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EDUCADORA, EDITORA Y TAMBIÉN POETA

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23/06/2025

Julieta Santos invita a “la insurrección existencial”

Ya salió de imprenta “Elogio de la insolencia”, libro que tiene como “columna vertebral” a la tríada “tiempo, amor y lenguaje”. Editó Las Guachas.
Julieta y su "Elogio de la insolencia".
Julieta y su "Elogio de la insolencia".

Si bien no había ofensiva alguna, Julieta Santos dijo en su “defensa” que “la culpa” de que publicara “Elogio de la insolencia” la tiene Graciela Cros. La autora suele dar a conocer investigaciones en relación con problemáticas educativas y también es editora en un sello patagónico y feminista, pero aquí puso en ejercicio su obstinación. En el cruce de preguntas y respuestas con este medio, definió la poeta que su obra es “una invitación a la insurrección existencial, si es que eso existe”. Considerable convite.

El Cordillerano: ¿qué va a encontrar el lector/a en “Elogio de la insolencia”?

Julieta Santos: quiero decir en mi defensa que “Elogio de la insolencia” es culpa de Graciela Cros de pe a pa. Si ella no nos hubiera dado esa consigna fantástica de escritura en su taller “Un cielo protector”, este libro no existiría. De movida, nomás, nos mandó a leer a Thomas Elliot en una clave muy particular y el resto fue un rapto. Quedé tomada por la propuesta y no pude dejar de escribir hasta terminar lo que hoy está sustanciado en este libro.

Ahora bien, más allá de responsabilidades, si tengo que dar precisiones diría que acá hay -ante todo- una gran obstinación con temas que me ponen a pensar. No son para nada originales, pero lo interesante es compartir los matices que encontramos a esos tópicos frecuentemente visitados por cualquiera que escriba, divague o charle. En mi caso, la vuelta de tuerca aparece mediante ese modo tan poco estratégico de comunicarse que es la poesía.

Sobre qué va a encontrar aquí quien lea me parece que Eliana Navarro lo dice muy claro en su generoso prólogo: “¿qué otra cosa sino tiempo, amor y lenguaje importan?” Ahí está concentrado con claridad lo que recorre este “Elogio de la insolencia”, esa es la columna vertebral y aparece a lo largo del libro a partir de distintas voces. Digo voces, pero podría decir personajes porque hay una apuesta prácticamente escénica, con cierta encadenación o hilo narrativo que genera una atmósfera teatral, aunque eso sea solo una distracción. Es un accesorio, algo cosmético.

A mi criterio es un libro de poesía, pero sabemos que no hay recetas en esto y la verdad es que tampoco importa tanto. Con la lectura cada uno encontrará la historia, el personaje, el vestuario, el guion que en realidad está buscando. Ojalá así sea.

EC: ¿a qué hace referencia el título?

Julieta: como dijo Rosario Vilca, el pasado es un montón de recuerdos en paños menores: hay que aprender a visitarlos sin que se incomoden y sin ruborizarse. Siempre que pienso en la escritura me pregunto qué de mi pasado aparece ahí. Eso incluye la definición de un título. Por ejemplo, cuando era chica, cada vez que le respondía a mi vieja de un modo que ella consideraba poco adecuado, me decía “no seas insolente”. Creo que este libro tiene esa pretensión irreverente como elemento fundamental, como grado cero, esa necesidad de provocar porque sí. Quizá porque esa misma necesidad se nos vuelve deuda existencial si no fue saldada a tiempo. Así que espero que quienes lean este “Elogio…” encuentren un poco de eso: la invitación a la insurrección existencial, si es que eso existe.

Extiendo la pregunta a lo poco dicho sobre estos procesos de escritura y publicación: son todos los pasos intermedios antes de llegar al objeto libro físico, apoyado en una estantería de biblioteca o a la venta en un puesto de feria. En el caso de este título, como me preguntás, lo conversé un montón: con el equipo de Ediciones Las Guachas, Tamara Padrón Abreu y Florencia Nobre; con Graciela Cros, que hizo la clínica final de obra; con amigues que leen, escriben y publican poesía; con quienes no lo hacen ni les interesa; con mi familia; etc. Lo mismo hice con diferentes propuestas de arte de tapa, hostigué en una consulta masiva a mis contactos más cercanos para definir componentes clave que, si bien una sabe que son parte de un libro porque también me dedico un poco a esto, cuando el libro es propio todo el asunto cambia radicalmente. Y es que una ahí juega de autora, no de editora ni correctora, está buenísimo seguir corroborando la complejidad de todo esto. Por eso suscribo la idea de que la autoría de un libro no es de quien lo escribe. En mi caso, al menos, este principio aplica al 100 por ciento porque a este “Elogio…” lo hicimos entre un montón. Algunos comentarios y sugerencias los consideré, otros los desestimé. En algunos casos me ayudaron a ganar confianza en la idea de publicar; en otros casos, me dijeron que estaba “verde” y le faltaba, le faltaba, le faltaba… Todos los aportes siempre curten el cuero y hay que saber tomarlos con humildad. En mi experiencia, me ayudaron a reacomodar versos, palabras, ideas, evitar redundancias y reforzar el juego. Cada obra es distinta, pero algo del desafío permanece invicto. Intacto. No hay chance, te frunce el ego. Eso es hermoso.

El libro que invita a la insurrección.

EC: tal vez se te referencia en Bariloche más como educadora y editora: ¿contás tu relación con la poesía?  

Julieta: ¿La poesía?
Es jugar de una forma
descarnadamente musical.

Siempre es posible
encriptar mensajes
ser literal a mansalva
desmembrar imágenes
componerlas.

Desarmarse.

En todo esto de la poesía está siempre la invitación al vértigo porque el efecto rebote de la palabra poética es inconmensurable, al menos en tiempo, espacio y volumen. Por ejemplo, a mí me fascina releer poesías que leí de piba porque no me olvido la fibra que tocaron esos versos hace 20, 25, 30 años. Pero ahora me dicen otras cosas. La experiencia propia que media la lectura es inevitable y por eso la poesía no tiene “un” sentido único y excluyente de otros posibles. El sentido no es del texto, sino que se le imprime a quien lee, siempre, cada vez. Del mismo modo, esas lecturas a las que vuelvo cada tanto reescriben el texto, pero también me reescriben a mí.

Además, cuando se lee poesía está siempre presente la contemplación de ese otro que la escribió, ¿no?, de sus formas de decir, de sus recursos, sus omisiones, sus obstinaciones. Pero sobre todo está lo propio al leer cualquier cosa. Esa escama íntima que se tensa o se corta o brilla en determinado verso, en cierto pasaje de la lectura. Ese es el destello de una palabra que ilumina algo de lo nuestro por un breve instante y nos deja bailando, confiadamente, en penumbras.

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