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03/12/2025

Una joven consiguió reunir más de 300 textos para un centro de asistencia a niños y adolescentes

“Cuando los libros están presentes, las ganas de leer aparecen más seguido de lo que se piensa”, afirma.
Carolina busca contagiar su amor por los libros (foto: Facundo Pardo).
Carolina busca contagiar su amor por los libros (foto: Facundo Pardo).

Carolina Arraigada Juarez siente una pasión especial por los libros. No es casual que estudie Licenciatura en Letras. Pero, más allá del gusto propio, a través de actos solidarios, procura “contagiar” el hábito de la lectura. Por ejemplo, dos años atrás realizó una colecta de textos para un merendero del bario Nahuel Hue, y en 2024 brindó un taller destinado a gente que acudía al área de salud mental del Hospital Zonal "Dr. Ramón Carrillo". Hace pocos meses, en tanto, comenzó a reunir libros con el fin de donarlos al Centro de Asistencia Integral de la Niñez y Adolescencia (Caina), donde se otorga albergue y comida a chicos y jóvenes retirados de su núcleo familiar por orden de la Justicia o del Ministerio de Familia provincial, en casos de abuso, violencia, o vulnerabilidad económica y social. Finalmente, la iniciativa dio un gran resultado. En tal sentido, cuenta: “Reunimos trescientos treinta y seis libros, así que considero que la colecta fue un éxito. Incluso recibimos una donación desde Buenos Aires, algo que me sorprendió y alegró mucho”.

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Carolina detalla que, mayormente, llegaron novelas, pero también poesía, cuentos e historietas. “Lo positivo ha sido que logramos armar una colección variada. Hay policiales, suspenso, fantasía, romance... Todos encuentran algo que les gusta”.

Y, para el Caina, hubo un plus: “Como el lugar no contaba con bibliotecas, tuve que gestionar también ese aspecto. Eso demoró un poco la entrega de los libros, pero no podía dejarlos en cajas porque eso iba a limitar su acceso y circulación. Una persona se ofreció a hacer las bibliotecas —dos para el sector de varones y dos para el de mujeres— y sólo tuve que pagar el cincuenta por ciento de los materiales”, señala la joven, que es empleada en un comercio.

Algunos de los libros recibidos (foto gentileza).

“Quiero destacar la solidaridad. Muchas personas se tomaron el tiempo de revisar sus bibliotecas para elegir y donar libros que realmente pudieran servir”, expresa Carolina, quien recalca: “Solemos escuchar que ‘ya nadie lee’ o que ‘los chicos no leen’ porque el celular desplazó todo interés literario, pero la realidad es mucho más compleja. En muchos hogares simplemente no hay libros, y en otros los adultos trabajan doce horas y no siempre pueden generar momentos de lectura”. De tal manera, reflexiona: “No siempre es por falta de interés”. Y agrega: “Por eso creo que no hay que rendirse. Es fundamental seguir creando espacios, generando momentos y buscando nuevas maneras de compartir lecturas. Cuando los libros están presentes, las ganas de leer aparecen más seguido de lo que se piensa”.

En cuanto a la acogida que tuvo el material en el Caina, indica: “La recepción fue muy positiva. Tanto el personal como los chicos recibieron con entusiasmo los libros, y creo que también influyó el buen estado de las donaciones”. Así, destaca: “Los libros lindos, cuidados, siempre dan ganas de mirarlos”.

Desde un inicio, su intención era que la donación fuera sólo el principio. Carolina ideó que, tras la entrega de los textos, podría llevar adelante un taller literario. “Aunque el proyecto está pensado para desarrollarse con más continuidad el próximo año, ya tuvimos un par de encuentros. Fui dos veces para conversar y empezar a conocernos, porque, para mí, es fundamental generar cierta cercanía antes de proponer las lecturas”.

“La idea es formar un grupo de lectura, un espacio para compartir literatura, y eso requiere otro tipo de vínculo”, considera, para luego contar: “Hace una semana tuvimos un encuentro muy lindo, leímos y conversamos sobre distintos temas que surgieron a partir de dos cuentos (La fiesta ajena, de Liliana Heker, y El almohadón de plumas, de Horacio Quiroga). Les había preguntado qué películas, series y música les gustaban, y estos cuentos fueron una forma de seguir explorando esos intereses”.

Asimismo, dice: “Siempre estoy pensando nuevas formas de acercar lecturas, pero no siempre tengo tiempo para realizarlas (trabajar en comercio no me deja mucho tiempo libre)”. Al respecto, adelanta: “Estoy armando nuevas propuestas para la biblioteca del Hospital Zonal, y también me gustaría realizar alguna actividad en merenderos, pero dependerá de qué tan bien logre organizarme el próximo año”.

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