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11/09/2026

El 11-S también llegó a Bariloche: la conferencia internacional que terminó en la ciudad tras los atentados

La ciudad fue sede de una importante conferencia nuclear en noviembre de 2002 que originalmente estaba prevista en Bali. Los atentados cambiaron el destino del encuentro.
El momento en el que el segundo avión impacta contra la segunda torre en Estados Unidos.
El momento en el que el segundo avión impacta contra la segunda torre en Estados Unidos.

A 25 años de los atentados contra las Torres Gemelas, una historia vinculada con la actividad científica de Bariloche permite reconstruir una de las consecuencias menos conocidas de aquel episodio: el impacto que tuvo sobre una conferencia internacional dedicada a reducir el uso de uranio altamente enriquecido en reactores de investigación.

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La 24ª Conferencia Internacional sobre RERTR (Reduced Enrichment for Research and Test Reactors) se realizó en Bariloche entre el 3 y el 8 de noviembre de 2002 y fue organizada por la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA). El encuentro reunió a más de 200 especialistas de aproximadamente 30 países.

La reunión anual debía realizarse en Bali, Indonesia, en 2001, pero fue suspendida luego de los atentados terroristas del 11 de septiembre en Estados Unidos. Un año después, los especialistas se encontraron en Bariloche para avanzar en uno de los principales objetivos del programa: reemplazar progresivamente el uranio altamente enriquecido utilizado en reactores de investigación por combustibles de bajo enriquecimiento.

Detrás de aquella reunión había una discusión científica que llevaba más de dos décadas: cómo reemplazar el uranio altamente enriquecido utilizado en determinados reactores de investigación por combustibles de bajo enriquecimiento.

La elección de Bariloche tampoco fue casual. La ciudad ya tenía una importante infraestructura vinculada con la investigación nuclear y el Centro Atómico Bariloche era uno de los principales polos científicos del país.

¿Qué era el programa RERTR?

El programa RERTR había comenzado en 1978, impulsado por el Departamento de Energía de Estados Unidos, con un objetivo concreto: reducir progresivamente el uso de uranio altamente enriquecido (HEU) en reactores de investigación y ensayo.

Estos reactores no son centrales destinadas a producir electricidad. Se utilizan para investigación científica, generación de neutrones, producción de radioisótopos y distintas aplicaciones vinculadas con la medicina y la industria.

El problema estaba en el tipo de combustible utilizado por algunas de esas instalaciones.

El uranio altamente enriquecido contiene una proporción elevada del isótopo uranio-235. Por sus características, se trataba de un material de uso civil que también podía tener relevancia desde el punto de vista de la proliferación nuclear.

Por eso, el programa buscaba desarrollar combustibles capaces de mantener el funcionamiento y las prestaciones de los reactores, pero utilizando uranio de bajo enriquecimiento (LEU).

Para 2002, esa discusión llevaba más de veinte años de desarrollo tecnológico. Sin embargo, los atentados del 11 de septiembre introdujeron un nuevo elemento en el debate.

Después del 11-S, la seguridad nuclear adquirió otra dimensión

La conferencia que debía realizarse en Bali fue suspendida después de los atentados terroristas de 2001.

Cuando los especialistas finalmente se reunieron en Bariloche, el escenario internacional ya era diferente. La posibilidad de que grupos terroristas accedieran a materiales nucleares o radiactivos había adquirido una atención mucho mayor.

Durante la conferencia, Armando Travelli, responsable máximo del programa RERTR en el Argonne National Laboratory, explicó que el gobierno estadounidense había comenzado a prestar mucha más atención a la relación entre terrorismo y materiales nucleares.

En ese nuevo contexto, Estados Unidos y Rusia acordaron acelerar los trabajos destinados a convertir reactores de investigación para que pudieran utilizar uranio de bajo enriquecimiento.

Así, una conferencia que había sido programada antes de los atentados terminó desarrollándose un año más tarde bajo un escenario internacional completamente distinto.

Uno de los discursos de apertura de la conferencia

Argentina ya trabajaba en la reducción del uranio enriquecido

Pero cuando la conferencia llegó a Bariloche, la Argentina no partía de cero.

El país ya tenía experiencia en el desarrollo de combustibles de bajo enriquecimiento y también había participado de los esfuerzos internacionales para reducir el uso de HEU.

Uno de los antecedentes destacados durante el encuentro había ocurrido a fines del año 2000, cuando Argentina envió a Estados Unidos 207 combustibles gastados que contenían uranio altamente enriquecido de origen estadounidense.

Los elementos habían sido fabricados en el país y utilizados en el reactor RA-3 entre 1968 y 1987. El envío comprendió 166 elementos combustibles estándar y otros 41 elementos de control.

La devolución formaba parte del programa estadounidense destinado a recibir combustibles gastados provenientes de reactores de investigación.

Pero la participación argentina en el RERTR iba más allá de devolver material.

Desde la década de 1980, el país había desarrollado tecnología propia para fabricar combustibles de bajo enriquecimiento. Según la documentación presentada por la CNEA, para ese momento se habían enviado más de 600 elementos combustibles de este tipo a diferentes países, entre ellos Perú, Argelia, Irán y Egipto.

Ese desarrollo tecnológico había convertido a la Argentina en uno de los países con capacidad para producir este tipo de combustible.

Dos desarrollos argentinos que se mostraron en Bariloche

La conferencia también funcionó como una vidriera para presentar algunos de los avances que la Argentina había conseguido en materia nuclear.

Uno de ellos estaba relacionado con la producción de molibdeno-99, un radioisótopo de gran importancia para la medicina nuclear.

La CNEA había desarrollado blancos de bajo enriquecimiento para producirlo y, de acuerdo con el informe presentado durante la conferencia, había conseguido eliminar el uso de uranio altamente enriquecido en ese proceso.

El segundo desarrollo estaba vinculado con el uranio-molibdeno (U-Mo), un material que por entonces aparecía como una de las alternativas con mayor potencial para fabricar combustibles de alta densidad destinados a reemplazar al HEU.

Argentina participaba del programa internacional para calificar este combustible y, al mismo tiempo, avanzaba con desarrollos propios.

Uno de ellos consistía en producir polvo de U-Mo mediante un procedimiento denominado HMD (hydriding-milling-dehydriding).

La tecnología permitía obtener el material necesario para fabricar los elementos combustibles. En 2002, el proceso ya había sido desarrollado a pequeña escala y la CNEA trabajaba en su ampliación hacia una capacidad industrial.

 

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