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RECORRIÓ LA ACTUAL REGIÓN SUR DE RÍO NEGRO

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06/09/2026

Un espía inglés husmeó en la Patagonia 10 años antes de la Campaña al Desierto

Es llamativa la coincidencia entre las concesiones de tierras que lograron capitales británicos a partir de 1880 y las descripciones que publicó sobre las más atractivas.
La Estancia Pilcanieu de la Compañía fue punta de riel durante muchos años. Archivo Visual Patagónico.
La Estancia Pilcanieu de la Compañía fue punta de riel durante muchos años. Archivo Visual Patagónico.

Un espía inglés recorrió el interior de la actual provincia de Río Negro nueve años antes de la así llamada Campaña al Desierto. Las referencias escritas que dejó, junto con muestras de vegetales y minerales, sirvieron como base para la solicitud de concesiones por parte de la célebre Compañía Argentina de Tierras del Sur Limitada (ASLCo por sus siglas en inglés), más conocida sencillamente como La Compañía en el campo rionegrino y chubutense. El Ejército Argentino pudo valerse de los mismos datos al concretar su avance hacia el lago y la zona donde hoy se emplaza Bariloche en 1881 y en 1883.

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La precedente es la hipótesis que desarrolla Cristian Pablo Müller en su obra “Las colonizaciones del Nahuel Huapi. Patagonia – Argentina”, que editó en 2017. De profesión agrimensor, el autor realizó una minuciosa investigación a la que sustenta con la reproducción de planos catastrales que tienen más de 100 años. Según su análisis, la extranjerización de la tierra no es novedad alguna en el norte de la Patagonia, con intereses británicos como claros beneficiarios de la política que se llevó desde 1879 en adelante.

Dos décadas después de la llegada de las tropas “la sección central en el territorio de Río Negro estaba compuesta por las siguientes estancias que figuran como colonias en el Plano Demostrativo del estado de la tierra pública en los territorios nacionales del Sud de la División Geodesia de la Dirección de Tierras y Colonias de 1900 de acuerdo a lo que indica la codificación de color de las referencias: Huanu Luan, Mari Lafquen, Epu Lafquen, Ñe Luan, Renangueyen, Rucu Luan, Cansu Lafquen y Sierra Colorada”.

La misma distribución se puede ver “con más detalle en el Atlas del Plano Catastral de la República Argentina del año 1905 donde siguen figurando como colonias. Solo esta sección suma 320.000 ha. Todas las colonias son dibujadas con el fraccionamiento y el centro urbano proyectado”. Si bien la mayoría de la toponimia de origen cayó en desuso, puede advertirse que corresponde a parajes de la actual Región Sur de la provincia.

Vaya coincidencia

Es más, “la línea punteada que una las concesiones de Sierra Colorada, Cansu Lafquen, Epu Lafquen, Mari Lafquen y Huanu Luan (en el plano del que se valió Müller) corresponde al itinerario del comandante de la Marina Real George Musters de 1870”. El marino viajó en forma longitudinal por la región en forma longitudinal: llegó desde Punta Arenas (Chile) hasta la isla Pavón en Santa Cruz y allí se incorporó a una caravana de lxs aonikenk que él identificó como patagones.

Ilustración que acompañó la primera edición del libro de Musters.

Desde latitudes tan australes llegó hasta la ruca de Sayhueque en el sur neuquino del presente, para luego retornar hasta Pilcaniyeu y dirigirse hacia el este, en coincidencia con el trazado de la Ruta Nacional 23 y del ferrocarril en el presente. “Si bien no existe reconocimiento oficial de que Musters fuera un espía inglés, algunos autores como (Julio) Vezub no dudan en considerarlo como tal”.

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Sucede que “sus planos terminaron en la Royal Geographical Society y sirvieron de base para la solicitud de tierras que hiciera la Compañía. No he encontrado la confirmación, pero se decía que la ASLCo. era, en parte, la mismísima Corona británica”, arriesga el agrimensor. “Las plantas, de las cuales no queda claro en el libro de Musters si fueron muestras o dibujos, fueron identificadas por el director del Royal Gardens Kew (Jardín Botánico Real) y las muestras minerales colectadas clasificadas en el Museum of Mines”, añade el autor, para sustentar su hipótesis.

No por nada, “las concesiones serían ubicadas en los lugares utilizados por los indios (sic) como paraderos por la existencia de agua y la calidad de sus pastos”. Las descripciones del inglés pueden leerse en su libro “Vida entre los patagones”, del cual hay varias ediciones y circula comercialmente. “Me surge al ver los itinerarios de Musters en la documentación oficial, si la información generada por el marino no sirvió también al propósito militar argentino de la Campaña de los Andes al sur de la Patagonia, notificando sobre la ubicación de los aborígenes en el territorio, sus lugares para repostar, aguadas, etc.”

Müller se refiere a la tercera fase de la Campaña al Desierto. Si bien las sendas que había recorrido el marino fueron las mismas que siguió una brigada del Ejército en parte de su expedición al Nahuel Huapi en 1881, en 1883 las tropas se lanzaron hacia el sur por un trayecto similar a la antigua Ruta 40, es decir, desde Dina Huapi hacia Chacay Huarruca, Las Bayas y Ñorquinco. Caminos todos que había relevado el oficial británico.

La masonería

Según el agrimensor, no hay mucho de qué asombrarse. “Tengamos en cuenta que los ingleses y el gobierno nacional era aliados económicos y el territorio ganado fue dividido entre ambos”, subrayó. “Además, debemos considerar que, según Francisco Juárez, Musters era masón de la Logia Excelsior N°617 de Buenos Aires desde 1864 y este hecho ya deja ser una cuestión aislada y se va transformando en un hilo conductor de la historia del gobierno argentino de esos años”.

Trabajos en Maquinchao en 1905, cuando buena parte de la Región Sur de Río Negro era posesión británica.

En otras páginas de su libro, Müller se había detenido en la filiación masona de buena parte de los “expedicionarios al desierto” y también, de quienes se beneficiaron con la adjudicación de enormes extensiones de tierras una vez que se agotara la resistencia mapuche. “Años más tarde, un itinerario similar al seguido por Musters será cubierto por la línea del ferrocarril y mantendrá por muchos años la estancia Pilcañeu como punta de riel y uniría algunas estancias de la Compañía con el puerto de San Antonio”.

Como Bariloche estaba por entonces más vinculada a capitales alemanes y su circuito comercial miraba al Pacífico, los intereses ingleses no tuvieron prisa alguna en que continuaran los trabajos. “Si bien los estudios técnicos comenzaron en 1908 a cargo de los ingenieros Arturo Gasperson, D.L. Reburn, Guillermo Juárez y Emilio Frey, en la cartografía catastral de 1905 ya se puede ver un trazado tentativo”.

En efecto, “recién en 1929 se completaría el tramo San Antonio – Pilcaniyeu y allí, casualmente en la estancia inglesa, se paralizarían las obras”, ironiza el investigador. “El 5 de mayo de 1934 llega el primer tren a S.C. de Bariloche. La lenta construcción del último tramo por falta de aportes del Estado nacional llevará a uno de los contratistas de la obra Primo Capraro, a la quiebra”. Como se sabe, su fin fue más trágico aún. Las Malvinas ya estaban bajo ocupación británica, pero en Buenos Aires nadie concedió mayor importancia al suceso y fueron del mismo origen los capitales que se hicieron con inimaginables extensiones de tierras en Patagonia.

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