bayo tenía tres opciones bien diferenciadas. Altitud, un cálido bar de montaña, El Oso Point, estratégicamente ubicado, con su amplio deck y vista no solo al snow park, sino también a toda la zona donde se llevan a cabo eventos como Snow Polo y Rugby Xtreme. Por último, el refugio Tronador, un espacio para toda la familia, que ofrece comidas típicas de montañesa.

También se encontraba El Capricho, un refugio art deco, con una vista de 360 grados incomparable de toda la montaña, del lago Nahuel Huapi, con la majestuosidad del cerro Tronador al frente, de los volcanes chilenos Punteagudo y Villa Rica -entre otros- y del mismísimo Lanín.

Cordero, un símbolo regional 

La Patagonia es un paraíso para los amantes del buen comer. Entre los productos estrella de la región, se encuentra el tradicional cordero, que se exporta con éxito a los principales mercados internacionales.

En la vasta extensión de la región patagónica se crían los corderos más valorados del planeta. Numerosos campos de provincias como Chubut, Santa Cruz, Río Negro, Neuquén y Tierra del Fuego brindan el entorno natural perfecto para la producción de una carne tierna, magra y muy sabrosa, que se emplea en variadas recetas.

Argentina produce más de 15.000 toneladas de cordero patagónico al año. El mercado atravesó momentos difíciles por catástrofes naturales y el bajo precio internacional, hasta que logró consolidarse. La Patagonia es una marca reconocida a nivel mundial y el cordero, uno de sus grandes atractivos. De hecho, el cordero patagónico cuenta con una Indicación Geográfica, distinción que reconoce las características excepcionales de los animales criados en la región.

El principal valor de los corderos patagónicos es que se alimentan con pasturas naturales, sin la presencia de agroquímicos. Dichos pastos, de hecho, son su único alimento, que los corderos buscan desplazándose por la inmensidad patagónica mientras eliminan el exceso de grasas. El resultado es una carne suave y equilibrada, que contiene antioxidantes naturales y un reducido nivel de colesterol.

Con una materia prima de calidad, todo plato da su primer paso al éxito. El resto, claro, depende de la habilidad del cocinero. La forma más tradicional de preparar el cordero patagónico es al asador: la carne suele adobarse con menta, romero, perejil y otras hierbas para potenciar los sabores. Cuando la preparación se realiza en origen, es decir en la Patagonia, se convierte en una ceremonia pintoresca que constituye un atractivo turístico.

Por sus características, el cordero patagónico también se presta para la elaboración de otras recetas. Se puede cocinar en guiso, al horno, a la cerveza o hasta en empanadas, entre muchas otras opciones. Ya sea en el mismísimo extremo sur del continente o en cualquier rincón del mundo a donde haya llegado su carne, degustar cordero patagónico es una experiencia gastronómica que vale la pena vivir. (Fuente: solo-líderes)

 

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