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110 AÑOS ATRÁS COMENZABA SU INEXORABLE DECLIVE

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13/04/2025

¿Quiénes se quedaron con los negocios de la todopoderosa Chile-Argentina?

La compañía que monopolizó la actividad económica en el Bariloche de los comienzos registró en 1915 su primer balance negativo. Dos años después, resolvió su disolución.
El muelle de Bariloche hacia 1920. Pasó de la Chile-Argentina a manos de Roth. Colección Garza en Archivo Visual Patagónico.
El muelle de Bariloche hacia 1920. Pasó de la Chile-Argentina a manos de Roth. Colección Garza en Archivo Visual Patagónico.

Controló el tráfico comercial entre Bariloche y las ciudades del sur chileno a través de la cordillera mediante la posesión de vapores, casas comerciales y convoyes de mulas. Del lado argentino poseyó vastas estancias y en esta ciudad, comercializó desde zapatos hasta soda. Cuando sus accionistas decidieron disolverla, era tan grande que tuvieron que liquidarla por secciones porque no había comprador alguno que pudiera abarcarla en su totalidad.

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Al cerrar el ejercicio de 1915, los socios de la Sociedad Anónima Comercial y Ganadera Chile-Argentina debieron fruncir el ceño: por primera vez en década y media, las cuentas dieron negativas. Fueron múltiples las razones, pero a grandes rasgos, señalemos que la Primera Guerra Mundial y sus consecuencias económicas hicieron mella en la compañía, controlada por capitales alemanes. Ni lerdos ni perezosos, sus directivos resolvieron en primera instancia, achicarla y dos años después, liquidarla.

Durante ese proceso, “la tierra que la compañía poseía en el territorio rionegrino quedó en manos de la Sociedad Anónima de Industrias Rurales, representada por Cristian Lahusen, dueño de la red de almacenes que competía con Mauricio Braun (La Anónima). Lahusen era también, según dijimos, agente de la compañía marítima Hamburgo Sudamericana. Su empresa adquirió el vapor El Cóndor (itálica en el original), la estancia San Ramón y algunos remanentes de la empresa”.

El racconto puede leerse en “Estado, frontera y turismo. Historia de San Carlos de Bariloche” (Prometeo Libros-2010), libro todavía insuperado sobre la trayectoria de esta ciudad hasta mediados del siglo XX. Su autora, Laura Méndez, estableció que “debido a que le fue imposible a la Sociedad encontrar un solo comprador para todos los bienes que poseía en San Carlos de Bariloche, a partir de 1916 se fue desprendiendo de diversas secciones por partes y pagando a sus empleados con mercaderías".


La casa de comercio de la Chile-Argentina en Mitre y Quaglia hacia 1908. Colección Cherubini en Archivo Visual Patagónico.

Encontraremos en la nómina que sigue algunos apellidos muy conocidos y otros, no tanto: “A Cornelio Hageman -inspector de Sucursales- le adjudicaron las bebidas; a Leopoldo Baratta, la sección zapatería; a Liborio Bernal, la fábrica de soda; y a Federico Reichelt, la sección de librería y cigarrería”. Además, “la compañía vendió a Primo Capraro -empresario italiano casado con una alemana y con un hijo, Francisco, nacido en Alemania- la sección comercial e industrial barilochense”.

También turismo

Aunque por entonces todavía primaba en el área el modelo agrícola pastoril, la Chile-Argentina también incursión en el turismo. “La comunicación entre Chile y la Argentina por vía lacustre, hoteles e instalaciones anexas del lado chileno y las construcciones del lago Frías y el hotel de Puerto Blest, el vapor Cóndor y los circuitos turísticos que monopolizaba la compañía quedaron a cargo de Carlos Roth, quien continuó con la perdurable y exitosa empresa de viajes y transportes La Andina del Sur”, suma la recapitulación de la historiadora.

Fueron sus fuentes las propias comunicaciones de la compañía. “En agosto de 1916, Jarred Jones recibió una nota que definió el destino de la Chile-Argentina”. En la misiva se informaba que en Puerto Montt (Chile) y ante presencia de escribano, “hemos vendido a los señores Primo Capraro y Compañía nuestra sección comercial e industrial de Bariloche, quienes continuarán desarrollando aquellos negocios”.

El estanciero de origen texano mantenía transacciones con la Chile-Argentina y de ahí la notificación. “Aunque hasta la fecha desconocemos los nombres de los integrantes de la compañía, hemos podido, a través de la nota enviada, conocer que los accionistas eran chilenos”, añade la investigación de Méndez. La nota en cuestión llevaba la firma de E. Jürgens, quien además daba a conocer que “la compra hecha por el señor Primo Capraro se ha hecho a nombre personal por razones de conveniencia, más es una sociedad con el que suscribe, a otra persona de Chile, y la razón social será Primo Capraro y Cía”.

La redacción precedente es un tanto confusa, pero es la que llegó de Puerto Montt. La debacle de la compañía se profundizó en los años siguientes. “Una asamblea extraordinaria de accionistas en diciembre de 1918, analizó la situación financiera de la Sociedad luego de tres balances negativos -1915/1917- y aprobó por unanimidad su disolución, aceptando el contrato de promesa de compra, venta del activo y el pasivo de la misma, que un mes antes de la reunión había realizado la sociedad ganadera Gente Grande”, destaca el relato.

De este lado de la cordillera, “la firma Primo Capraro y Cía. duró poco más de un año. En 1919 se transformó en Primo Capraro” a secas. “En septiembre de ese año, Capraro envió una nota a sus clientes, en la que comunicaba la disolución de la sociedad que giraba bajo el rubro de Primo Capraro y Cía., habiéndose Capraro hecho cargo del activo y pasivo de ella”, completa la reconstrucción. Por su parte, Carlos Roth se quedó con “la empresa de transporte que sirve la región del Nahuel-Huapi, en sus relaciones con la provincia chilena de Llanquihue”.

En un petitorio que elevó al Ministerio de Agricultura de la Nación, el empresario se ufanaba de poseer “barcos a vapor en el lago Todos los Santos, lago Frías y lago Nahuel Huapi”, además de haber construido “el camino más hermoso de la cordillera”, contar “con hoteles en lado chileno”, “otras casas de hospedaje en lago Frías y Puerto Blest”, más “el muelle” en San Carlos de Bariloche. ¡Una pequeñez la infraestructura que controló Roth!

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