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23/09/2026

Banda de Bariloche cumple 15 años: al principio “no sabíamos si les gustaba o si no transmitíamos nada”

Un disco compacto, un álbum conceptual, una tremenda pérdida, una reciente película… Cuando Pelusa en el Pupo mira para atrás, advierte que escribió una página importante del rock barilochense.
Pelusa y su formación actual.
Pelusa y su formación actual.

Uno recién llegaba de La Matanza, zona chiva del conurbano bonaerense. Los otros dos de Córdoba y probaban su mala suerte como fleteros. Se encontraron casi de manera fortuita y resultó evidente que tenían un elemento en común: la música. Quince años después, pueden darse el gusto de mirar para atrás y decir con merecido orgullo que esa vez, empezaron a escribir una página grosa del rock de Bariloche. La banda resultante se apresta a festejar como Dios Huemul manda y lejos de cerrar el libro, todavía queda mucha senda por recorrer.

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Al comienzo fue la falta. “Estaba recién llegado a Bariloche. Alquilaba una casa que pertenecía en lo más alto del cerro Meta, sobre la Ruta 40, frente al lago Gutiérrez. Venía de los barrios bajos de La Matanza y el caos de Baires, donde tocaba la guitarra en varios proyectos y ensayaba decenas de horas por semana. Estaba buscando tranquilidad, pero en ese cambio de vida radical me faltaba algo: seguir haciendo música, y como siempre en banda. Para eso tenía que empezar a relacionarme”, evocó Damián Marchetti, por entonces, inminente fundador de Pelusa en el Pupo.

“Un día, después de limpiar el terreno y juntar varios metros cúbicos de basura, arranqué un papelito de un poste que ofrecía flete, con la idea de llevar los desechos al Vertedero”, recordó el músico. “Cuando la Ford F-100 llega a mi casa, se le rompe el tren delantero y queda estancada. Se bajan dos pibes desolados (Nicolás Chino Budack y Tomás Verrater), sin saber qué hacer tan tarde y en un lugar de difícil acceso. Los invito a pasar a tomar algo mientras veían cómo resolverlo. Ven mi mini sala de ensayo con las guitarras y los equipos, me miran y dicen: ¿sos guitarrista? Nosotros somos batero y bajista… Estaban recién llegados de Córdoba, tenían un dúo de free jazz y querían armar algo más rockero. A los pocos días ya estábamos zapando, conectando y dándole vida al proyecto”.

El Cordillerano: ¿cómo fue la primera recepción? Ahora la banda tiene letras, pero recuerdo que básicamente era rock instrumental y videos. ¿Cómo reaccionó el público?

Damián Marchetti: Hicimos una audición de cantantes publicando en la vieja revista ABC, pero no encontrábamos el timbre ni la voz. La libertad de la música nos llevó a un camino que yo venía experimentando en Buenos Aires: el audiovisual. Dijimos: “las pantallas van a ser nuestras letras”. Salimos a la cancha como una propuesta de “Rock inquieto” e imágenes en vivo, combinando rock progresivo, psicodelia, folklore y siempre compromiso social. Fue un impacto total, y para nosotros, un terreno incierto. La gente en Bariloche no estaba acostumbrada a una banda instrumental con un discurso que pasara íntegramente por la fuerza del sonido y la potencia del video sincronizado. Presentar temas como “Memoria ancestral” proyectando intervenciones sobre el monumento a Roca, las denuncias contra la megaminería o los incendios forestales, cruzados con toques de humor bizarro, generaba un público inmóvil, mudo, casi sin expresión. No sabíamos si les gustaba o si no transmitíamos nada.

Prueba de sonido en el Frey.

Damián admitió cierto desconcierto. “nos llevó tiempo entender lo que pasaba: estaban digiriendo lo que veían y escuchaban. Había muchísima información, sumado a que las composiciones no eran bailables ni mantenían un tempo o tono fijo. Pero lo que más nos conmovió fue el despertar de varios pibes de sangre mapuche que se nos acercaban conmovidos a decirnos que, a través de nuestra música, les nacían las ganas de investigar esas raíces de sus abuelos. El mensaje estaba llegando. La construcción de la mitología del Dios Huemul terminó de darle la columna vertebral poética a un público que entendió que esto era una experiencia sensorial”.

Tanto tiempo supo de etapas. La primera transcurrió entre 2011 y 2016 e implicó “nacer entre la ceniza del volcán Puyehue. El primer formato power trío instrumental, los conciertos audiovisuales y salir a tocar a donde sea: desde el refugio Frey, a la Línea Sur, Chile y Buenos Aires, hasta la Fiesta de la Nieve y algún barrio del Alto. En esta etapa se suma de forma escalonada Ezequiel el Mago Ruiz: primero con quenas y tambores, después con la guitarra criolla, las composiciones en conjunto que hoy son pilares de nuestro repertorio y, finalmente, su voz. En paralelo, de forma orgánica, se sumaron la danza, el teatro y la pintura en vivo, conformándonos quizás sin pensarlo como una especie de colectivo artístico”.

Disco compacto

El lustro siguiente se caracterizó por la edición de “Canta la tierra”, “nuestro primer CD físico (2018), grabado a pura autogestión. La fiesta de lanzamiento en el hotel Valle del Sol fue inolvidable: esperábamos gente de Bariloche y cayó público de La Comarca y el Alto Valle. El CD nos dio muchas alegrías, una de ellas: ser parte de la obra de teatro/danza Abyecto, del grupo Manifiesto. Cerramos la etapa festejando los 10 años en el inolvidable Centro Cultural Fylgja”.

Un tercer capítulo se limitó a 2002, con el lanzamiento de “Utopías en el desierto virtual”, “nuestro segundo trabajo discográfico. Dimos un salto enorme en la calidad de audio. Fue el canal perfecto para reencontrarnos cara a cara con la familia pelusera tras el aislamiento de la pandemia”, reconstruyó Damián. Después, las cosas se complicaron. En 2023 se produjo “la partida del Mago”, puntualizó el Pelusa.

Comprensiblemente, fue “un doloroso golpe, pero transformamos la pena en acción colectiva organizando el Homenaje Mágico a beneficio de sus hijos en La Llave y lanzando el EP conceptual Quimeras”. Después, “iniciamos 2024 compartiendo escenario con alguna banda nacional en un María Auxiliadora explotado y comenzando a consolidar una nueva formación que sigue hasta el día de hoy”.

El Dios Huemul está de fiesta.

Los 15 años de la banda casi que coinciden con el estreno de su primera película de ficción, más alianzas artísticas con Grupo Grumo, Tribu Esteparia y Pasiflora Creaciones. “Logramos dar a luz a Ñamku: fuego, memoria y barro, una ficción que entrelaza el mito ancestral y la alegoría política. Un nuevo hito pelusero con estreno oficial el pasado 1° de agosto, Día de la Pachamama, otra noche imborrable para nuestra historia”.

EC: ¿hoy miran para atrás y qué ven? ¿Qué se logró, que faltó, qué queda por hacer?

Zbjka Boock: yo estoy hace dos años y medio. Antes de entrar a la banda fui seguidora de Pelusa, la veía desde afuera, disfrutaba su música y me fascinaba esa forma tan particular de hacer rock. Y lo más lindo es que, ahora que estoy adentro, me sigue generando lo mismo: esa sensación de estar frente a algo inquieto, difícil de encasillar y con una energía muy especial.

Cuando miro el recorrido, veo una banda que nunca dejó de buscar, de crecer y de desafiarse. Hemos girado, tocado en escenarios muy distintos y construido una música que no es fácil de tocar. A mí, justamente eso es lo que más me fascina: que sea difícil, que sea inquieta, que te obligue a estar siempre atento. Muchas veces nos dicen: “¡ustedes están re locos!” y creo que un poco de eso hay, pero es parte de la magia. Si es difícil y encima rock, mucho mejor.

Seguro quedan un montón de cosas por hacer: seguir tocando, seguir viajando, llevar esta música y mensajes comprometidos a lugares nuevos y, principalmente, seguir sorprendiéndonos hasta a nosotros mismos. Todavía haya ganas de ir por más.

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Pelusa en el Pupo festejará el próximo sábado (26 de septiembre) desde las 20 en el salón de la comunidad Millalonco Ranquehue (Ruta 82 frente al Puente Negro). “Armamos un encuentro en el que se van a abrazar las siete bellas artes”, retomó Damián. En efecto, se va a proyectar “Ñamku: fuego, memoria y barro” y habrá pintura en vivo con Horacio Ferrari. También danza con Tribu Esteparia y sorpresas para el cierre, aunque también serán de la partida Ailín Galindo y Sebastián Jacque Tilleria (poesía); más Juan Manuel Rodríguez (teatro). Grumo aportará sus tradicionales máscaras y desde ya, sonará la música de la banda cumpleañera. “Como canta el Mago en Los pibes en el circo sin pan: Pelusa sigue acá, fotografiando este tiempo”.

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