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21/10/2026

Ejemplo de resiliencia, artista de Bariloche vuelve a exponer después de un ACV

Después de siete meses de internación y de aprender a valerse de su brazo izquierdo, Walter Kerhart se pregunta: “¿Puede una línea recordar?”
Curadora y expositor. Foto: Facundo Pardo.
Curadora y expositor. Foto: Facundo Pardo.

Al fondo del café que también es sala de arte, una pantalla reproduce imágenes en las que el artista traza líneas con velocidad y sin aparente planteo previo, como si se tratara de un músico de jazz o como hiciera en el mismo ámbito de la plástica Jackson Pollock 70 años atrás. Pero en este caso, esos movimientos acelerados ratifican latidos, anhelos y una manera de aferrarse al aliento, después de estar muy cerca de una interrupción definitiva. Significan vida.

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Es que después de padecer una tremenda conmoción, Walter Kerhrart inauguró el último martes la que quizá sea la exposición más importante de su trayectoria. Se titula “¿Puede una línea recordar?” y comprensiblemente, tiene un profundo significado para el expositor: “sobre todo, me emociona poder realizar esta muestra. Me pone muy contento lograr este nuevo objetivo después de haber sufrido un ACV”, admitió en intercambio con El Cordillerano.

A veces se abusa un tanto de la palabra “reinventarse” para dar cuenta de una nueva etapa o de un cambio considerable y no solo en el plano artístico. Sin embargo, en este caso, parece pertinente y el proceso no es de todo tortuoso. “Descubrí que puedo hacer otro tipo de dibujos, utilizar otros materiales, y reformular mi arte en nuevas concepciones con una nueva emoción”, compartió Walter.

Su muestra está expuesta en La Compañía (Frey 135), amigable reducto que abrió sus puertas a la pintura, la fotografía y otras expresiones culturales en agosto último. Para quien entra, a mano derecha queda una serie que parece reproducir una serie de rostros, coloridos, pero perturbadores. Unos pasos más hacia el interior, aflora un conjunto de dibujos más bien despojados e igual de inquietantes. En tanto, en las alturas descansan obras de mayor envergadura, que tal vez marquen el nexo entre el Walter de antes y el actual.

Regreso emotivo. Foto: Facundo Pardo.

“La de pequeños formatos la di en llamar Retratos de familia, quizás una imaginería algo brutalista (sic) de rostros que podrían, o no, corresponderse con reales”, describió el artista. “Luego hay una serie de dibujos recientes sobre papel madera que evocan un mundo irreal, pero a veces concreto, de personajes imposibles. Y la tercera es una serie de cuatro nuevos cuadros en acrílico sobre tela que vuelven sobre pinceladas libres, que fueron recurrentes en mis muestras anteriores”.

A propósito, dice Débora Alegret en uno de sus siempre preciosos textos curatoriales, que en las obras de Walter Kerhart “aparecen rostros, cuerpos, presencias, siluetas que oscilan entre lo íntimo y lo ajeno, y en nuestro afán por identificar una imagen, ocurre un desplazamiento de lo real. Lo re/conocido comienza a volverse extraño y solo resisten fragmentos: una mirada interpelante, una boca dentada, una extremidad, una forma que se obstina en su repetición”.

Pintura en expansión

Aunque oriundo de Rosario (Santa Fe), el artista reside en Bariloche hace más de 20 años. Antes de recalar a la vista del Nahuel Huapi, trabajó como fotógrafo publicitario y de moda para diferentes agencias y productoras audiovisuales en la otrora Chicago argentina. Por aquí, integró el grupo “La ruta de las artes”, de finalidades educativas. Estudió pintura con Claudio Ziperovich y Pablo Cortondo y formó parte del Taller “Expandir la pintura”, de Margarita García Faure en la gran urbe. Puede que la memoria del cronista falle, pero la última vez que motivó la atención periodística de este medio, fue en ocasión de su primera muestra en Buenos Aires.

EC: ¿hablan el “viejo” Walter y el nuevo? ¿Qué se dicen?

WK: Pasé momentos muy malos y fue difícil la vuelta. Estuve siete meses internado en Neuquén y aprovecho para agradecer al personal de la Clínica Pasteur, donde además de todo lo que hicieron, pude volver a pintar, pero con mi mano izquierda. Hoy quiero seguir haciendo, progresando en mi recuperación día a día, fortalecer mis vínculos y continuar aprendiendo.

La serie que da la bienvenida al visitante. Foto: Facundo Pardo.

Si antes del ACV la pintura era importante para Walter Kerhart, imagínese el lector qué significará ahora. “El arte es arte. Me completa todo el tiempo. Trato de ver muchas exposiciones, libros, de seguir nutriéndome. Mis colegas me acompañan mucho. Hoy mi taller es un gran refugio y también un compromiso porque me ayuda en mi tarea de avanzar”, compartió el que traza líneas y recuerdos.

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Fiel a la costumbre que César Dante, el gestor cultural de La Compañía, aspira a imponer, junto con “¿Puede una línea recordar?” se inauguró en el espacio de Micro Galería una exposición tan diminuta como conmovedora del fotógrafo Diego Ortiz Mugica. Con entrada libre y gratuita, las dos se pueden visitar de lunes a viernes de 8 a 20 y los sábados de 9:30 a 13:30 hasta el 15 de diciembre próximo. Tome precauciones: hay emociones que son contagiosas.

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