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14/04/2026

“La primera travesti de Bariloche” da a conocer su debut como escritora

El título del libro es “Sandy, una mujer trans”.
Contratapa del libro (imágenes gentileza de Sandra Igor).
Contratapa del libro (imágenes gentileza de Sandra Igor).

Sandra Igor, a quien se suele denominar “la primera travesti de Bariloche”, presentará, el viernes a las 20, en el café ubicado en España 507, su debut literario, “Sandy, una mujer trans”.

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“Desde hace mucho tenía ganas de plasmar, en un librito, mi experiencia, pero también la vivencia conjunta con las chicas, es decir, con el colectivo LGBTIQ+”, dice.

“Como una adulta trans que va a cumplir sesenta años, pongo en el libro lo que viví como una de las primeras trans de Bariloche”, explica.

En este punto, debe indicarse que su familia es de Villa Llanquín, y su madre vino al Hospital Zonal "Dr. Ramón Carrillo" para tenerla. “En ese momento, allá ni siquiera había una partera”, sonríe.

Sobre su identidad sexual, señala: “Era muy chiquita, tenía unos doce años y ya entendía mi diferencia de género. En realidad, fue a partir de una cuestión energética, porque, justamente, lo que se siente es una energía”.

“En esa época, iba a una escuela rural, en Villa Llanquín. Y el hecho de ser una persona diferente, transgénero, hacía que me vieran como ‘rara’. Brutamente, en ese tiempo me llamaban ‘puto’ o ‘trolo’”, evoca.

“Había poco conocimiento, hasta incluso por parte de los médicos”, afirma.

Sandra decidió plasmar su vida en un libro.

Sobre su avance en la vida, expone: “Cuando uno va madurando, crece espiritualmente, y comienza a ver las cosas de otra manera”.

Asimismo, considera: “Mis compañeras, ahora, en muchos aspectos, tienen el camino allanado, porque cuentan con una Ley de identidad de género… A mí me tocó ir a votar haciendo la fila de hombres, y era horrible”.

Igualmente, aclara: “La normativa ahora nos permite tener un documento adecuado, pero tampoco es que nos ampare tanto”. Y suma: “Por eso yo estoy llevando adelante una lucha por una reparación histórica para las personas adultas trans mayores”.

En tal sentido, especifica que la medida que ella pretende que se haga realidad debería abarcar a: “Chicas trans de cincuenta años en adelante, que sufrimos la época posmilitar, donde todavía existían el machirulismo y un montón de cosas”.

“Ni siquiera tuvimos la oportunidad de tener un aporte para poder jubilarnos”, apunta.

De esa manera, rememora tiempos donde, cuando salía a buscar empleo en Bariloche, la respuesta que escuchaba era: “¿Qué viene a hacer este trolo acá?”.

“Ni siquiera me daban un trabajo para limpiar el baño”, sostiene, para luego agregar que, en realidad, las cosas, más allá del paso del tiempo, no han cambiado demasiado: “Aún hoy, cuando ven a una chica trans, no te dan laburo”. Así, devela que, en determinado momento, ella debió prostituirse, y expresa: “Lo que pido es una pensión mínima para poder sobrevivir”.

“Busco que la sociedad entienda de que se trata este tema, porque hay gente que no lo comprende o lo malinterpreta”, apunta al respecto.

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“Mi libro es una biografía donde pongo lo que vivencié”, cuenta, aunque aclara que, incluso en esa suma de anécdotas que integran la obra, faltan historias. “Si alguna vez puedo escribir otro, pondré más cosas”, manifiesta.

Portada del libro.

En lo que hace a lo que aguarda acerca de la publicación de “Sandy, una mujer trans”, sostiene: “Mi expectativa es que quizá un chico trans lo lea y vea que hay una persona adulta que es una sobreviviente y lo puede ayudar en este camino, o que alguien que no sabe qué es la transición de una trans pueda leerlo. Es un libro pequeño, pero profundo”.

Por otra parte, destaca que, a la hora de llevar adelante el proyecto, se sintió apoyada por la Asociación Literaria Andina (ALA). “Es un grupo amplio, donde los poetas y narradores que lo conforman tuvieron el gesto de cobijarme, para poder hacer el libro”.

“Descubrí que escribir sana”, concluye.  

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