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17/02/2026

El "olor" que convoca al ataque: la feromona secreta de la chaqueta amarilla

La chaqueta amarilla activa, a través de una feromona imperceptible para los humanos, un sistema de defensa y reclutamiento que explica por qué donde aparece una, en minutos llegan muchas más.
La chaqueta amarilla aparece con intensidad durante febrero.
La chaqueta amarilla aparece con intensidad durante febrero.

En la Patagonia, basta con que aparezca una para que, en cuestión de minutos, el aire se llene de zumbidos. Detrás de ese fenómeno hay una explicación científica: una feromona de alarma que solo ellas pueden detectar. Ese “olor” imperceptible para los humanos es la señal que activa el refuerzo.

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Desde hace 18 años, la licenciada en Ciencias Biológicas y doctora en Biología Maité Masciocchi investiga el comportamiento de las avispas. Actualmente desarrolla su trabajo en el Grupo de Ecología de Poblaciones de Insectos (GEPI), una unidad de doble dependencia entre el INTA Bariloche y el CONICET, donde estudia a una de las especies más conocidas —y temidas— de la región: la Vespula germanica, popularmente llamada chaqueta amarilla.

Cuando se sienten agredidas, las chaquetas amarillas liberan una feromona de alarma, un olor particular que funciona como un llamado colectivo. La señal química atrae a otras avispas del entorno, que acuden en defensa de la colonia.

El mismo mecanismo opera cuando detectan una fuente de alimento: emiten compuestos químicos que orientan a sus compañeras. Esa es la razón por la cual, muchas veces, se observa una sola avispa rondando una mesa y, poco después, aparecen varias más.

Masciocchi aclara que no se trata de insectos agresivos por naturaleza. “La chaqueta amarilla no es como el mosquito, no nos busca a nosotros. Si no se siente amenazada, no ataca”, explica.

El principal riesgo surge cuando una persona entra en contacto con una colonia, que generalmente se encuentra bajo tierra. “Si pisamos un nido, van a salir muchas a picarnos. Ese es el mayor problema”, advierte. Allí, nuevamente, la feromona cumple un papel clave: activa una respuesta coordinada de defensa.

Increíbles desde la biología

Más allá de los inconvenientes que generan, la investigadora destaca su asombrosa organización. En el caso de la chaqueta amarilla, una sola reina controla una colonia compuesta por miles de individuos. En apenas dos meses pueden construir nidos de gran tamaño y adaptarse a distintos ambientes.

“Tienen una capacidad enorme para invadir y establecerse. Desde el punto de vista biológico son fascinantes”, sostiene Masciocchi.

El desafío, señala, es aprender a convivir con una especie que ya forma parte del paisaje regional. Comprender su comportamiento —incluida esa feromona invisible que coordina sus movimientos— es una herramienta clave para minimizar riesgos y reducir el impacto negativo. 

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