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02/07/2024

La historia del profesor que eligió morir en la montaña

La historia del profesor que eligió morir en la montaña
La historia del profesor que eligió morir en la montaña

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En diciembre de 1979, la Comisión de Auxilio alcanzó a rescatarlo después de ocho días sin contactos. En marzo de 2006 también lo encontró, pero donde había decidido despedirse de la vida.

En 1979, dos partidas de la Comisión de Auxilio del Club Andino Bariloche le habían salvado la vida. En 2006, consideró que ya no tenía sentido permanecer en la Tierra y en lugar de languidecer en una triste agonía, se dirigió a la montaña por un sendero que conocía bien para que sus últimos suspiros se confundieron con los rumores del bosque. Una vez más, fueron rescatistas quienes lo encontraron, después de seguir sus pasos.

“Con 80 años Werner Schad resolvió que había llegado la hora para partir de este mundo. Contrató un caballo en lo de Tom Wesley y junto a un baqueano cabalgó el martes 21 de marzo de 2006 hasta el puente del arroyo Casa de Piedra, en el sendero al lago Jakob. Ya no se sentía con fuerzas para subir caminando. Pagó el servicio y se despidió indicando que no hacía falta volver a buscarlo”, dice la crónica.

El relato puede leerse en “Rescate en montaña. 90 años de la Comisión de Auxilio del Club Andino Bariloche”, importante volumen de reciente publicación. “Previamente, en su vivienda, había dejado una carta expresando su voluntad de no ser buscado en caso de ausencia”, dice la reconstrucción que escribió Toncek Arko. “Prefiero morir en la montaña antes que en un geriátrico y ser enterrado en un cementerio”, expresó Schad en la esquela.

Por entonces, “Schad vivía solo, en la casa de su propiedad, en península San Pedro. La tardanza en regresar de la montaña preocupó a la señora encargada de la limpieza de la vivienda, quien radicó la denuncia sobre su desaparición en la comisaría 27, con jurisdicción en el lugar”. Entonces, “el lunes 27, a las 7:30, partieron 5 grupos integrados por personal de Gendarmería Nacional, la CAX, Parques Nacionales y el grupo Presmo de la policía provincial”.

Como no podía ser de otra manera, “también participó en las tareas el hijo menor de Werner, Lucas Schad, de 20 años, y la madre de éste, acompañados por el refugiero del Jakob, el guía de montaña Claudio Fidani”. En esta oportunidad, fue relativamente más fácil dar con el caminante, que 27 años antes. “Murió en paz, recostado en el suelo sobre su bolsa de dormir, junto a su mochila con las manos juntas”.

Así describió el encuentro Diana Reboratti, jefa del grupo de rescatistas de la CAX que llegó al lugar. Además, “estimó que murió en forma natural. Los rescatistas evaluaron que el profesor de idiomas falleció el mismo martes, ya que no habría armado aún su carpita”. La conclusión se impuso: “Subió a morir”, dijeron. Inclusive en su despedida Schad cuidó detalles, porque “estaba en un lugar lo suficientemente alejado de la senda para no ser divisado por los caminantes, pero tampoco tan alejado para que los socorristas tarden en hallarlo”.

Como consecuencia, “el guardaparque Eduardo Sotelo, del departamento de Incendios, Comunicaciones y Emergencias indicó que fue encontrado hacia las 11:50 y trasladado por la tarde en un caballo hasta el tambo, desde donde un vehículo de Parques lo trasladó hasta la morgue local”, dice el racconto de los sucesos. Después, “fue sepultado en el Cementerio del Montañés, donde fue despedido por su amigos y numerosos alumnos”.

Schad era de origen europeo. “Nació en Alemania el 29 de enero de 1926, y llegó a la Argentina donde se nacionalizó y eligió vivir. Con su primera esposa tuvo 2 hijos. Fue lingüista, periodista, escritor y profesor de idiomas. También docente y director en la escuela Primo Capraro”, añade el recuerdo de Arko. “Medía cerca de 2 metros y era frecuente verlo recorrer las calles de Bariloche, con su portafolio de cuero. Dictaba clases de alemán, francés, inglés y castellano y también era un gran conocedor del esperanto”.

Además de poseer tantas inquietudes intelectuales, “fue un apasionado por el montañismo, pese a no ser un escalador y tampoco esquiador”, aclara la semblanza. “A mí me gusta caminar”, decía. En forma simultánea, “fue un gran promotor del kayaquismo y recorrió la mayoría de los ríos patagónicos, tanto en Chile como en la Argentina”. De hecho, sobre el tema escribió varios libros: “Cruzando los Andes en canoa” (1980); “En canoa por ríos patagónicos” (1981); “Los ríos más australes de la Tierra” (1983) y “Por ríos y rápidos de la Patagonia” (1992). “También publicó numerosos artículos periodísticos y libros sobre viajes y política sudamericana”, suma el recuerdo de Arko.

Por ejemplo, dejó una vívida crónica de su aventura de 1979 en el río Manso, que casi le cuesta la vida por anticipado. “Antes de volver a acostarme volví a tocar mi silbato, tal como lo había hecho centenares de veces durante los últimos días. ¡Recibí una respuesta! Malditos loros, murmuré. Tantas veces me habían engañado en estos días. No obstante, probé otra vez. Tres silbidos retornaron. Probé la señal de emergencia: 3 silbidos cortos, 3 largos. ¡Otra respuesta! Raras veces o nunca, quizás, me había invadido una gratitud tan inmensa. La CAX había venido a salvarme, a arrancarme del umbral de la muerte. Apresuradamente até un pañuelo blanco en una caña larga para agitarlo por encima del río”, anotó Schad, al reconstruir su vivencia.

“Luego, después de 8 días, vi a primer ser humano. Alejandro Baratta, en su campera amarilla, apareció río abajo en la orilla. Gesticuló. Me había visto. Volví a silbar. Volvieron a responder. Luego, uno tras otro, salieron del bosque esos magníficos muchachos de la Comisión de Auxilio del Club Andino Bariloche. Abrazos, saludos, bromas, risas. En un instante, todo cambió. Estaba salvado” y su vida continuó. Finalmente, menos de tres décadas después, murió cuando y donde quería.

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