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28/10/2026

Femicidio en Bariloche: el relato de los policías que llegaron tras el disparo y el examen de la médica policial

Los testimonios de la jornada permitieron reconstruir las primeras actuaciones policiales y las versiones que Marín habría dado a distintos compañeros después del hecho.
Emerson Marin, acusado el femicidio de Estefanía Civardi.
Emerson Marin, acusado el femicidio de Estefanía Civardi.

La segunda jornada del juicio por el femicidio de Estefanía Civardi estuvo protagonizada por los testimonios de policías que intervinieron durante la madrugada del 30 de julio y de una médica policial que examinó al acusado, el policía Emerson Marín, y luego el cuerpo de la víctima. Los efectivos reconstruyeron las primeras actuaciones y relataron las versiones que el imputado les habría dado sobre lo ocurrido.

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Una de las primeras testigos fue una sargento que estaba de servicio la noche del 30 de julio. Declaró que alrededor de las 2 recibió un llamado de Marín a su teléfono particular, quien le dijo que su novia se había “pegado un tiro” y le pidió que se acercara. Según contó, durante la comunicación lo escuchó alterado y llorando.

La mujer, que conocía a Marín de haber realizado guardias, dio aviso a sus superiores y se contactó con otros policías para que fueran al domicilio. Explicó que mantuvieron a Marín al teléfono en altavoz mientras llegaba el personal para contenerlo. Cuando llegó al lugar, vio a su compañero llorando en la vereda. Recordó que en medio del llanto, repetía : “¿Por qué lo hizo?, si ya lo habíamos hablado”. La testigo aclaró que no ingresó al domicilio y que permaneció en el lugar hasta que fue relevada, cerca de las 7.

Otra oficial de servicio que intervino esa madrugada, superior de la anterior, declaró que recordaba que al llegar en el móvil Marín estaba en la vía pública, acompañado por otros efectivos. Lo describió como "angustiado" y que otro de sus compañeros le contó que él y otros efectivos habían ingresado a la vivienda con Marín. Más tarde Marín se dirigío a ella, le dijo que no entendía qué había sucedido y le relató una secuencia de lo ocurrido durante la noche.

Según esa versión, la pareja había estado cenando y celebrando su aniversario de su noviazgo. Durante la cena, Civardi le habría hablado de un recuerdo traumático relacionado a un hecho de su niñez. Después, ella habría salido a comprar cigarrillos mientras él iba al baño. Marín le dijo que escuchó que ella subía corriendo las escaleras y salió atrás de ella. Cuando, subió intentó sacarle el arma, momento en que se produjo el disparo. Después dejó el arma en una mesita.

La oficial señaló que después supo, a través de otra compañera, que Marín había dado una versión diferente sobre lo sucedido.

También declaró que se enteró con posterioridad de que el imputado tenía antecedentes de una denuncia por violencia de género presentada por una expareja. Explicó que, ante situaciones de esa naturaleza que involucran a un policía, se puede retirar preventivamente el arma reglamentaria y que su devolución requiere una evaluación psicosocial.

Un tercer efectivo relató que llegó al domicilio junto con otro policía, guiados por Marín, a quien encontraron en la calle mientras hablaba por teléfono. Al ingresar al departamento, encontraron a Civardi acostada en una cama matrimonial, con sangre en la zona de la nariz y sobre las sábanas. El testigo indicó que no observaron signos de vida y que el arma estaba sobre la mesa de luz, a la izquierda de la cama.

El examen de la médica policial

La última testigo fue una médica de la Policía de Río Negro que intervino tanto en el examen de Marín como en el lugar donde fue hallada la víctima.

En la comisaría, examinó al imputado y tomó muestras mediante hisopados de ambas manos. Declaró que estaba lúcido y colaboró con el procedimiento. No observó lesiones corporales, aunque advirtió una gota de sangre en uno de los dedos de la mano izquierda y aliento etílico.

La médica regresó al domicilio durante la mañana y a pedido de la fiscalía examinó el cuerpo. Describió las lesiones del disparo y añadió que el proyectil quedó alojado en la almohada. Según su testimonio, la posición del cuerpo no había sido modificada antes del examen. También indicó que no encontró signos de defensa o lucha y que observó lesiones superficiales y paralelas en el antebrazo izquierdo, que consideró que podían ser autoinfligidas.

La médica explicó que, después del examen, planteó ante otros funcionarios que el disparo podía corresponder a una autodeterminación. Sin embargo, durante las preguntas de la fiscalía y la querella, reconoció que no había medido el brazo, el antebrazo ni la mano de la víctima, y que tampoco conocía las dimensiones del arma.

Además, aclaró que no podía determinar con certeza la distancia del disparo. Defendió su apreciación a partir de su formación en medicina legal –que no había concluido- y de su experiencia con otros casos, que no podía afirmarlo con certeza y que esa posibilidad debía investigarse.

Al ser la pareja del defensor, quien tomó el caso son posterioridad a su intervención, el fiscal Losada le preguntó si habían hablado durante los 15 meses de la investigación. Y aclaró “yo de la causa no tengo conocimiento”.

La querella cuestionó que hubiera planteado conclusiones sobre el ángulo y la posición del disparo sin contar con esas mediciones. Luego la defensa le preguntó por su formación profesional y su experiencia.

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