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16/10/2026

Bariloche tiene un pasado cowboy que se conoce muy poco

Más allá de los bandoleros de origen estadounidense y sus perseguidores, la zona del Nahuel Huapi fue escenario de inmensos arreos. ¿Quiénes fueron aquellos vaqueros?
Estampa campera del viejo Bariloche. La foto alude a la primera panadería del pueblo. Se publicó en la revista "Panorama" en 1970.
Estampa campera del viejo Bariloche. La foto alude a la primera panadería del pueblo. Se publicó en la revista "Panorama" en 1970.

Bariloche tiene un pasado vaquero que no siempre se tiene presente, pero no, el relato que sigue no tiene que ver con los famosos bandoleros de origen estadounidense y sus perseguidores. En 1906, una compañía chilena que tenía campos de invernada al sur del Nahuel Huapi adquirió más de 120 mil cabezas de ganado en Bahía Blanca (provincia de Buenos Aires). Antes de cruzar la cordillera, el enorme rebaño se recuperó no muy lejos del poblado de San Carlos para luego seguir su destino a través de El Manso con destino final Cochamó. Hoy cuesta recrear tamaña movilización de animales y arrieros por parajes que más bien se relacionan de manera turística con el quehacer económico, aunque todavía queden resabios de ruralidad.

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La enorme operación tuvo como impulsora a una compañía cuyo accionar no está muy presente en los relatos históricos barilochenses. “En junio de 1904 se suscribieron en la ciudad de Puerto Montt las acciones de la Sociedad Agrícola y Frigorífica Cochamó, que se proponía explotar los productos de la ganadería en los territorios de Chubut, Río Negro y parte sur de Neuquén, así como de los territorios concedidos por el gobierno de Chile a Tomás Austin, que habían sido transferidos a esa sociedad. La sede de la nueva compañía fue la localidad de Santiago de Reloncaví”.

La semblanza es la que redactó la historiadora Laura Méndez para “Estado, frontera y turismo. Historia de San Carlos de Bariloche” (Prometeo-2010). Como se sabe, 120 años atrás la economía de la naciente localidad estaba íntimamente ligada al acontecer trasandino. Formalmente, existía desde 1902 a partir de su reconocimiento como pueblo por parte del célebre decreto que firmaron el presidente Julio Roca y su ministro Wenceslao Escalante. Sus actividades económicas eran sobre todo agrícolas, ganaderas y forestales.

En ese contexto, del otro lado de la cordillera y no muy lejos, “en Cochamó se estableció un frigorífico, una grasería y una barraca-bodega para la compra de productos agrícolas de territorios vecinos. Toda la carga helada se colocaba en la costa del Pacífico, en las ciudades de Valparaíso, Antofagasta e Iquique”, según la investigación de Méndez. “La Sociedad también se dedicaba a importar mercaderías extranjeras para atender el consumo de los habitantes del Chubut, con el objetivo -según manifestaran sus propietarios- de abaratar el nivel de vida para atraer estancieros”. Claro que el extremo sudoeste del por entonces Territorio Nacional de Río Negro estaba en su área de influencia.

Madera y arreos

“El capital inicial fue de tres millones de pesos. Su primer directorio estuvo formado por Rafael Sotomayor, Manuel Salinas, Ramón Serrano, Enrique Budge, Ismael Tocornal y dos grandes accionistas del comercio de Valparaíso”. Con ese impulso, “entre 1904 y 1910 la Cochamó tuvo una intensa actividad comercial que dinamizó la región del Reloncaví en territorio chileno. Esta región superaba en esos años los 1.200 habitantes, la mayoría de ellos trabajadores de la industria maderera o dedicados a tareas vinculadas al arreo de ganado y transporte de mercaderías”. Por su parte, en la cercana Puerto Montt, la población superaba los 7 mil habitantes para 1907.

Puerto Montt en 1905, un año antes del enorme arreo.

“Al abrirse al comercio el puerto terrestre de El Manso, el camino era transitado no sólo por gente y animales de la compañía, sino por muchos particulares que venían con arreos de sus propias crianzas que tenían en la Argentina, hacendados establecidos en El Manso, Foyel, El Bolsón y Cholila”, añade la reconstrucción de la historiadora. En ese contexto, “la exportación e internación de la mercadería que hacía la Cochamó a través de vapores, buques, velas y lanchas, era, en su gran mayoría, para exportar a la Patagonia”.

Para esas faenas prestó gran servicio “el Reloncaví -vapor de la empresa- (que) traía provisiones a los habitantes al sur del lago Nahuel Huapi y llevaba a Chile grandes lanchas a remolque, algunas veces cargadas de maderas y otras -la mayoría- de animales, sobre todo bovinos, caponada y caballos”. Los inverosímiles arreos alternaban tramos terrestres con lacustres o marinos, si se tiene en cuenta que el seno de aquel nombre es una entrada del mar que llega prácticamente a la cordillera.

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El panorama que ofrecía la cordillera en las primeras décadas del siglo pasado nada tenía que envidiarles a las recurrentes escenas que popularizaron los westerns. “En esta época pasaban a diario por Cochamó grandes tropillas de caballos cargados, que tomaban el camino al boquete. El 27 de abril de 1906, por ejemplo, la Sociedad Agrícola y Frigorífica Cochamó adquirió en Bahía Blanca 120.000 cabezas de ganado lanar, mil yeguarizos de los planteles Lincoln y Rambuillet, útiles y enseres por valor de 600.000 pesos, además de 5.000 vacunos. Todos los animales pasaron a las invernadas que poseía la compañía al sur del Nahuel Huapi […] para después beneficiarlos (sic) en el frigorífico Cochamó”.

Cambios institucionales

Movimiento tan considerable generó consecuencias. “En sus primeros años de funcionamiento, la Sociedad creció rápidamente y contó con el apoyo del Ministerio del Interior chileno, que determinó en 1905 el traslado de las autoridades de Chamiza a Cochamó y recomendó a la intendencia que nombrara al gerente de dicha compañía, señor Cousin, como delegado de la sección gubernamental”.

Sin embargo, tamaña hiperactividad se evaporó tan rápido como surgió. Después de 1911, se pierden pistas sobre la actividad de la empresa ganadera. Múltiples factores apuraron su declive y el de la cultura vaquera en la cordillera rionegrina. Resta establecer quiénes fueron aquellos cowboys vernáculos que no solo tuvieron que poseer la suficiente maestría como para conducir tamaña cantidad de vacunos por la estepa de la Patagonia, sino también conducirla por los estrechos cañadones cordilleranos.

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