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EL ARTISTA Y UN ENCUENTRO LITERARIO EN YENNY

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28/08/2024

Pablo Bernasconi: “Bariloche es mi lugar, un planeta al que siempre vuelvo”

Pablo Bernasconi: “Bariloche es mi lugar, un planeta al que siempre vuelvo”
Pablo Bernasconi: “Bariloche es mi lugar, un planeta al que siempre vuelvo”

Pablo Bernasconi se presentará el jueves a las 18 en la librería Yenny, ubicada en San Martín 189.

La invitación, dirigida tanto a niños como adultos, apunta a compartir un encuentro literario en el que, entre otras cosas, el autor brindará detalles del “detrás de escena” de la colección Burundi (centrada en animales) así como el trabajo que realizó para una nueva edición del inmortal El Principito.

Una escena de la colección Burundi.

Ahora bien, sabemos que Bernasconi, entonces, desembarcará en Yenny, pero… ¿de qué planeta llegará?

Porque los datos “oficiales” hablan de que nació en Buenos Aires y que anda por los cincuenta y un años, pero hay quien afirma que, con sus ocurrencias artísticas, no puede ser más que un extraterrestre.

El Principito: portada de la versión ilustrada por Bernasconi.

Más allá del sitio de procedencia, lo que sí es una verdad sin posibilidad de ser retrucada es que cuando tenía cinco años llegó a Bariloche por cuestiones laborales de sus padres (ellos sí, indudablemente humanos). “Mi mamá trabajaba en el Balseiro; mi papá, en INVAP”, cuenta Pablo, quien a la hora de seguir sus estudios universitarios partió a tierra porteña. Pero en 2001, año tristemente significativo para los argentinos, decidió retornar a la Patagonia.

–¿Qué te llevó a volver? –es la pregunta obvia.

–La decepción –responde, para luego ahondar: –Cuando transcurría la tragedia que se vivía en ese momento, yo ya trabajaba no sólo en la Argentina, sino también en varios sitios del exterior, a distancia, y me ofrecieron irme a vivir a esos lugares. Yo, como todos, estaba con una gran angustia. Con el corralito, había perdido todos los ahorros; me sentía muy enojado con mi país. Me di cuenta de que tenía que irme de Buenos Aires, pero comprendí que si salía de la Argentina me iría con un resentimiento muy feo, así que decidí volver al sur, donde había vivido y encontrado mucha alegría. Fue lo mejor que pude haber hecho.

¡Silencio! Artista trabajando...

Pablo realiza creaciones integrales pero también suele ilustrar obras de otros autores. Por ejemplo, en el proyecto Paisaje interior, trabajó sobre el universo poético de Leonard Cohen, centrándose en los textos How to speak poetry (Cómo decir poesía), Everybody knows (Todos saben) y Anthem (Himno), donde el poeta canadiense escribió: “En cada cosa hay una grieta / así es como la luz entra”.

Y Bernasconi ha encontrado un sector propio para filtrar su luminosidad. 

“En cada cosa hay una grieta / así es como la luz entra”.

Sobre aquella experiencia de haberse metido con el “sagrado” Cohen, evoca: “Fue un reto muy lindo, pero también difícil, como sucede cuando uno se asoma a los textos y la mirada de un artista de esa envergadura. Siempre pareciera que no se va a estar a la altura, atemoriza un poco… Por un lado, entonces, hay que tener valentía;  luego, está el desafío para sostener la originalidad, la calidad y, sobre todo, la multiplicación de sentidos y así sumar, eso es algo esencial”.

“Los textos que escogí son muy personales, significan muchas cosas en lo que es mi carrera creativa y como ser humano. Sumergirse en ellos fue un crecimiento en muchas aristas, no sólo la artística. Se trató de un viaje bellísimo… Su poesía es milagrosa”, remarca.

Paisaje interior: Cohen y Bernasconi unidos a través del arte.

Recientemente, Pablo ingresó en otra obra “sacra”: Le Petit Prince (El Principito), de Antoine de Saint-Exupéry.

“De chico, en mi casa, el libro estuvo en la biblioteca desde siempre. Era de mi mamá, un ejemplar que ella había mantenido. En un momento, quizá a los cinco o seis años, lo descubrí. Es normal que uno, en la niñez, se acerque a un texto que incluye imágenes, pero, a esa edad, es una obra difícil de entender. O bien no comprendés algunas palabras o, si te lo leen, hay muchos conceptos que se vinculan a otros momentos de la vida, se precisa una maduración distinta”, señala, para después recordar: “Creo que la primera vez que lo leí ‘de verdad’, que lo comprendí y lo disfruté, que pude traducir en imágenes en mi cabeza lo que se me estaba contando, fue alrededor de los nueve años. Después me acompañó como adulto, y se los leí a mis hijos”.

El Principito según Bernasconi.

El artista revela que existieron varias ofertas para ilustrar la obra del aviador y escritor francés, pero siempre se había negado. “Creía que se trataba de un libro perfecto, que no necesitaba ningún tipo de mejora”, dice.

Pero al recibir la propuesta de la editorial Catapulta, algo en él hizo click: “Entendí que había un poco de miedo por tocar lo intocable, romper algo que estaba bien… Cuando comprendí que era una especie de temor, decidí enfrentarlo”.

Una visión particular de un clásico inoxidable.

“El texto, como decía Italo Calvino con respecto a los clásicos, es inoxidable. Toca de cerca, de forma profunda, la génesis de la humanidad y cierta sensibilidad propia del ser humano, sobre todo de la niñez, y lo hace de una manera sutil. Hay muy pocos libros que sobreviven de ese modo. Porque cuando se recuperan cosas de los hermanos Grimm o de Hans Christian Andersen, en general, han sido retocados. En cambio, en El Principito no se movió ni una coma, y eso es una maravilla, un milagro. Hace más de ochenta años que fue escrito”, indica.

Cuando ilustrar es hacer magia.

Así como resalta la atemporalidad de las palabras paridas por Saint-Exupéry, advierte que, quizá, para muchos niños, las ilustraciones originales del francés “puedan quedar lejos de los códigos que se manejan en la actualidad”.

“En ese sentido, pensé que quizá podría sumar algo desde lo que sé hacer, ofrecer una mirada que tal vez sumaría, e ilustré casi todos pasajes diferentes a los que él ilustró. Además, hice un relevamiento de otras versiones, donde había dibujos de otras personas”, explica.

De tal manera, asegura: “Mi mirada es muy diferente. Yo entiendo que El Principito, por ejemplo, vive una larga noche. Por eso, la mayoría de mis imágenes son oscuras, cuentan con una mirada noctámbula”.

Una mirada única.

Para Pablo, lo más importante del texto gira en torno a la relación del propio Saint-Exupéry, camuflado en el piloto que aparece en el libro, con “su niñez perdida”.

“Ese fue el eje sobre el que empecé a jugar con las imágenes”, explica.

El Principito en su asteroide.

–¿Dirías que Bariloche, para vos, es tu asteroide B 612? –consulto, en referencia al planetoide del cual, quizá, provenía El Principito, según deduce el narrador en el texto de Saint-Exupéry .

–Sí, completamente. Bariloche es mi lugar, un planeta al que siempre vuelvo. El Principito siempre retorna, por más que visita otros lugares, los cuales, en mis ilustraciones, más que parecer planetas se asemejan a barrios. Él siempre quiere volver a su rosa. Esta ciudad, para mí, tiene mucho de eso. Es muy lindo poder admitirlo y ratificarlo.

Bernasconi, alguien que retrata e interpela.

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