“Popeye”, una vida de orgullo y vocación
En 1989 ingresó a Bomberos Voluntarios “el cuartel estaba en Beschtedt y Moreno todavía, estuve tres años como aspirante” recordó.
El 14 de abril del año 1941 nació en nuestra ciudad una de las instituciones más nobles en lo que respecta a la empatía, cargada de vocación de servicio y con un compañerismo que es la base de protección mutua entre sus integrantes.
Bomberos Voluntarios Bariloche cuenta entre sus camaradas con muchas personas dignas de mencionar en este día tan especial, El Cordillerano eligió solo a uno de ellos para que hable de su vida en la institución, el suboficial ayudante primero Jorge Olavarría, mejor conocido por todos como “Popeye”.
El apodo lo acepta orgulloso y fue puesto cuando era soldado del Ejército. En 1989 ingresó a Bomberos Voluntarios “el cuartel estaba en Beschtedt y Moreno todavía, estuve tres años como aspirante” recordó.
Nunca tuvo familia de sangre en la institución, “siempre tuve compañeros y amigos en bomberos, algunos se han ido y de mi camada, solo quedo yo”.
Contó que Beto Agostino era el jefe en ese momento, “le decían ‘Papá Pitufo’ porque llevaba a todos los chicos a los incendios, yo era el 11 en Estudiantes Unidos, una vez me sacó la tarjeta amarilla y ahí me enteré que era bombero, me dijo que me acercara al cuartel y fui”.
En esa época era canillita del diario Bariloche, “a la madrugada retiraba el paquete y vendía cada uno a cincuenta centavos y a última hora me iba a rendir el dinero, cuando cerró empecé a vender El Cordillerano y el Río Negro”.
El inicio
“Me invitaron a ir un sábado a instrucción, yo no sabía lo que era, tenía 20 años y mi papá todavía estaba vivo, vivíamos en Beschtedt y Hermite”. Se presentó y a los diez días el cabo Ceferino, a quien le gustaría mucho volver a ver, le hizo la ficha de ingreso.
De ahí en adelante todos los sábados tenían capacitación con Oscar Reuque -al que le decían “El Indio”-, Ramírez y Sosa, que ahora trabaja en el SPLIF. “Tuve que aprender todo de cero, cómo se hacía una tirolesa, cómo se inmovilizaba a una víctima en las tablas de madera porque no teníamos las espinales que se usan ahora, y aprender a usar los tramos de mangueras”.
El equipo de trabajo consistía en una campera de cuero, casco cola de pato, botas de goma y guantes que les daba el oficial Mickelovich. Recordó a cada uno de quienes estuvieron a cargo de ellos, como Garnica, Jara, Vera, Cárdenas y muchos otros.
Su salida inaugural
El primer incendio al que acudió fue en el Hotel Huemul del kilómetro 1 de Bustillo. “Fue impresionante, tuvieron que ir camiones de muchas instituciones, ya había retirado los diarios así que los dejé guardados en un cajón y fui, me llevó el oficial Vargas”, rememoró.
“Fue el incendio más grande en el que estuve, me faltaban poquitos días para ascender como bombero pero igual me llevaron”. En el 94 ingresó al cuerpo activo, “la jefatura decidió ascenderme por ser el mejor aspirante, en la siguiente cena de aniversario de ese 2 de junio, un oficial me regaló una lanza del 63, todos se pararon a aplaudirme”, comentó emocionado hasta las lágrimas. “Nunca en mi vida hice nada para que me aplaudan ni feliciten, desde que entré a bomberos me puse la camiseta y la llevo puesta para siempre”, dijo.
Su primer estructural
Los bomberos cuentan con un estructural, vestimenta que deben utilizar en cada salida. Popeye recuerda cómo fue cuando le entregaron su primer equipo, “fue en el 2003, era nuevito y lo habían comprado en Chile, en el primer incendio lo hice pomada, me duró diez días porque yo me jugaba la vida, más si me decían que adentro de la vivienda en llamas había una persona o un animalito” relató con entusiasmo.
Según dijo fue una sola vez al hospital, porque lo obligaron, pero reconoce que el jugarse no es de inconsciente, siempre se sintió muy seguro por las capacitaciones que reciben y por el respaldo de sus compañeros, componente humano que protege sin limitaciones. “Yo sé lo que hago en una emergencia, conozco mis límites y después con equipo autónomo no dudé en mandarme con todo”.
Jubilación
En 2019 finalizará su trabajo como voluntario activo, “no quiero que llegue ese día, mi vida es Bomberos, entonces sé que me va a doler pero tengo que hacerlo” dijo, aunque si la jefatura decide que siga en la Reserva o colaborando con sus compañeros, lo va a hacer aunque ya no pueda salir a emergencias.
Agregó “he tenido y sigo teniendo muy buenos instructores, el día que me vaya voy a estar muy orgulloso de haber realizado cien simulacros”.
Emergencias
No tiene idea de la cantidad de salidas a las que ha asistido en todos estos años, “yo vivía adentro del cuartel, así que noches y noches con Gabriel Molina y Ariel Levin salíamos cada vez que había un llamado” detalló.
“Salíamos con el móvil 8, el 5 o el 7, y gracias a Dios como digo yo, nunca se me escapó ningún incendio, quizás un pastizal pero nunca una casa, lo reventábamos enseguida sin que se propagara”. No contaban con equipo autónomo así que se repartían el trabajo. “Eran casi todos en el Alto cuando todavía no estaba el Hiper, te quemaba todo el cuerpo”.
Su mejor desempeño
Dentro de una lista interminable de emergencias, recuerda un incendio en el barrio Arrayanes, “la casa en llamas estaba rodeada por cuatro viviendas más, llegué, analicé la situación en segundos, me persigné y dije, este es mío”. Se terminó de consumir esa primera construcción pero el fuego no rozó ninguna de las otras que tenía alrededor. “Cuando volví al cuartel, me senté solo y me sentí muy orgulloso, Molina me hizo la pata y nos sentimos felices”.
Como todo tiene su pro y su contra, recordó también que “una vez en el 10 de Diciembre se quemaron 24 casas, parecía un infierno, trabajamos todos los cuarteles atacando de diferentes lados pero era difícil llegar con las mangas”.
Camaradas
Obviamente que Popeye no pudo dejar de mencionar a camaradas que fallecieron y a otros que la siguen peleando. “Jorge Montenegro se va recuperando de a poquito, me pone feliz porque es un hombre muy correcto y buen jefe, Damián Lucero que es un ejemplo de vida, y Oscar Sánchez que ya empezó a caminar de a poquito”. El primero sufrió un ACV y sus dos compañeros, sufrieron lesiones estando en emergencias.
“Me mandé muchas”
Reconoce que ha sido sancionado en algunas oportunidades dentro de la institución, “me he mandado muchas, reconoció, errores míos y los he tenido que aceptar, no me ubicaba bien pero nunca puse en riesgo a un compañero”.
“Yo soy tranquilo, no le falto el respeto a ningún superior, me indigno cuando hay cosas que veo mal pero con el tiempo todo se acomoda, siento que siempre me han apoyado y si me dicen algo, es porque me tienen cariño”, señaló.
“Agradezco mucho a la Comisión Directiva que me dio la casita que estaba al lado del cuartel cuando no tenía donde vivir, estuve 17 años ahí, estoy orgulloso de Palito Linares, de Alonso, de Viviana Buceta, porque siempre me ayudaron en todo”.
La peor salida
Así como asume con humildad cada emergencia que tiene buenos resultados, también ha sido marcado por las malas experiencias. “Nunca me voy a olvidar de un incendio en la calle Don Bosco, en el que murió un nene, se llamaba Kevin. González apenas llegamos me dijo, búscalo y me la jugué con el ‘Chicato’ Montenegro, no nos pusimos equipo, nos metimos así nomás, pasé un par de veces a centímetros de él y no lo vi, estaba adentro del placar”, recordó muy apenado.
Continuó narrando “cuando llegué al cuartel, tiré el casco y me largué a llorar, fuimos al velorio y al cementerio, el padre salió en la tele agradeciendo lo que habíamos hecho, pero eso me destruyó, no tenía más de cinco años creo”.
“En menos de tres minutos se consumió la casa, cuando estábamos saliendo agazapados, salió Garnica con el nenito en brazos cubierto en una manta, siempre pienso en eso porque nos trizó a varios” dijo con lágrimas en los ojos.
Para finalizar confesó: “en cada salida lo primero que pienso es que mis compañeros tienen familia y tengo que cuidarlos, ellos deben sentir lo mismo”.
“Nunca me arrepentí de ser bombero voluntario, jamás acepté un peso de nadie porque lo que hacemos es por vocación y es bueno que la gente entienda que no cobramos por lo que hacemos”, afirmó.