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10/12/2025

Pasión barilochense por la música en formato físico

Amor por los vinilos, CD y cassettes.
Los amantes barilochenses de los discos volvieron a reunirse (fotos gentileza).
Los amantes barilochenses de los discos volvieron a reunirse (fotos gentileza).

Los amantes de los registros musicales son —somos— bichos raros. La necesidad de “palpar” la música; el deseo de observar la información respecto a los actores principales y secundarios de una grabación, desde los instrumentistas a los técnicos; ver el arte gráfico que acompaña el registro sonoro, terminando de brindar el concepto general... Todo eso es lo que buscan —buscamos— quienes se criaron —nos criamos— con el concepto de “obra”. Para muchos, un disco es bastante más que una cosa. Es decir, no hablamos sólo de un objeto, sino de ese objeto y aquello que lo trasciende a partir del arte.

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Se extraña el paseo que significaba ir a una disquería, más allá de que, aquí o allá, puedan sobrevivir bastiones que conforman un espejismo de lo que alguna vez fue.

Llámennos melancólicos crónicos, pero aquellos que llegamos a sentir el palpitar del corazón ante el arribo de una novedad, con el plastificado que anunciaba su inmaculada situación, añoramos aquellos tiempos buceando en las bateas en busca de vinilos, cassettes o CD (o incluso otras alternativas, como los fugaces minidiscs), con un comerciante que, más allá de su cualidad de tal, era un conocedor del paño, a la manera de los antiguos libreros (aunque, en el caso de las páginas entintadas, aún sobreviven algunos exponentes de la vieja escuela).

Por suerte, esto del encanto por las grabaciones tangibles es una manía que cuenta con gran cantidad de adeptos. Se trata de una pasión que se comparte, y así, entre todos, se conforma una especie de cofradía del do re mi fa sol la si.

Por ejemplo, en Bariloche está el Club del Vinilo, un grupo donde confluyen aquellos que aún viven con emoción lo que significa colocar un disco en un equipo de audio. Y, pese al “vinilo” que figura en el nombre de la agrupación y del término “disco”, debe aclararse que la cuestión engloba a cualquier tipo de grabación que pueda disfrutarse —además de escucharse— teniéndola en la mano, observando su portada, leyendo los créditos…

En busca de algún tesoro sonoro...

Y el Club del Vinilo tuvo, el domingo, una nueva misa pagana, con uno de esos encuentros que suele realizar para comprar y vender material. En esta ocasión, el sitio escogido fue la terraza de una cervecería ubicada en Mitre casi Diagonal Capraro.

Es cierto, está el factor comercial, porque, después de todo, se trata de una transacción en donde lo monetario dice presente, pero el asunto va más allá, ya que lo que se vive en cada reunión “vinílica” respira un aire analógico. “Lo viejo funciona, Juan”, diría Favalli, el personaje que, a partir de la serie El Eternauta (basada en la creación de Héctor Germán Oesterheld), convirtió a la frase en viral.

Incluso se observa un “contagio” en adolescentes que se acercan como si fueran la reencarnación de aquellos que —los que ya superamos hace rato los cuarenta— fuimos.

En esta ocasión, la juventud se hizo presente, además, con Amnistía, la banda que tocó mientras los vinilos, CD y cassettes pasaban de mano en mano. La agrupación le puso música “tracción a sangre” a la propuesta, con zapadas y versiones que incluyeron un abanico que fue desde Pappo a Radiohead.

Amnistía, la banda juvenil que acompañó la jornada "vinílica".

La jornada, entonces, sirvió como excusa para que aquellos que comparten —compartimos— la pasión por los registros discográficos tuvieran —tuviéramos— un lugar de encuentro, donde conversar sobre viejas —y no tan viejas— grabaciones, comparar discos, ver las portadas… En definitiva, sentir el “aroma” de la música.

Anochecer con "sabor" a música.

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