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19/11/2025

Murió Walter Arneodo: el guardián de los libros

Este martes 18 de noviembre, murió en Córdoba Walter Arneodo dejando una enorme tristeza en la comunidad.
Un fanático de la política social y la libertad de expresión, un ser humano maravilloso.
Un fanático de la política social y la libertad de expresión, un ser humano maravilloso.

Era doctor en Física y fue director titular de Invap en el año 2012. Tenía una pasión muy especial por la lectura y la materializó abriendo Uppsala,  el Almacén de libros de Bariloche.

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En esa librería Walter recibía a los clientes pero además, generaba momentos de charlas y debates, demostrando un gran compromiso social, “En mis épocas de máxima mediocridad siempre me recluí en los libros” citó en una entrevista con El Cordillerano.

De convicciones firmes y temple serio, muchas veces en sus comentarios sembraba dudas entre la realidad y su ironía.

Había comenzado sus estudios en Córdoba y todos los días, esperaba el micro para ir al comedor de la universidad, al lado de la parada había un revistero de chapa y allí, compraba algún libro para hacer más agradable la espera.

 Pero la mayoría de las veces, no los leía enteros, comenzaba por el prólogo y leía algunas páginas pero como llegaba el micro, lo dejaba y al otro día, compraba otro.

Vino a Bariloche para continuar sus estudios de Física pero tiempo después, trabajando ya en el Centro Atómico, se radicó en nuestra ciudad.

Un compañero de Invap, por el achique presupuestario en la empresa, decidió volverse a Córdoba y Walter con otro amigo, no dudaron tomar la posta de la librería que dejaba.

Fanático de la lectura de pronto, los tenía todos al alcance de sus manos y ante la entrada de un cliente, poniendo un señalador y dejaba sobre el mostrador el que estuviera leyendo.  

  

Batea de saldos

Una de las particularidades de Uppsala era la batea de saldos. Una larga mesa con libros a muy bajo costo y ofrecer ese servicio, le hacía bien. “La falta de dinero nunca puede ser el obstáculo para un lector” decía.

Luego sumó un servicio de cafetería y en ese proceso, su amigo y socio decidió tomar otros caminos y quedó solo a cargo del comercio. Los números no eran su fuerte y eso quedó demostrado al tener que vender alguna propiedad para pagar el alquiler del local.

Su visión de la política era muy amplia pero en un momento, decidió participar de manera más activa y fue electo concejal en el mandato de Atilio feudal.

Lo hizo con la intención de sumar su granito de arena en pos de mejorar muchas situaciones sociales que veía en la ciudad pero se desilusionó porque sintió que no logró hacerlo.  

Humildad y generosidad  son los sellos irrefutables que deja entre quienes lo conocieron y su recuerdo, perdurará en el corazón de muchos barilochenses.   

 

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