Publicidad
 

EMOCIÓN PURA

|
05/09/2025

El conmovedor relato de Gustavo Yankelevich sobre cómo era su relación con Romina Yan

Gustavo Yankelevich habló de su vínculo con Romina Yan y emocionó al recordar momentos únicos con su hija

Cada 5 de septiembre la herida vuelve a abrirse para Gustavo Yankelevich. Ese día, en 1974, se convirtió en padre por primera vez con la llegada de Romina Yan, y desde entonces la fecha quedó grabada como una mezcla de celebración y dolor. Este año, además de recordarla a ella, el productor cargó con la tristeza de la reciente partida de su nieta Mila, lo que volvió aún más profundo su mensaje.

“Hoy festejamos en el día de tu nacimiento haberte disfrutado tanto en este plano, en este mundo. Hoy te seguimos festejando aunque te extrañamos, sé que estás muy bien acompañada. Las Amo”, escribió en sus redes sociales. Con esas pocas líneas volvió a dar cuenta del amor eterno hacia su hija y de la tragedia que golpea a la familia.

El vínculo entre ambos fue siempre cercano, cómplice y lleno de ternura. Gustavo todavía recuerda con nitidez aquel instante en el que una enfermera le anunció: “Esta es tu hija”. Apenas la tuvo en brazos supo que la vida había cambiado para siempre. Y Romina, desde muy pequeña, lo convirtió en su gran héroe: lo seguía a todos lados, se aferraba a su pantalón para que no se fuera a trabajar y hasta le decía que algún día se casaría con él.

La relación estuvo marcada por rutinas que se volvieron sagradas. No importaba si el gerente de Telefe había dormido apenas unas horas: cada mañana la llevaba a la escuela y disfrutaba de ese rato de padre e hija. La complicidad se reflejaba también en los juegos, cuando él se disfrazaba de momia para hacerla reír y llenarla de cosquillas.

Lee también: Aseguran que los hijos de la China Suárez van a un colegio turco: la furia de Benjamín Vicuña


Romina siempre reconoció cuánto lo admiraba. “Yo asumo mi Edipo. Amo a mi papá con locura”, decía en 2008 en una entrevista. De él heredó los ojos, pero también valores fundamentales: la coherencia, la palabra cumplida y la capacidad de perdonar sin olvidar. Gustavo, por su parte, confesaba que en uno de los momentos más difíciles de la actriz, cuando atravesó problemas de anorexia, reaccionó mal. “La traté con dureza, hasta que una terapeuta me dijo: 'Lo único que ella está esperando de vos es amor'. Entonces dejé de viajar y empecé a estar más presente. Quería estar con mi hija, y así fue”.

Como toda relación fuerte, también tuvo choques. Podían pasar días sin hablarse, hasta que ella lo desarmaba con un simple “no creas que me olvidé” y entre risas retomaban la charla. “Ahora pensamos que la vida es corta y hay que decir lo que sentimos”, aseguraba Romina, sin imaginar que esas palabras quedarían resonando tras su partida.

De Jugate conmigo a convertirse en una actriz querida y respetada, Romina Yan nunca renegó de su apellido. “¿Si trabajo porque soy la hija de Gustavo Yankelevich? Y sí, obvio. Pero me encanta hacerlo con mis viejos, me siento bárbara, sé que me van a contener”, decía con naturalidad. Su frase de cabecera, heredada también de su papá, era “Amanece, que no es poco”, recordatorio constante de que nada vale más que disfrutar la vida.

Hoy, a 51 años de su nacimiento y 14 de su partida, el recuerdo de Romina sigue vivo en las palabras de Gustavo Yankelevich. El productor encontró en cada homenaje un modo de seguir cerca de su hija, transformando el dolor en memoria y amor eterno. Porque, como él mismo suele repetir, la vida puede ser corta, pero los lazos que dejan huella son imposibles de romper.

Lee también: Wanda Nara anunció los famosos de MasterChef Celebrity y repartió palitos para todos