2017-07-05

¿Por qué atrasa y adelanta el reloj de la torre del Centro Cívico?

- PECULIAR HISTORIA -  Por estos días, el antiguo artefacto que corona la plaza principal de la ciudad está adelantado, aunque para hoy está previsto su mantenimiento y lo pondrán nuevamente en hora. Un curioso sistema de calor mediante lámparas, es lo que mantiene activos los lubricantes para que se marquen correctamente los minutos y las horas. 

Por Diego Llorente
dllorente@elcordillerano.com.ar

En la Torre del Centro Cívico se encuentra una verdadera obra de arte enlazada a la tecnología, que es un interesante atractivo para residentes y  turistas.

Este reloj fue instalado en la década del 40 por Gino Libano. Su maquinaria conserva partes originales, de factura alemana y danesa. Posee una campana fundida en bronce que lleva impresa la marca Cronos.

La marca de la máquina es Weule (alemana), aunque pudo haber sido fabricada en Dinamarca. Ello es posible, puesto que ese país estaba invadido por Alemania; o bien, haya partido desde algún puerto dinamarqués, por haber estado en stock en Cronos para otro destino, ya que su mecanismo, se estima, corresponde a unos 15 años antes respecto a la tecnología de la década del 40.

Durante dos décadas, Jorge Staionevich fue la persona encargada de mantenerlo, hasta su fallecimiento. Y fue él quien descubrió el atraso y adelanto del viejo reloj, para lo que diseñó un sistema de calefacción con lámparas de 200 watts.

Tras su deceso, el joyero y relojero Pablo Sanz quedó a cargo del mantenimiento del antiguo reloj. Y así llegó hasta la actualidad, donde hay días que la hora está atrasada unos pocos minutos o como esta semana, que está adelantado unos ocho minutos.

Sanz dialogó con este diario y señaló que cada vez que le efectúa un service, hay que calibrar todo el artefacto y desarmar algunas de sus piezas, porque “es muy difícil dar en la tecla con una maquina de ese tipo, tener la exactitud precisa”.

Según explicó, el funcionamiento del reloj difiere mucho con los cambios climáticos. “A pesar de que yo lo tengo con una temperatura relativamente estable, tiene sus movimientos”, cuenta. Relató que colocó unos faroles de gran intensidad para darle calor durante el invierno, considerando que en lo alto de la torre no hay calefacción.

“Tiene una caja que lo protege y con las lámparas se le da temperatura. Yo le puse un termostato hace un tiempo, para que corte a los 25 grados. Pero en invierno, con tres lámparas no llego a los 25 grados, aunque por otro lado tampoco alcanza una temperatura bajo cero”, sostuvo Sanz.

Cuando hace mucho frío, la baja temperatura que se registra allí, genera que todos los lubricantes que lleva la máquina, se pongan más pesados. Y cuando hace calor, se alivianan mucho las partes que componen el reloj.

“Eso lo atrasa o lo adelanta. Más un cierto juego que tienen las agujas en los engranajes. Desde ya, no existe una lubricación especial para cada temperatura. Es como nadar, con agua más liviana nadás más rápido y con agua más pesada, nadás más lento. Y eso es lo que pasa. Yo lo voy regulando para el invierno, para que se ponga más ágil y en verano lo atraso, pero no voy todos los días”, expresó el profesional, quien hoy se dedica a otros menesteres y el gigante del Centro Cívico se ha convertido en un hobby.

El atraso o adelanto es imperceptible, ya que son sólo 10 o 15 segundos diarios. Pero al cabo de 15 o 20 días, la diferencia ya se empieza a notar. Como esta semana que tiene un adelanto de ocho minutos. Aunque Sanz explicó que hoy es turno de mantenimiento, por lo que volverá a estar en hora.

Pablo Sanz realiza el service una vez por mes, o cuando lo requieren puntualmente desde la Municipalidad, aunque lejos está de ser su actividad principal. “Igual me gusta hacerlo, es lindo y está bueno”, relató.

Las cuatro figuras que giran

Todos los días del año, a las 12 y a las 18 horas, cuatro esculturas talladas en madera aparecen sucesivamente en la ventana que está por debajo del reloj para que puedan ser vistas desde la plaza, acompañando a las campanadas. Son figuras que simbolizan distintas etapas de la historia local. La posición erguida y los detalles expresivos muestran a cada una de ellas con una sólida postura, enfrentándose al viento patagónico.

La primera figura en verse representa a un integrante de los pueblos originarios, habitante de la región. La segunda es un sacerdote, que llegó para evangelizar. La tercera es un militar, integrante de la Campaña del Desierto y la cuarta escultura es un labrador, representando a los que se instalaron para trabajar y hacer crecer sus hijos en estas tierras.

Las esculturas fueron realizadas por el artista español Casals, a quien se le encargó el trabajo, en Buenos Aires. Cerrando y como protegiendo la danza de los personajes, el escudo de San Carlos de Bariloche aparece fijo el resto de las horas.

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