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17/07/2025

Graciela Narvaez: “Aquí nací de nuevo”

El recuerdo de los años de plomo y una actualidad donde la literatura ocupa un lugar preponderante.
El día de la presentación de su libro, el cariño de la gente fue notorio (fotos: Facundo Pardo).
El día de la presentación de su libro, el cariño de la gente fue notorio (fotos: Facundo Pardo).

Graciela Narvaez, en su libro Al límite, muestra diversas situaciones donde aparecen personas que, justamente, se hallan frente a precipicios. Si el paso se da hacia delante, arrojándose en la nada, o bien se esquiva la invitación al abismo, es decisión, en cada cuento, de los personajes y las circunstancias planteadas… O, mejor dicho, habría que señalar como mano determinadora a la mujer que actuó como demiurgo.

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Periodista y educadora, la actualidad encuentra a Graciela centrada en la literatura, husmeando en viejos cuadernos repletos de textos acumulados durante años, sacándole el polvo y rastreando lo más significativo de su pluma.

Así nació Al límite, obra en la que convergen seis relatos. Y están a la espera un libro de poesía y otro dedicado a las mujeres que la antecedieron en la familia (bisabuela, abuela y madre). 

Porque si bien su escritura, en principio, no fue plasmada para necesariamente ser publicada, ya que sólo surgió de la necesidad de exorcizar demonios, es decir, liberar esas fuerzas intrínsecas que suelen atormentar a quienes escriben, también es cierto que, una vez que se ve al hijo/libro con vida propia, difícilmente pueda evitarse reincidir en la experiencia.

El libro; detrás, la autora.

Por lo pronto, Al límite tuvo su botadura oficial en el centro cultural Casa Macacha, ante una sala repleta.

Graciela difícilmente olvide ese momento.

La sala del centro cultural se vio repleta.

El lugar estuvo marcado por la presencia de sus colegas periodistas, pero también hubo personas que la conocen de otros ámbitos. Había gente, incluso, de sitios donde, en algún modo, la vieron a ella misma situaciones “al límite”. Porque, a la charla, asistieron profesionales de la salud que la acompañaron a sortear olas que el destino se obstinó en levantar en diversas partes del viaje vivencial.

Gente de diferentes ámbitos se acercó a la presentación, incluso personas dedicadas al cuidado de la salud, que han acompañado a Graciela en diversas situaciones personales.

Además, estuvo flanqueada por otras mujeres periodistas, Soledad Anselmi y Soledad Maradona, quienes, más que guiar la charla hacia uno u otro lugar, sirvieron como transmisoras directas del cariño que desbordaba el ámbito del salón ubicado en Pasaje Gutiérrez 890.

Las dos "Soledades", Anselmi y Maradona, junto a la escritora.

También fue de la partida Marcelo Gilabert, autor de la imagen de portada y de otra ilustración interior del libro. El artista —y también arquitecto— compartió con el público el modo de generar sus obras, además de dialogar con la propia Graciela acerca de lo que se ve en la tapa, donde se refleja una mirada particular que remite a la etapa siniestra de la última dictadura, tema que también es tocado en los cuentos de Al límite. En este punto, debe recordarse que la escritora llegó a Bariloche con su marido en 1979, como una forma de liberarse del avasallamiento que se vivía en su Córdoba natal, donde la represión se llevaba adelante con singular fiereza. “Considero que aquí nací de nuevo”, le dijo a este cronista días atrás, al evocar aquellos tiempos.

Graciela y el autor de la imagen de portada dialogaron acerca de la mirada que se percibe en la figura.

“Córdoba me dolió… Daba una pena enorme lo que sucedía. Cualquiera podía caer en una trampa”, señaló, y contó que hace tres años acudió al sitio donde funcionó el centro clandestino de detención La Perla: “No pude ir antes; emocionalmente, no me sentía habilitada… Ahí quedaron varios de mis compañeros de cursada de Ciencias de la Información. En ese lugar pasaron cosas que jamás deberían haber ocurrido”.

“Me fui de una Córdoba que estaba lastimada; borboteaba sangre de sus heridas. Me dolía mucho como para quedarme; no tenía sentido”, explicó.

Graciela, rodeada de colegas del periodismo.

La elección de Bariloche estuvo vinculada, en especial, a la atracción ejercida por la naturaleza. “Mi marido es un hombre que adoraba este lugar desde hacía mucho tiempo; el escenario, con la montaña y el lago, lo seducía de una manera impresionante. Yo me sumé a ese sentimiento y dije: ‘Bueno, vamos’. Así llegamos acá, con un bebé en mi vientre, y aquí hicimos una familia y nos desarrollamos. Bariloche nos permitió crecer. Por eso estoy muy agradecida a esta ciudad, donde conocí gente muy valiosa”, expresó.

Durante la presentación, la autora no dejó de agradecer a la gente que se había acercado.

Volviendo brevemente a los años de plomo, y su experiencia en Córdoba, la escritora evocó imágenes de una situación que le quedó grabada en la memoria: “Estaba con una compañera, en el hall de entrada de la facultad, y paró un Ford Falcon verde en la puerta. Bajaron dos hombres; otros quedaron en el vehículo. Vestían camisa, corbata, traje negro… Subieron por las escalinatas hacia las aulas. Después bajaron, sosteniendo cada uno de un brazo y una pierna a un compañero. Lo pasaron delante nuestro. Nos quedamos paralizadas, mientras veíamos cómo la cabeza del chico iba pegando en cada escalón hasta llegar a la vereda. Abrieron la puerta del Falcon, lo tiraron adentro y... desapareció”.

“Después una se preguntaba qué hubiese pasado si hubiera dicho algo… Pero, seguramente, si lo hubiese hecho, hoy no estaría acá. Esas cosas no las tenemos que vivir más”, sostuvo.

Tras la charla, llegó la firma de ejemplares.

En contraposición a aquella época violenta, manifestó: “Acá vivo con la naturaleza. Me apasiona la montaña, estar con los árboles y el agua cercana”.

Así, apuntó a la necesidad de “tratar de reconstruirse después de haber visto tantas cosas”.

La escritora, junto a su familia.

Otra cosa: el día de la presentación de Al límite, cuando Graciela terminó de hablar, el aplauso fue rotundo.

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