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25/08/2026

“Primero siempre es pura ternura”: cómo trabaja el Hogar de Cristo para acompañar a jóvenes en situación de vulnerabilidad en Bariloche

Michael Belmont, referente y coordinador del Hogar de Cristo de Bariloche, habló sobre la complejidad de las situaciones que atraviesan los jóvenes que llegan al espacio y destacó la importancia de reconstruir vínculos, recuperar oportunidades y generar redes de inclusión. “Necesitan un abrazo de la sociedad”, sostuvo.
Michael Belmont, uno de los coordinadores del trabajo en el Hogar de Cristo. Foto: Eugenia Neme.
Michael Belmont, uno de los coordinadores del trabajo en el Hogar de Cristo. Foto: Eugenia Neme.

La exclusión social no tiene una sola causa. Detrás de una persona que llega al Hogar de Cristo de Bariloche pueden convivir consumos problemáticos, situaciones de calle, conflictos con la ley, falta de oportunidades laborales, dificultades familiares y una profunda ruptura de los vínculos sociales.

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Así lo describió Michael Belmont, referente y coordinador del espacio, quien sostuvo que el actual escenario social, económico y político profundiza situaciones de vulnerabilidad que requieren respuestas colectivas.

“Es la complejidad, la múltiple causalidad de la exclusión”, explicó Belmont en Chocolate por la Noticia de El Cordillerano Radio 93.7 al analizar el panorama actual. Según señaló, el retroceso de oportunidades laborales y el debilitamiento de los lazos comunitarios son situaciones que observan cotidianamente, particularmente en distintos sectores de El Alto de Bariloche.

Para el coordinador del Hogar de Cristo, frente a esta realidad resulta necesario fortalecer el trabajo conjunto entre las organizaciones sociales y el Estado. “Podamos entre todas las organizaciones que estamos, somos muchas, también entre los funcionarios del Estado que tienen conciencia, buscar juntos y articular juntos estrategias de inclusión”, planteó.

Belmont también advirtió sobre una tendencia al individualismo que, a su entender, termina debilitando la construcción comunitaria.

“Lo comunitario, lo inclusivo comienza como a perder fuerza”, sostuvo. Frente a eso, consideró necesario recuperar una mirada de sociedad que permita incluir a quienes quedaron al margen.

El trabajo del Hogar trae sus frutos 

Más allá de dejar el consumo

El trabajo del Hogar de Cristo no se limita al acompañamiento de personas que buscan dejar un consumo problemático. El objetivo, explicó Belmont, es abordar de manera integral las distintas dimensiones de la vida de quienes llegan al espacio.

“Las dos dificultades grandes que tienen los chicos que van haciendo procesos, no solo que van dejando la droga, sino que van saneando sus situaciones con la justicia, que van sanando sus vidas, sus cuerpos, sus mentes, necesitan un abrazo de la sociedad, un abrazo de vínculo”, afirmó.

El vínculo ocupa un lugar central en ese proceso. “Nosotros trabajamos mucho con el vínculo, somos un hermano más, un ciudadano más, un compañero más de camino”, explicó. A ese acompañamiento se suma la necesidad de recuperar herramientas para la vida cotidiana: la integración laboral, la posibilidad de acceder a una vivienda y la reconstrucción de los vínculos familiares.

Muchos de quienes llegan al Hogar de Cristo atravesaron situaciones de calle y algunos no cuentan con una familia que pueda volver a recibirlos. En esos casos, conseguir una habitación o un lugar donde vivir se convierte en una parte fundamental del proceso de recuperación.

Por eso, Belmont hizo un llamado a la comunidad de Bariloche, al sector empresario y a los distintos niveles del Estado para profundizar las estrategias de inclusión. “Que podamos seguir buscando estrategias de inclusión y de sostener lo que queremos en la sociedad, que es una sociedad para todos, no para algunos”, expresó.

El primer encuentro: recibir antes que juzgar

Uno de los momentos más importantes del trabajo del Hogar de Cristo es el primer contacto con una persona que llega atravesando una situación de extrema vulnerabilidad.

Belmont explica que allí no hay recetas ni respuestas automáticas. El primer paso es recibir.

Para describir esa mirada, recupera una enseñanza del papa Francisco, quien estuvo vinculado a la creación de los Hogares de Cristo y que, según recordó Belmont, tomó el gesto bíblico del lavado de pies como una referencia para el trabajo con quienes llegan al espacio. “Al que llega le lavamos los pies”, contó. El significado de ese gesto es profundo: ponerse al servicio de quien llega herido.

“Lavarle los pies a alguien en la Biblia es ponerse al servicio de esa persona que viene rota, que viene dolida, herida profundamente”, explicó. Por eso, el primer encuentro comienza lejos de cualquier formalidad burocrática. “Primero siempre es pura ternura”, definió Belmont.

Puertas abiertas, una merienda, un almuerzo caliente, sentarse junto a la salamandra y comenzar una conversación tranquila. Recién después llega una entrevista más formal para conocer la situación y determinar qué tipo de acompañamiento necesita cada persona.

La puerta puede abrirse de diferentes maneras. Alguien puede acercarse por sus propios medios, ser derivado por una institución o ser encontrado por los propios integrantes del Hogar de Cristo durante el trabajo territorial. 

Dos decisiones para comenzar el camino

En ese primer proceso, Belmont destaca dos decisiones que considera fundamentales y que deben surgir de la propia persona. “La primera es querer dejar la problemática, sea la adicción mezclada con lo que venga, situación de calle, lo que fuera, y segundo es dejarse ayudar”, explicó. No se trata de un camino sencillo. “Son dos cosas muy difíciles para todos nosotros”. 

El acompañamiento comienza entonces en el centro barrial, donde se encuentran lunes, miércoles y viernes, de 10 a 18. A partir de allí se evalúa cada situación y, cuando la persona está preparada, puede avanzar hacia una instancia de alojamiento.

Belmont aclaró que prefieren no hablar de “internación”, sino de alojamiento dentro del dispositivo o mediante la articulación con otros espacios. El trabajo también se sostiene en red con otros Hogares de Cristo de la Patagonia y de la provincia de Río Negro, entre ellos los de Viedma, General Roca y Villa Regina. “Vamos compartiendo los esfuerzos”, señaló.

El proceso contempla distintos momentos o “umbrales”, a través de los cuales cada persona va avanzando en su recuperación integral. No necesariamente todo el recorrido se realiza en un mismo lugar: en muchos casos se articula con otros dispositivos de la red.

Un espacio de contención en tiempos difíciles 

“Tengo el corazón lleno de rostros”

Después de años de acompañamiento, Belmont reconoce que son muchos los casos que dejaron una huella. “Muchos. Tengo el corazón lleno de rostros”, expresó.

Cada historia es diferente, pero hay situaciones que demandan un esfuerzo particularmente grande. Son aquellas en las que se combinan los consumos problemáticos con la situación de calle y los conflictos con la ley.

En esos casos, el trabajo requiere también una articulación permanente con organismos judiciales y penitenciarios. “Son problemáticas que se complejizan un montón, entonces nos hacen pasar buenos insomnios para ver cómo encontramos las mejores herramientas para los procesos”, contó.

Los procesos no son lineales. Hay avances y retrocesos, y algunos pueden extenderse durante mucho tiempo.

Entre las historias que conserva especialmente, Belmont mencionó la de un joven que lleva alrededor de un año y medio transitando el proceso en el Hogar de Cristo. Después de años de situación de calle y conflictos con la ley, actualmente se encuentra atravesando los últimos “umbrales” de recuperación.

Pero su historia tiene además otro componente. Comenzó a acompañar a otras personas que atraviesan situaciones similares. Se convirtió en un acompañante par.

“Es una figura hermosa”, definió Belmont. Se trata de alguien que, después de haber transitado su propio proceso, comienza a acompañar a otros. “Un acompañante par es una persona que surge de los escombros, digamos, y hoy está acompañando a otros a recuperarse”. 

 

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