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16/12/2025

Conocé la historia del “mecánico espacial” que es barilochense y trabaja con satélites en Estados Unidos

Se desempeñó en Invap y puso rumbo a Colorado.
Jorge, en al actualidad, se desempeña en Estados Unidos (imágenes gentileza).
Jorge, en al actualidad, se desempeña en Estados Unidos (imágenes gentileza).

Jorge Alberto Nahuelpan es barilochense. Está por cumplir treinta y nueve años. En este momento, se encuentra de vacaciones en la zona (permanecerá hasta principios de 2026), pero, desde hace un tiempo, reside en el norte del continente. Más precisamente, en una ciudad llamada Broomfield, en Colorado, Estados Unidos. Viajó a aquellas coordenadas por cuestiones laborales. Es especialista en integración mecánica de sistemas espaciales, experto en la construcción e integración de satélites y hardware de vuelo. Igualmente, cuando conversa con alguien, para no embarullar al interlocutor de turno, si le preguntan a qué se dedica, sintetiza: “Soy mecánico”. Y, con un poco más de confianza, tal vez aclara: “Mecánico espacial”. En cualquier caso, su labor es fundamental y, claro, se aleja de la mecánica tradicional: “Mi trabajo se centra en una parte poco visible pero crítica de las misiones espaciales: la integración mecánica y la alineación de componentes de alta precisión que, una vez lanzados, no admiten correcciones. Es aquello que garantiza que un satélite funcione correctamente en órbita desde el primer momento”, explica.

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Este breve regreso vacacional a la región le permite repasar cómo ha sido el camino hasta llegar al nivel en el que la actualidad lo encuentra.

Sus palabras lo trasladan a una Bariloche en sepia. Así, hay que pensar en un niño más de la ciudad, que cursó la primaria en el Colegio Don Bosco y luego se inclinó por hacer el industrial, en el que por aquel entonces era el Centro de Educación Media N° 51 (actual Centro de Educación Técnica N° 2).

Para él, así como para algunos de sus compañeros, ya en aquel momento, Invap era un faro. Seguían con atención las noticias que surgían desde la empresa. “Cuando iba al secundario, quería hacer lo que en la actualidad hago”, evoca.

Precisamente, a partir de su labor estudiantil, fue preseleccionado por Invap, donde, por aquel entonces, observaban que había varias personas a punto de jubilarse y procuraban contar con gente joven que se formara para poder desempeñase, por ejemplo, en el “cuarto limpio” (de integración satelital).

De ese modo, Jorge vio cómo su sueño comenzaba a hacerse realidad, ya que pudo ingresar a la entidad.

“Participé en proyectos estratégicos del sector espacial argentino desarrollados por Invap y Conae (Comisión Nacional de actividades espaciales), como los satélites SAC-D/Aquarius —en colaboración con NASA/JPL—, Arsat-1 y Arsat-2, Saocom 1A y 1B, y Sabia-Mar”, cuenta, añadiendo que también cumplía funciones relacionadas con radares. “Estaba en la tarea de armado, en la integración”, detalla.

Días en Invap.

Del algún modo, a partir de la pandemia, llegó un momento de análisis personal, respecto a las posibilidades futuras, algo que poco más tarde derivaría en su decisión de trabajar en el exterior. Así, cuenta: “Después del boom que significó todo lo relacionado con los Arsat, tuvimos los Saocom, que fueron dos. Uno que lanzamos desde California y el otro desde Florida. Para el último, precisamente, viajamos en febrero de 2020 por la campaña de lanzamiento. La pandemia había empezado en Asia, y Europa comenzaba a tener sus primeros casos masivos. Finalmente, en Estados Unidos, el lanzamiento se suspendió, pero la tarea mecánica ya estaba lista. Estuvimos varados aproximadamente un mes en Florida. Hasta que fuimos repatriados. Después de eso, de la concreción del lanzamiento y demás, empecé a preguntarme: ‘¿Qué puedo seguir haciendo?’. Estaba inquieto en búsqueda de otras alternativas”.

“Tuve una propuesta de Satellogic, una empresa radicada en Uruguay fundada por argentinos, para trabajar en una planta de Holanda. Casi simultáneamente, apareció la posibilidad de trabajar en otra empresa llamada Skyloom, de Estados Unidos, fundada también por argentinos”, relata.

A la hora de escoger, se inclinó por la estadounidense por una cuestión de cercanía con gente que se desempeñaba allí. La empresa estaba en Oakland, California, pero pronto se mudó a Colorado, puntualmente a Broomfield, localidad situada a poco más de veinte kilómetros de Denver, la capital del Estado.

Sobre las tareas que lleva adelante allá, apunta: “Hacemos terminales de comunicación láser, instrumentos que van montados en los satélites”.

Según indica, la firma está bien posicionada en la innovación que significa la transformación en el modo de comunicación, de radiofrecuencia a láser. “Estamos enfocados en ese proyecto”, dice.

“En el último lanzamiento, cuarenta y dos terminales —en cuya integración participé— fueron puestas en órbita, y actualmente se encuentran operativas. Una segunda tanda será lanzada en los próximos meses”, 

En cuanto a la experiencia de vivir en Estadoss Unidos, comenta: “Broomfield es un pueblo bastante tranquilo. Hay muchas empresas de tecnología; no es que sea Silicon Valley, pero se siente una vibra especial. Es un lugar muy ordenado, y la gente, muy cordial, amable”. Igualmente, aclara que no se aprecia la cercanía que caracteriza a los latinos.

Como entretenimiento, y un modo de insertarse en aquella sociedad, señala que volvió a una actividad que realizaba en la Patagonia: el rugby. “En Bariloche jugaba en Pehuenes, y cuando me mudé a Dina Huapi, en Dina Huapi Rugby Club”, rememora. En la actualidad, es parte del Boulder Rugby Club.

Por otra parte, expresa que, paisajísticamente, Colorado tiene algunas características que le remiten a esta zona: “Es como la Patagonia, un sitio con montañas y río. En invierno nieva, el verano es cálido. Estamos a mucha altura, unos dos mil metros. Estoy cerca de centros de esquí como Aspen, Keystone y Eldora”.

“Realmente, en cuanto a lo que es naturaleza y vida al aire libre, se siente como acá”, añade.

—Cuando estás allá, ¿extrañás algo en particular?

—La familia, sobre todo en algunas fechas festivas. Pero la verdad es que, en el día a día, la rutina consume mucho tiempo. Trabajo bastante tiempo, y el resto de las horas se pasan en actividades como ir al gimnasio, el entrenamiento de rugby… Igual, cuando llega el domingo te preguntás: “Che, ¿y el asado con la familia?”.

—¿Y a la inversa? Estos días que estás pasando acá, ¿extrañás algo de allá?

—Lo que tiene que ver con el tránsito… Acá me vuelvo loco; allá es mucho más ordenado —sonríe.

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