2018-03-23

PROYECTO SELECCIONADO POR LA UNESCO

Construyendo barriletes tejieron redes sociales entre niños y jóvenes

Los recuerdos de la infancia siempre en algún momento, nos llevan a las tardes de viento intentando remontar nuestros barriletes.

Horas de mucho frío, pero con la maravillosa sensación del hilo tirando fuerte intentando soltarse de nuestras manos. Diana Ross hace posible volver a esa magia, dictando talleres para aprender a fabricarlos.

Logró sacar esa magia del potrero o del barrio y su proyecto llegó a la UNESCO bajo el nombre de De los Andes al Mar por Ruta 23, siendo co-financiado por el FIPC (Fondo Internacional para la Promoción de la Cultura). Así comenzó a girar esta rueda donde organizaciones sociales y grupos de jóvenes de nuestros barrios y de la Línea Sur se fueron sumando.

Esta hermosa actividad no es algo aislada, son muchos los países que realizan encuentros donde la única meta es volar sus propios barriletes y ella comenzó una tarea de articulación, tendiendo redes y creando, por qué no, talleres de oficio para quienes así lo necesiten.

Los inicios

Diana Ross fue profesora de inglés durante 24 años y ahora es docente en educación no formal, formando parte del equipo de trabajo del Grupo Encuentro. Desde 1981 vive en nuestra ciudad y en el año 2000 comenzó a investigar dando forma al proyecto de los barriletes. “Siempre me gustó hacer cosas con las manos y hoy vuelco en esta actividad toda mi energía artística”, dijo.

“Nunca había remontado uno así que primero comencé a preguntar para conseguirlo y una amiga me lo facilitó”, recordó. “Dediqué algunas semanas a tratar de que tome vuelo y en ese momento fue un impacto, la alegría del logro fue hermosa”.

Pronto se encontró inmersa en esta actividad y conociendo gente, “cuando uno canaliza su energía en algo, las puertas se van abriendo”, relató. Por medio de una revista llegó a un listado de personas que se dedicaban a esa actividad, los buscó en ese entonces en la guía telefónica y cuando viajó a Buenos Aires, se contactó con ellos. “’Barriletes a toda Costa’ se sigue juntando todos los domingos para remontar sus barriletes”.

Los hay en muchas variedades y con distintos fines, algunos en miniaturas, otros gigantes, de uno o dos hilos, obras de arte que se exponen en el cielo. Antiguamente en el mundo tenían diferentes significados, por ejemplo conexiones energéticas. En este caso se apuesta a una inclusión social dando un valor humano muy grande a la actividad.

“Con fotocopias y libros me puse a probar, los barriletes no solo son de papel, se pueden hacer en tela y desarmables para poder guardarlos sin que ocupen mucho lugar” dijo. “Mucho ensayo y error durante más de un año en soledad y así fui perfeccionando la técnica, estaba convencida que esto era un descubrimiento entonces no desistí”. Así se fue aventurando en formas y diseños cada vez más complejos, logrando algunos modelos sorprendentes.

Ingresó al Grupo Encuentro porque le pareció que era una linda actividad para comenzar a desarrollarla en ese espacio social. “El primer taller fue para chicos y adolescentes, íbamos haciéndolos a través de varias clases y luego salíamos a remontarlos”.

Ross es la coordinadora general del proyecto presentado a la UNESCO, el que ya está en la etapa final. “Fue seleccionado en la convocatoria 2016 para ser co-financiado en 2017 y 2018, es cultural, dirigido a jóvenes de 18 a 30 años, incluye varias líneas de capacitación en comunicación”, señaló.

La articulación se realizó con algunas organizaciones, como Colectivo Al Margen, durante la capacitación un grupo de nueve jóvenes aprendieron a utilizar cámaras y todo lo relacionado con filmaciones. Viajaron incluso a la Línea Sur para entrevistar a otros jóvenes y mostrar proyectos llevados adelante por sus pares, donde hablaron de sus preocupaciones y sentimientos, material que dio forma a un documental que será estrenado en el 21 de abril en la Escuela Municipal de Arte La Llave.

El proyecto abarcaba además radio comunitaria y podcasting (distribución de archivos multimedia), trabajado con Radio Conexión, al cual se sumaron jóvenes de Comallo y Jacobacci.

El diseño de un sitio web fue otro de los puntos que integró el proyecto, articulando con Voces de mi Barrio y el fanzine Huenuleo de la Sala de Ensayo Comunitaria. Allí figurará todo lo que significó este proceso de integración social.

La otra actividad fue la construcción de los barriletes y organización de barrileteadas comunitarias.

El ser seleccionado por la UNESCO permitió que se recibieran los fondos para solventar los gastos de todas las actividades que lo componen, las cámaras que se utilizaron, los viáticos para los viajes a la Línea Sur y para los docentes.

Ahora están en la etapa final, donde deben analizar fotos y videos para hacer un informe final del proyecto realizado, con todos los detalles que pide la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, como devolución.

En noviembre participaron con una capacitación dentro del marco de la Semana de los Niños, Niñas y Adolescentes, “contábamos con un cupo de 25 integrantes, 13 de Bariloche y el resto de Línea Sur”. Se articuló con Fundación Comprobar, quienes consiguieron el alojamiento para los que vinieron de las localidades de la estepa y gestionaron esos viajes.

Los 13 talleres de construcción de barriletes tuvieron una duración de 4 o 5 horas, en las escuelas 315, del Malvinas, y 367, del Omega, el CAAT 7 del 28 de Abril, las 400 Viviendas, Antu Ruca, Grupo Encuentro y Cumen Ruca. Se hicieron 400 barriletes y 7 barrileteadas, muchas en las canchas de ASOCLUBA. Los encuentros en la Línea Sur finalizaron hace pocos días.

Hoy Bariloche ha crecido y el tendido de cables hace cada día más difícil encontrar un lugar donde realizar esta actividad, algunos se van a la zona de estepa. “Si van dos o tres está bien pero si pensás en 40 o 100 personas remontando sus barriletes, se complica el encontrar un espacio adecuado”, explicó Ross.

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