Doctor Abalerón: “El crecimiento no es sinónimo de desarrollo”
Las "recomendaciones", esgrimidas en muchas fojas, es prácticamente difícil de publicar en sólo una nota, por ello el presente resumen trata, especialmente y en forma escueta, sobre el concepto de desarrollo sostenible o sustentable, que debería tenerse (Casares, 1975, pp. 710) respecto a la gestión y control de la urbanización.
El término "políticas" se refiere específicamente –en singular- al "método de proceder para alcanzar una meta" (Diccionario Duero de Sociología, 1980, pp. 192-193). Por lo tanto, es reemplazable, en el proyecto, a la definición que se adoptaron de "práctica": como proceso (desde su diseño hasta su implementación) concebido como política, norma, plan, programa, proyecto.
La "gestión" (Diccionario de María Molnier, s.f. 15 p.p.) es entendida como la acción -incluyendo a la reflexión- que los tomadores de decisiones y los técnicos efectivizan con relación a lo que se acepta, espera y desea voluntariamente del proceso de urbanización. El "control" significa el seguimiento del proceso de urbanización, su regulación y el cumplimiento de las normas y criterios surgidos de los principios y finalidades que guían a la gestión, asegura el profesional en sus escritos.
Refiere que fue necesario, para el proyecto, establecer ciertos acuerdos acerca de la visión del desarrollo sustentable y su significado. Una de las ideas rectoras fue aceptar un concepto inclusivo, como "sombrilla", que redujera a un mínimo las discusiones semánticas.
Así, por un lado, el desarrollo se interpreta como un proceso espacio-temporal de despliegue del potencial de individuos, comunidades, y sociedades, de carácter fundamentalmente cualitativo. Esta aclaración viene al caso para no entrar en confusiones, dado que en los «productos» a generar por el proyecto (de acuerdo a la versión aprobada por la Comisión Europea) figura el "Manual de «buenas prácticas» para la gestión y control de la urbanización en ciudades turísticas".
Consideraciones
1) El crecimiento no es sinónimo de desarrollo. 2) El crecimiento tiene que ver con lo cuantitativo, con el aumento de extracción y procesamiento de recursos naturales (agregándole valor), incrementando el uso de energía, sus subproductos y los niveles de contaminación. 3) La tradicional «medida» de «progreso» de las naciones, el Producto Bruto Interno (PBI), no toma en cuenta ni la destrucción y extinción de los recursos naturales, ni el costo emergente de la contaminación por la actividad económica, ni cómo se distribuyen los «frutos» de tal crecimiento, por lo tanto es un falso espejismo de la evolución de las sociedades. 4) Es una incongruencia referirnos a «crecimiento sostenible», porque lo material es finito, tiene límites, y a nivel global ya sobrepasamos a algunos y estamos en el umbral de hacerlos con otros, dejando aparte de la discusión el potencial incierto de solucionar en un futuro impredecible -vía la innovación tecnológica o el control de la natalidad- a estas circunstancias adversas.
Por el otro lado, aunque en lengua castellana «sostenible» y «sustentable» tienen un mismo significado, se acordó utilizar al segundo término con la idea de proceso continuo en lo temporal, y como proceso inclusivo de dimensiones interrelacionadas económicas, sociales y ambientales. Aunque un proceso económico puede ser sostenible en el tiempo y simultáneamente no sustentable porque causa inequidad social y destrucción del ambiente natural.
Así, cuando se habla de sustentable se adjetiva un proceso de desarrollo que mantiene -o es causa de continuidad a lo largo de un período apreciable de tiempo- la satisfacción de las necesidades de toda la generación presente (la economía no como lucro de unos pocos) sin que los efectos de la extracción de recursos y producción de bienes y servicios comprometa la satisfacción de las generaciones venideras (su Calidad de Vida) y la calidad ambiental.
Una primera operacionalización simple de estos conceptos consiste en plantear que se progresa hacia la sustentabilidad cuando la Calidad de Vida de la gente y la calidad de su ambiente mejoran (o al menos se mantienen) simultáneamente y en forma generalizada.
Esa sustentabilidad representa una constante búsqueda de un balance dinámico entre las demandas generadas por la sociedad para satisfacer las necesidades humanas, y la capacidad de la naturaleza de satisfacer dichas demandas en forma permanente y sin degradar irreversiblemente a sus componentes (los recursos naturales). Este balance dinámico permitiría que tanto las generaciones presentes como futuras tuviesen derecho y acceso a las mismas oportunidades de bienestar.
Delicado proceso
De ese modo, el desarrollo sustentable es considerado como un delicado proceso de equilibrio entre los trade-offs que permitan satisfacer las necesidades materiales e inmateriales de todos, al mismo tiempo que se mantiene el stock per cápita de recursos (aumentándolos en lo posible), mediante una evolución de la economía en tal dirección. Cuando una movida hacia un objetivo puede ser solamente obtenida al costo de alejarse de otro [u de otros], surge un conflicto entre elecciones y a eso se le llama trade-off. En otras palabras, un conflicto entre elecciones existe entre dos objetivos [o más objetivos] cuando el «más o mejor» de uno debe ser confrontado con el «menos o peor» del otro [u de los otros].
Esto implica la necesidad de conocimiento de parte del que toma las decisiones, acerca de los beneficios involucrados en la obtención de uno de los objetivos, y de los costos de no poder conseguir el otro [u otros]. Un ejemplo muy simple: un comerciante en la búsqueda de localizarse en una ciudad, debería desear estar en o muy próximo al centro de la misma, y simultáneamente comprar un sitio barato; pero, siendo que los precios del suelo se incrementan con la proximidad al centro comercial de la urbe, el comerciante tendrá un conflicto entre elegir tierra barata y la optimización de la accesibilidad al mismo (Goodall, Brian, 1987, pp.476).
Sin embargo, el mundo de hoy no cumple en los hechos el discurso del desarrollo sustentable debido a que para que ello suceda, parte de lo que en la actualidad es "sostenible" debería dejar de serlo para dar lugar a transformarse en "sustentable". Es necesario un cambio global y local en valores, principios y procedimientos en lo político, económico, social y ambiental. (Fuente: extractado del “Manual de Recomendaciones”).
Criterios básicos del Desarrollo Sustentable
Todas las ciudades, sin excepción, necesitan que el paradigma del desarrollo sustentable pase de ser legítimo para algunos pocos, para llegar a ser el legítimo patrimonio consensuado de todos. Sin ese "paraguas" que cubra a todo el territorio y a todos los grupos que componen la sociedad local, es inútil desear imponer ningún paradigma, ni cuerpo jurídico, ningún sistema participativo ampliado, ninguna gestión y control del proceso de urbanización, ninguna asociación solidaria de co responsabilidad común, ni ningún esquema de seguimiento y evaluación de adonde queremos llegar en la evolución urbana y social. Algunas administraciones locales han dado pasos importantes en tal dirección, pero los éxitos conseguidos son incompletos, y aún más, el presente positivo puede llegar a comprometerse en el futuro inmediato si se confunden las políticas de estado con las políticas de partido y con los intereses sectoriales.
Para que el desarrollo sustentable pase de ser un concepto de moda, vacío de contenido pero bien visto en los discursos políticos, para convertirse en una realidad legítimamente concreta, será necesario aceptar e internalizar dentro de todo el cuerpo social a una serie de criterios básicos: 1) Una visión consensuada acerca del futuro deseable, no necesariamente sin disensos. El conjunto social no es homogéneo, ni lo es la distribución de bienes y servicios Por ello las tensiones son inevitables, pero en cierto modo saludables pues son nutrientes de la cultura democrática. El desafío gubernamental es construir colectivamente un punto de intersección en el que concurran las múltiples miradas de la gente. En la medida en que la mirada colectiva encuentra las tensiones y motivos de los hechos, se encadena imperceptible pero consistentemente el deseo de transformación y cambio social.
2) Una participación ampliada de todos los grupos sociales. Es un esfuerzo por escuchar y prestar atención no solamente acerca de quién dice algo sobre determinada cuestión sino también desde dónde. Ello no implica el "todo vale si lo dice la gente", pero tampoco es ya válida la posición dura de "solamente legitimar la visión de los técnicos". Se trata de hallar caminos intermedios, de convergencia, que le den legitimidad social a los técnicos, por un lado, y co responsabilidad técnica y política a los distintos grupos sociales, por el otro.
3) Una co responsabilidad común por lo común. Involucrar a todos en aquello que es común, es el pre requisito básico de la legitimidad. Sin legitimidad real, disminuyen proporcionalmente las perspectivas de éxito de un desarrollo que sea sustentable por y para toda la sociedad presente y futura.
4) Una solidaridad intergeneracional. El futuro no será posible si en las decisiones de hoy no dejamos espacio para las decisiones del mañana. Las nuevas generaciones tienen que encontrar la suficiente generosidad en este presente que les permita desarrollarse en su tiempo, en procesos flexibles al cambio que alejen toda posibilidad de verse limitados por un ambiente ya «hipotecado».
5) Una transparencia en los procesos decisorios. El proceso de desarrollo que tratamos de sostener de ninguna manera es y será perfecto. Pero, es tarea irrevocable generar procedimientos de difusión e información que ilustren acerca de quiénes deciden qué cosa, así como a quiénes benefician, y en qué medida otros se perjudican. Esa «contabilidad» es la que realmente puede hacer fructífero un balance equilibrado del Haber y el Debe de todos los grupos sociales.
6) Un enfoque holístico del desarrollo. Esto es fundamental para hacer patentes los conflictos de intereses entre sectores sociales, entre las dimensiones de la vida (economía, sociedad, ambiente natural, entre otras), y entre los beneficios y costos de toda decisión socio espacial. Este enfoque debería ser una de las primeras prácticas a implementar en las ciudades socias, promoviendo el acceso a la información y al conocimiento, posibilitando que el desarrollo sustentable sea percibido legítimamente, como parte inherente a la vida de cada uno y de todos.
Pero, nada de eso será posible si la sociedad toda no percibe simultáneamente que los decisores formales (léaselos como los distintos niveles nacionales, regionales o provinciales, y la misma administración local) exhiben coherencia entre lo que dicen (el discurso) y lo que hacen (el obrar).
Si el desarrollo sustentable es solamente un vocablo de moda sin apoyo en el terreno práctico, ninguna sociedad como un todo hará suya al paradigma, a menos que la situación socio espacial sea de tal gravedad que el cambio venga desde abajo (quizás demasiado tarde). Solamente así, podrá involucrarse a todos los actores sociales en el planeamiento participativo que, estimamos, de manera dinámica dirija nuestros pasos hacia la ciudad que deseamos, queremos, la ciudad de los "sueños" como dicen algunos.
Sin embargo, previamente, se necesita un Acuerdo Social Ambiental o Carta de la Ciudad, que se constituya en política de estado para las generaciones presentes y futuras, y que sea lo suficientemente fuerte como para reclamar a instancias administrativas superiores la capacidad decisoria necesaria para resolver el propio destino.
En las ciudades turísticas
En ciudades turísticas, donde el patrimonio natural y el patrimonio histórico cultural son la razón de ser de su propia existencia, estos procesos de información, sensibilización y convergencia técnica, social y política constituyen la llave de su futuro. Son otras de las primeras buenas prácticas a implementar.
Otras buenas prácticas que surgen de los Diagnósticos Locales como necesarias son aquellas que podrían devolver o acrecentar el poder decisorio local, coordinar a las diferentes jurisdicciones que tienen poder decisorio sobre un mismo territorio; e incluir en un solo cuerpo normativo a las múltiples regulaciones que se aplican sobre un mismo espacio geográfico.
Por supuesto, no habrá de esperarse a que eso se consiga para tratar de implementar otras buenas prácticas que de ellas devienen. En un mundo imperfecto, procesos imperfectos.
N. de la R.: El próximo domingo se hará la segunda entrega de este interesante informe preparado por el doctor Carlos Abalerón de la Fundación Bariloche (FB).