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Corazón y acción

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27/10/2024

A dos meses de su partida se sigue recordando a Diego “Uru” Silva

Un hacedor cultural que  contagió su pasión por el candombe en Bariloche
Un hacedor cultural que contagió su pasión por el candombe en Bariloche

El 25 de agosto pasado, la noticia del fallecimiento repentino de Diego Silva hizo tronar los corazones de la gente que lo conocía y quería. Ese espacio vacío del que hablan las canciones, se sigue notando en muchos ámbitos donde desarrollaba sus actividades.

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Marta Navarro, la creadora y titular de Paico, Casa de Arte, compartió con El Cordillerano, algunas de las vivencias que tienen a Diego como protagonista. “En el 2016 empezó en nuestra sala con el Taller Integral de Candombe pero ya lo conocía de antes por medio de Paola, su compañera, quien un día me comentó que él vendría a vivir a Bariloche”.

Su recuerdo seguirá presente en el corazón de muchos.

Gente que asistía al bar Quinquela en la zona de El Ñireco, una esquina que también sigue presente en el ambiente artístico. “Cuando llegó Pao le quiso mostrar Paico, en ese entonces era pequeño pero habíamos iniciado con mucha fuerza”.

Marta recuerda que desde el primer momento comenzaron una relación de hermandad con Uru, “era una persona muy afectuosa y humilde, me hacía recordar a mis paisanos entrerrianos porque yo también soy del río Uruguay, de Concordia”. Incluso tenía una bisabuela que también era apellido Silva, entonces, querían pensar que algún parentesco podrían tener.

Para el lanzamiento de ese primer taller, Diego detalló cada palabra y la imagen del flyer. “Apenas se corrió la bola la gente respondió muy bien, venían de diferentes barrios de la ciudad incluso, de Dina Huapi” recordó.

Por medio de Uru fueron conociendo lo que era el candombe, “muchos conocíamos el ritmo de los tambores pero su significado, historia y sentimiento, recién lo fuimos viviendo cuando nos los transmitió Diego”, afirmó.

De allí en más se pudieron hacer muchas actividades. “Salimos a las calles haciendo pasadas para que la gente conociera la esencia, otro evento que se denominó Llamarada, al que vinieron cuerdas de candombe de nuestra ciudad, un taller en el 2 de Abril al que se convocó a César Castro de Buenos Aires, entre otros”.

Así, Diego fue vinculándose con la gente de los barrios por medio de su pasión musical y del arte popular. “Puedo asegurar que en el barrio El Frutillar el primero que introdujo el candombe fue Diego, sin lugar a dudas”.

Uru era todo arte, lo transformaba de manera permanente y contagiaba ese entusiasmo. “Él siempre decía que el candombe era amor, amistad, solidaridad y hermandad”. Le gustaba mucho proponer actividades en escuelas y jardines de infantes, sembrando la semilla del arte en los más chiquitos.

“Su personalidad y su sola presencia irradiaba luz, daba participación a todo el mundo y no tenía intenciones de figurar, sin olvidar todo lo que sabía porque además de tener el ritmo en su cuerpo, era un potencial de conocimientos del candombe”, recordó.

Ese estar siempre con nuevos sueños, lo fue cargando de actividades. Sabía de todo, por eso mucha gente lo quería tener en sus proyectos, porque Diego era corazón y acción. “Era muy amplio, quería cumplir con todos y lo que dejó en mucha gente se pudo sentir en la despedida que le hicimos en el Puerto San Carlos” recordó Marta. Incluso personas que asistieron a talleres de Diego en Chile y El Bolsón, vinieron a darle el último adiós.

Había colaborado en puesta de luces de obras de teatro y en CreArte, y así fue dejando su impronta a cada paso en los barrios y el arte barilochense. 

 

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