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11/10/2026

El noruego desconocido que merodeó por Bariloche cuando todavía no existía

Ingeniero de profesión, acampó a orillas del Nahuel Huapi como etapa de su viaje hacia Chubut. Conoció a un “primer poblador” del futuro San Carlos que tiene poca prensa.
El Limay a la altura de Villa Llanquín. Schjander y su grupo bajaron por la orilla neuquina hasta cruzar a la altura de Dina Huapi.
El Limay a la altura de Villa Llanquín. Schjander y su grupo bajaron por la orilla neuquina hasta cruzar a la altura de Dina Huapi.

Comprensiblemente, nadie supo de la presencia de Nils Johan Schjander en cercanías del Nahuel Huapi poque el relato que legó permaneció inédito hasta 2000, cuando se publicó en su idioma de origen: el noruego. Durante el año que transcurre, una editorial con sede en Chos Malal (Neuquén) se tomó el trabajo de imprimir una versión en castellano de sus escritos, aporte que resulta fundamental para reconstruir el pasado de la Patagonia en un período clave: el bienio 1889 y 1891. Ingeniero de profesión, el nórdico pasó por Bariloche sin dar cuenta alguna del poblado porque precisamente, todavía no existía. Sin embargo, conoció durante su inverosímil periplo a un personaje que revistaría después como uno de los “primeros pobladores” del futuro San Carlos.

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Si bien no faltan los diarios de viajes que durante el siglo XIX trazaron panoramas muy valiosos sobre el acontecer regional antes y después de la así llamada Campaña al Desierto, el punto de vista de Schjander no tiene que ver con los de Guillermo Cox, George Musters o Francisco Moreno. El nórdico no llegó como espía de indígenas ni participaba directamente del andamiaje de los vencedores. “Su voz emerge desde una posición intermedia y ambigua: la de un técnico europeo contratado para medir y dividir tierras e igualmente dotado de una sensibilidad que lo lleva a observar con atención crítica el mundo humano que estas tierras contienen”, dice en el prólogo el poeta y funcionario neuquino Raúl Mansilla.

Es muy tentador caer en la imagen de un “vikingo en la Patagonia”, pero, aunque con contradicciones en su fuero íntimo, el profesional llegó aquí al dejarse contratar por La Compañía, es decir, la célebre “Southern Argentina Land Company”, por entonces de capitales ingleses y desde mediados de los 90, propiedad de la corporación italiana Benetton. Para dirigirse a la estancia de su empleador, realizó una travesía que impresiona, a caballo o mula, desde Buenos Aires y que determinado momento de su desempeño, lo acercó al lago que bendice el rincón del norte patagónico donde se alza Bariloche.

Sumémonos a la comitiva de Schjander en el Alto Valle del río Negro, donde entabló relación con un personaje que ganó celebridad por el rol que asumió al perseguir bandoleros de su misma nacionalidad. “El cowboy Sheffield, a quien teníamos que localizar, era bien conocido por todos en General Roca. Le temían un poco, porque cuando venía a la ciudad desde el lugar donde realmente residía, a unas 12 leguas al oeste (aproximadamente 60 kilómetros), le gustaba beber un poco demasiado, y entonces temían a su revólver. Solía divertirlos disparando a cosas que le lanzaban al aire” y “nunca fallaba”.

Pasto jugoso

Después de encontrarse con el estadounidense y de cruzar en bote el río Neuquén, el grupo comenzó a cabalgar en forma paralela el río Limay. “El terreno era ahora más accidentado de lo que estábamos acostumbrados”, es decir, menos llano. “También había árboles aquí y allá en grupos, y el pasto era mucho más jugoso y denso que en Pampa Central, y también tenía un color más fresco”, consignó el noruego.

El ingeniero y topógrafo que vino a trabajar para La Compañía.

El grupo tuvo necesidad de incorporar baqueanos: “cerca de donde vivía Sheffield, conseguimos un indígena, Lefipan, o, como también lo llamaban, Anasario (sic). Era conocido a lo largo de un tramo del camino y hablaba un español aceptable, así que lo tomamos como peón, ya que Sheffield se quedaría y no teníamos otro peón”, anotó Schjander. Las cursivas o itálicas están en el original, probablemente porque usó la expresión en castellano en su texto en noruego.

En los párrafos siguientes, el nórdico se consagró bien a ponderar, bien a despotricar contra las mulas en que viajaban, hasta que “después de seis días de cabalgata desde General Roca, llegamos a Fortín Nogueira, que consistía en un par de viviendas de barro y paja donde un cabo con unos pocos hombres estaba destacado desde General Roca”. Poco antes de llegar a ese emplazamiento, el contingente sumó otro integrante: “nos encontramos con un indígena mayor que se hacía llamar Fernando. Apenas entendía español y lo hablaba aún menos, pero con Anasario como intérprete supimos que era conocido en toda la Patagonia, y lo contratamos como baqueano”.

Poco después el grupo pasó “el río Pichi Picun Leufu”, más tarde el noruego se extasió ante la primera vista que tuvo de la cordillera y atravesó no sin dificultades el Collon Cura. En fechas tan tempranas ya vivían en el área dos alemanes, a quienes el ingeniero identificó como “el Sr. von Ahlefedt (Don Carlos Primero) y el Sr. Bäcker (Don Carlos Segundo) con su familia”. Para Mansilla, que también se ocupó de las notas el pie, el primero era un aristócrata.

Al describir a sus empleados, Schjander encontró que “Anasario era un tipo inquisitivo, mientras que el viejo Fernando, aparentemente, no creía que necesitara aprender nada. Ninguno de los dos era cristiano. Ambos pertenecían a la tribu manzanero (sic), que es la más numerosa por estos lares. Los chilenos llaman a la tribu araucanos. Como baqueano, Fernando, era irremplazable, pero al principio siempre nos impacientaba no poder saber qué tan lejos estábamos de algún lugar”, se quejó.

Aguanieve en Traful

Después de cruzar el Traful bajo una persistente aguanieve, la partida arribó adonde nos interesa: “Finalmente, llegamos unos pocos cientos de metros por debajo de donde el Limay desemboca (sic) en el lago de montaña Nahuel Huapi. Allí, nos había dicho Sheffield, debía haber una especie de bote que él había construido. Encontramos un naufragio, que reparamos lo mejor que pudimos. En esta embarcación se transportaron todas nuestras pertenencias a la orilla sur del Limay”, es decir, la Dina Huapi de hoy, “mientras que las mulas tuvieron que nadar a través del agua helada”.

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El noruego y sus compañeros acamparon “en la orilla del Nahuel Huapi, que es el lago más hermoso y grandioso de esas regiones en la Cordillera de los Andes”. Después corrigió su apreciación y confió que el Limay no desemboca si no que nace del espejo de agua, y advirtió que “se encuentran algunos restos de una especie de cercado”. El ingeniero no pudo describir a Bariloche porque todavía no existía y cuatro días después, ya estaba en el río Chubut.

Ahora bien, su peón no pudo ser otro que Nazario Lefipan, a quienes algunas fuentes identifican como uno de los “primero pobladores” del futuro San Carlos, aunque con menos prensa que los inmigrantes de origen de europeo, norteamericano o chileno. En efecto, aparece en la planilla censal de 1895, justamente a renglón seguido de Carlos Wiederhold, a quien últimamente se atribuye el carácter de fundador de Bariloche.

Como puede leerse en una imagen del documento que nos facilitó el minucioso Claudio Vargas Ojeda, Nazario contaba por entonces con 30 años y era “cultivador”, oficio que como sabemos, demanda permanencia en determinado sitio. Evidentemente, vivía aquí con su pareja, porque sigue en la planilla Carmen, de 25 años, con su mismo apellido para el censista. No obstante, y según otras fuentes, de soltera era Quidulef. El enlace formal se concretó en 1898. Fueron hijos del matrimonio Juana (1893), Miguel (1894), Valeria (1896) y Cristóbal (1898).

Otra pista sobre el otrora peón del noruego. Para Julio Riesgo, quien fuera vecino de Bariloche por tres décadas en la segunda mitad del siglo XX y escribió numerosos artículos sobre el pasado del pueblo, “allí al pie del arroyo Ñireco estaba el único poblador de leguas derredor: un indígena llamado Nazario Lefipán, que vivía de pequeña huerta y crianza de aves, con su compañera Carmelita (¿Carmencita?) Quidulef y varios hijos. Ese lugar se conocería en 1895 como San Carlos y ya en 1900 como San Carlos de Bariloche”. No podía saberlo, pero el noruego Schjander cabalgó leguas y leguas con un pionero silenciado de la ciudad.

El libro de Nils Johan Schjander se titula "Un viaje a la Patagonia (En reise til Patagonia)". Traducción, prólogo y notas Raúl Mansilla. Casa Editora Utopía Patagonia.

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