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16/10/2026

¿Cuándo y por qué Bariloche perdió la excursión al cerro López?

Formó parte de la oferta turística masiva por espacio de unos 20 años, hasta que demasiados cambios se convirtieron en obstáculo para su sostenimiento. Hoy es un recuerdo.
Visitantes sonrientes en las alturas del cerro López. Detrás alcanza a verse el refugio. Gentileza Toncek Arko.
Visitantes sonrientes en las alturas del cerro López. Detrás alcanza a verse el refugio. Gentileza Toncek Arko.

Entre las décadas de 1970 y 1980 la excursión al cerro López integró la grilla de ofertas que ofrecían las agencias a los turistas que visitaban Bariloche. En forma diaria ascendían por un camino vehicular camionetas y pequeños ómnibus que llegaban hasta determinado punto. Después de una breve caminata, los visitantes tenían la chance de tocar nieve con sus manos y deslizarse mediante bolsas de nylon inclusive en los veranos, experiencia única para gente proveniente de geografía distantes. Hoy esa posibilidad no está. ¿Qué pasó y por qué?

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Para contar la historia hay que remontarse unos 60 años atrás, cuando “las tierras inferiores al refugio y una franja que llega al Punto Panorámico fueron adquiridas por el empresario Jaime Bentolila acompañado por Renato Cattelani, andinista vinculado al CAB”.  La concatenación de sucesos puede rastrearse en el libro que escribió sobre el reducto de alta montaña Toncek Arko. La infraestructura lleva el nombre de “Carlos Sonntag”, su refugiero y gestor durante mucho tiempo.

El empresario nombrado en primer término “logró que la Compañía de Ingenieros de Montaña del Ejército Argentino -con sede en Bariloche- trazase el camino vehicular hacia las inmediaciones del mallín superior, donde puede verse el playón de estacionamiento y un homenaje al soldado clase 1942, Santiago Donini, fallecido en un accidente durante los trabajos”, asevera el relato de Arko.

La primera versión del refugio que había levantado el Club Andino Bariloche (CAB) se había desmoronado a raíz de falencias en su construcción. En consecuencia, el concesionario se abocó a levantar otro. “El nuevo refugio se terminó en el verano de 1963. No hubo una formal inauguración, pero finalizada Semana Santa, el domingo 14 de abril, Carlos reunió a su familia y amigos y realizaron un brindis final de obra. La construcción del camino se realizó en forma paralela a la del refugio. Previamente, todo se subía en mochila o bien con caballos”, evoca la narración.

A pico y pala

Una de las hijas de Carlos Sonntag, Patricia, aportó para que la publicación que “los militares trazaron el camino hasta las inmediaciones del mallín. En diciembre de 1963 tuvieron un accidente fatal y falleció un soldado. Ello motivó que finalizaran los trabajos. Desde el arroyo hasta el refugio el camino lo construyó nuestro padre, la mayoría a pico y pala. La topografía del terreno obligó a construir un camino muy angosto y en varios lugares con importantes contenciones del terreno. Se subía en zigzag, en algunos lugares marcha atrás. Este tramo solo lo utilizamos nosotros, para abastecer el refugio”, indicó.

Soldados en la apertura del camino. Gentileza Toncek Arko.

Más tarde, la empresa que había adquirido aquellas tierras “realizó un importante desmonte”, en el contexto de un megaproyecto que incluía una telecabina y otros medios de elevación, aspiración que como ya comentó El Cordillerano, nunca prosperó. Sin embargo, “Carlos logró que el camino vehicular se consolidase y pudieran ascender vehículos particulares y camionetas de turismo”.

A raíz de su apertura, “la excursión a la nieve fue muy bien vista en la ciudad y lentamente comenzó a venderse en las agencias de turismo. Desde el refugio los turistas fueron guiados por Carlos y sus hijas hacia la Hoya y el pico Turistas. La Hoya solía tener nieve hasta mediados del verano y esto fue un gran atractivo. Las excursiones se vendían con la opción de conocer la nieve. Subían en grupos, de unas 10 personas cada uno. A valores de hoy, cada turista pagaba por la guiada unos 10.000 pesos y obviamente había descuentos por familias”, reconstruyó el periodista y escritor, cuyo libro se centra en la historia del refugio.

Más cerca en el tiempo, “en los años 70 y 80 el refugio López integró la grilla de excursiones que se vendían a los turistas en Bariloche. Diariamente subían camionetas y pequeños colectivos por el empinado camino hasta al playón de estacionamiento ubicado junto a la Cruz del Soldado, a pocos metros del arroyo López. Había días en que subían más de 15 unidades y también numerosos vehículos particulares, ya que el camino era de libre tránsito”.

Precisamente “su mantenimiento estaba a cargo de Carlos Sonntag, quien realizaba muchas tareas por su cuenta, en especial lo que hace a la prevención y el cuidado de que no ocurran daños importantes, que luego generan un gran trabajo y costo repararlos”. A grandes rasgos, “estas tareas implican cortar los árboles secos antes de que caigan al camino, observar que los arroyitos que cruzan se mantengan libres de obstáculos, que los puentes están en buen estado y que las piedras que ruedan al lugar de tránsito sean retiradas”.

Jurisdicción municipal

Sostener la oferta requería de considerables esfuerzos. “Cada primavera y en otoño había que volver a repasar estos detalles y además en primavera contar con máquina vial para reparar las roturas del invierno”, observa el racconto del autor. “El camino del cerro López recorre tres propiedades privadas, pero está en jurisdicción municipal, razón por la cual el municipio colaboraba aportando la maquinaria vial”.

Maquinaria en la adecuación del camino. Gentileza Toncek Arko.

Desde ya, “había que pagar el combustible, las horas del maquinista, etc. pero el costo fue menor que contratarlas a empresas privadas. Generalmente se recurría a motoniveladoras o palas cargadoras, cuando las roturas eran mayores”. Como bien sabemos, “el principal problema en los caminos de montaña son las pendientes fuertes y también los puentes, en general muy precarios, que con los años se rompen”.

Consta que “en años muy nevadores y lluviosos, es peligroso que se rompan por deslaves”. Así y todo, “hasta fines de la década del 80 el camino permitía el tránsito de pequeños colectivos y vehículos particulares. El ascenso formaba parte de las excursiones turísticas que ofrecían las agencias de viajes en Bariloche. El principal atractivo del cerro López fue la nieve. Mientras había nieve en La Hoya centenares de personas subían a tocarla, a verla, a jugar en ella”.

En efecto, “esto fue muy bien aprovechado turísticamente. Las agencias en Bariloche lo ofrecían como atractivo principal y los guías en las camionetas alentaban a los pasajeros a ir hasta ella. Los que subían y lograban tocar la nieve podían comprar en el refugio un escudito blanco, con prendedor, con el logo del refugio, que servía para mostrar que se había llegado a la nieve”.

Además, “en La Hoya se alquilaban trineos y también bicicletas para deslizarse por el manto blanco. Era común que muchos visitantes vieran por primera vez nieve en sus vidas, lo cual constituyó una experiencia inolvidable”, admite Arko. Es más, “había años en que la nieve duraba todo febrero, lo que permitía que comercialmente la temporada fuera muy buena” para quienes comercializaban la excursión y para el refugio.

La excursión significó para mucha gente la primera experiencia con la nieve. Gentileza Toncek Arko.

No obstante, uno de los empresarios que se menciona más arriba, convenció a Sonntag “para que vendiera el terreno y el refugio a Olympus”, la firma detrás del megaproyecto que nunca prosperó. “En los 90 el entorno comercial del refugio se había modificado. Lo principal que cambió fue el estado del camino vehicular de acceso. El uso intensivo del mismo demandaba mucho mantenimiento y ello significaba mucho trabajo y dinero”.

Bastante esfuerzo

Neoliberalismo mediante, “el apoyo municipal había mermado y la gente que usaba el camino colaboraba muy poco con su buen uso”, cuestiona el historiador de la montaña. “Para colmo, ante un problema, los que debían auxiliar a los atascados en el barro o con problemas eran los encargados del refugio. Estos trabajos solían demandar varias horas y bastante esfuerzo”. Con el tiempo, “al no estar el camino en buen estado, las agencias de viajes no enviaban sus unidades”.

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Entonces, llegó el momento en que “solo se podía subir en vehículos 4x4, que en esos años aún eran escasos. Los Sonntag veían que la etapa del cerro López se les estaba terminando. La sociedad también había cambiado. Cada vez había mayor cantidad de requisitos, seguros, comodidades y habilitaciones para trabajar en turismo. Uno de los continuadores “creó una agencia de transportes, Safari Patagonia Expediciones, para trasladar a los visitantes en 4x4, pero la demanda fue escasa. La realidad indicaba que el gran trabajo que implicaba atender el refugio, mantener el camino y subir la mercadería no lograban un retorno satisfactorio”.

Ante la perspectiva poco alentadora, “el refugio se comenzó a abrir durante los inviernos de 1994 y 1995, con poca nieve, intentando captar el público estudiantil y los individuales con los vehículos de Safari Patagónico. Los egresados, comenzaron a subir algunos grupos en modernos vehículos Land Rover, Defender, ideales para este tipo de caminos. El turismo estudiantil asomaba como un negocio redondo, con una afluencia asegurada cada año”, pero esa es otra página. La excursión al cerro López pertenece a la historia.

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