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01/12/2025

100 años de la Escuela 266: nació en Ñirihuau, lleva la firma de Eva y Perón, y sueña a través de una cápsula del tiempo

Semana de festejos en la entidad educativa barilochense.
María Inés, la directora, al frente; detrás, la escuela centenaria (fotos gentileza de Noelia López).
María Inés, la directora, al frente; detrás, la escuela centenaria (fotos gentileza de Noelia López).

Al ingresar en la Escuela N° 266 Domingo Faustino Sarmiento, se siente el peso de la historia.

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Cualquier sitio destinado a la educación tiene, cada uno a su manera, cierto encanto. Y, en lo particular, “la 266” ofrece una magia centenaria, con su fachada inconfundible, las puertas vidriadas, los pasillos, la escalera…

Las características puertas vidriadas de la institución educativa.

Aunque, claro, su vida no siempre estuvo radicada en sus instalaciones actuales, en el emblemático edificio de la avenida 12 de Octubre entre Rivadavia y Sarmiento.

La directora del establecimiento, María Inés Ganga Navarrete, se propuso conocer la historia de la escuela, más allá de su ubicación presente. Le sorprendía que, en los veintidós años que llevaba en la institución (quince como maestra; siete en el cargo directivo), nunca se hubiese festejado el cumpleaños de la entidad. Así, la respuesta la halló en el libro histórico de la propia escuela, y luego se llevó a cabo una labor de constatación de datos.

María Inés, con el libro histórico de la escuela.

De esa manera, cuenta que “la historia de la escuela empezó en Ñirihuau, durante 1925, para los hijos de los trabajadores de YPF”.

“Cuando solicitaron su creación, se aceptó, pero como no había una población estable, porque los trabajadores se movían mucho y la matrícula era baja, se le dio de baja”, señala María Inés. Ese cierre fue en 1936, pero al año siguiente su historia continuó en Bariloche, donde se la trasladó (“Según dice la historia, a un kilómetro de la terminal”, apunta la directora).

Una página del libro histórico que habla del pasado de la escuela.

De acuerdo con la información que encontró, María Inés indica que la institución, por aquel entonces, ya en Bariloche, funcionaba en una edificación que se alquilaba a una familia de apellido Funes.

Fue en 1948 cuando se colocó la piedra fundamental de su edificio actual, y al año siguiente, según cuenta María Inés, se inauguró. Cabe resaltar que el libro histórico de la escuela guarda las firmas del entonces presidente, Juan Domingo Perón, y su esposa, Eva Duarte.

Las firmas de Evita y Perón.

La directora también señaló que la entidad educativa, desde su nacimiento y hasta 1968, funcionó con el número 71, y en aquel año pasó a denominarse Escuela de Frontera N° 1, permaneciendo una década con aquella modalidad tendiente a garantizar la educación de los niños que viven en zonas fronterizas. Fue en esa etapa cuando se construyó el comedor y la cocina. “De ahí vienen los mesones gigantes blancos que tenemos, al igual que las cocinas industriales”, narra la directiva.

En 1978, la entidad pasó a su denominación actual, Escuela 266.

Detalle de una de las cocinas de la escuela.

En cuando a su estructura, cabe señalar que durante 2017 y 2018 se implementó un plan de refacción para poner en valor el edificio, manteniendo su estilo original. Más allá de aquellos arreglos, la directora cuenta que aún tienen la necesidad de tener un gimnasio, ya que no cuentan con un espacio propicio para realizar los actos. En la actualidad, suelen usar un salón de usos múltiples, donde los niños hacen gimnasia, pero resulta pequeño. Es allí donde los chicos de cuarto grado realizan el juramento a la bandera y los de séptimo festejan el egreso, pero incluso con la asistencia de sólo esos cursos las familias tienen que acotar la cantidad de miembros para acompañar a sus hijos, e incluso muchas veces queda gente que debe seguir el acto desde el pasillo porque no puede ingresar. “Eso nos limita la construcción social que deseamos llevar adelante”, expresa la directora.

El libro histórico de la escuela atesora diversas fotos.

María Inés es oriunda de Santa Cruz. A los dos años de estar en Bariloche, acudió a la entidad educativa para una asamblea de elección de cargos (“En ese tiempo se hacían en las escuelas”, detalla). Dice que, al ver el lago Nahuel Huapi desde el patio, se emocionó: “No podía creer que esto fuera una escuela, y me dije: ‘Quiero trabajar acá’”.

Y eso hizo. Más allá de un par de años en un colegio privado y quince días como suplente en Villa Los Coihues, aquí desarrolló su carrera docente. “Es mi segundo hogar. Yo quería forjar futuros; creo que la contención de este edifico majestuoso ayudó a dar cimiento a mi vocación educadora”, considera.

Los peldaños que día a día suben y bajan los estudiantes.

Está en la dirección desde 2019. “El cargo directivo me permitió, con otro compromiso, seguir trabajando, ya no con grupos de estudiantes, sino en orientar, guiar y acompañar a toda la institución”, expresa, para luego añadir: “Nos importa mucho lo académico y lo curricular, pero no queremos descuidar lo emocional y el cuidado de los valores. Deseamos que los alumnos puedan tener una educación integral, que les permita el progreso académico y también contar con un corazón abierto, para ser sensibles y seguir creciendo como personas de esta comunidad”.

“La escuela es parte de mi vida, algo fundamental”, sintetiza, al referirse a los sentimientos que la institución le despierta. 

"Todo está guardado en la memoria, sueño de la vida y de la historia", como canta León Gieco.

ACTIVIDADES

Con motivo del centenario de la escuela, hasta el miércoles sus puertas estarán abiertas a la comunidad para que la visiten, en el turno mañana, de 10 a 12, y durante la tarde, de 14 a 16. Así, por ejemplo, quienes hayan acudido a la entidad podrán volver a las aulas en las que estuvieron de chicos, además de disfrutar de una línea histórica en el hall de entrada y una muestra de trabajos de los estudiantes bajo la denominación “La escuela, ayer y hoy”.

El jueves, en tanto, será la fiesta de cumpleaños, en una jornada recreativa para los alumnos de ambos turnos, con la participación de la Banda de la Escuela Militar de Montaña a las 15.30 y muchas tortas para soplas velitas (cada grado tendrá la suya).

El viernes a las 11 se realizará el acto oficial, con presencia de autoridades y la comunidad educativa, además de la participación de la Orquesta del Bicentenario.

Laura, Romina y Marcia, porteras del turno tarde.

Además de esas actividades, la directora cuenta que “los chicos escribieron deseos, contaron cómo viven la escuela hoy y cómo imaginan que será en 2040, para hacer una cápsula del tiempo virtual”.

Lo de la intangibilidad de la propuesta tiene un porqué: “En algún momento se hizo una cápsula que se enterró, pero no sabemos dónde”, confía María Inés, quien señala que, en el momento en que se realizó, se tuvo como guía “un árbol que ya no está”.

“No queremos que nos pase eso, así que la vamos a guardar de manera virtual, para que la tengan resguardada varias personas”, explica la directora.

Pasillos con historia...

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