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29/04/2025

Las mochilas escolares que utilizan todos en Japón y se volvieron tendencia

Existen unas particulares mochilas que se han convertido en una cuestión cultural dentro del país asiático.

En Japón, hay un objeto que acompaña a casi todos los niños durante los seis años de la escuela primaria y que va mucho más allá de su funcionalidad: se trata de la randoseru, la tradicional mochila escolar que, con sus líneas rectas y estructura rígida, se ha convertido en un símbolo cultural profundamente arraigado en la sociedad japonesa.

Aunque su uso no es obligatorio, las normas sociales del país la han transformado en un estándar escolar que prácticamente todas las familias siguen. La randoseru representa no solo el inicio de la vida académica, sino también valores como la disciplina, la uniformidad y la constancia, pilares fundamentales en la educación nipona.

Estas mochilas, que pueden llegar a pesar cerca de cuatro kilos cuando están completamente cargadas con libros, estuches, cuadernos y tablets, están fabricadas con cuero o materiales sintéticos de alta resistencia.

Su precio no es menor: pueden costar entre 469 y más de 1.100 euros, según modelos, tamaños y materiales. No obstante, suelen regalarse en un acto casi ceremonial por parte de padres o abuelos cuando el niño entra a primer grado, con la intención de que dure toda la etapa escolar primaria.

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El origen del randoseru se remonta al Período Meiji, en un contexto de modernización militar e industrial. Inspirada en mochilas utilizadas por soldados holandeses llamadas ransel, esta versión japonesa fue introducida inicialmente como parte del equipamiento de tropas.

Con el paso del tiempo, migró del ámbito militar al escolar, convirtiéndose en un ícono reconocible en animes, mangas y producciones audiovisuales que retratan la infancia japonesa.

Además de su peso cultural, la randoseru ahora también tiene una dimensión ligada a la seguridad. Tras el devastador terremoto y tsunami que azotaron Japón en 2011, una empresa japonesa desarrolló una innovadora mochila flotante llamada Ukuran, diseñada para actuar como chaleco salvavidas en caso de catástrofe natural.

El diseño de Ukuran permite levantar la solapa frontal para cubrir el pecho del niño y sujetarla con una correa, además de incluir un silbato para pedir auxilio. Esta adaptación demuestra cómo una tradición centenaria puede reinventarse en respuesta a las necesidades del presente, sin perder su esencia.

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Así, la randoseru continúa siendo mucho más que una simple mochila: es memoria, pertenencia, símbolo de comunidad y, ahora también, un potencial salvavidas.