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FUE IMPULSOR DE LA INDUSTRIA AUTOMOTRIZ Y DE LA AVIACIÓN

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22/12/2023

¿Qué Anasagasti, el de la calle?

¿Qué Anasagasti, el de la calle?
¿Qué Anasagasti, el de la calle?

Si bien dejó de existir en esta ciudad, sus restos se encuentran en el cementerio de la Recoleta (Buenos Aires). Fue amigo de Aarón de Anchorena y Carlos Ortiz Basualdo, además de impulsor de los parques nacionales.

La calle circula de Este a Oeste por una zona de Bariloche que cada año que pasa es menos barrial y más céntrica, aunque sobre todo en dirección a la barda del Ñireco, la arteria preserva algunos rincones que remiten más a un pueblo que a una ciudad. Todavía… Pero seguramente, no pocos de sus vecinos y vecinas ignoran a quién homenajea con su nombre, más bien un apellido de reminiscencias italianas que, en realidad, es de origen vasco.

La memoria del homenajeado también se perpetúa a través de lagos que se ubican al noroeste del extremo sur del brazo Tristeza. Tales espejos de agua se vinculan con el Nahuel Huapi por algunos pequeños ríos, en unos de los rincones más bellos de las geografías relativamente cercanas a Bariloche. Pero, en definitiva, ¿quién fue Horacio Anasagasti? ¿Por qué tanta presencia en las geografías montañosas y urbanas de la zona?

En su “Toponimia del Parque Nacional Nahuel Huapi” (Editorial Caleuche-2004), Juan Martín Biedma trazó una breve semblanza, según la cual se trató de “un entusiasta admirador de las bellezas sureñas y un decidido propulsor del adelanto del Parque Nacional”. Es más, Anasagasti era “secretario general de la Comisión Pro-Parque Nacional del Sud cuando (tuvo lugar) su fundación en abril de 1924”, estableció el investigador.

Para Biedma, “de sus inquietudes patrióticas es muestra elocuente el trabajo que en colaboración con otros autores le publicó la Sociedad Argentina de Estudios Geográficos en 1926 y titulado El Parque Nacional del Sud”. Precisamente, se trató de una elaboración colectiva: “Este trabajo, con la colaboración del doctor Anselmo Windhausen (rasgos geológicos y morfológicos), del doctor C. C. Hosseus (rasgos fitogeográficos) y del ingeniero Frey, tendía a divulgar el mejor conocimiento del Parque y propiciar medidas para el progreso del mismo”.

Añade la contribución de Biedma que “de la certera visión de Anasagasti hablan los caminos que propone realizar, algunos construidos hoy y otros que, de realizarse, llenarían una necesidad cada vez más reciente”. Hay que recordar que la obra que consultamos fue publicada por primera vez en 1967, de manera que el “hoy” del autor correspondía a los últimos tramos de aquella década.

Más allá de sus contribuciones directas, Anasagasti “por su cuenta y orden hizo confeccionar un mapa del Parque, que fue uno de los primeros que de esa región se hicieron. Se puede consultar en la obra mencionada”. Obviamente, se refería el autor de “Toponimia…” al actual Parque Nacional Nahuel Huapi, que todavía no existía formalmente en tiempos del homenajeado.

Pero el involucrado “no se contentó con bregar por hacer conocer esos maravillosos paisajes. Se afincó allí comprando una chacra llamada Pichi Mahuida, en el brazo Campanario del Nahuel Huapi”, detalla el texto. En forma simultánea a sus afanes por la región o antes de conocerla con profundidad, Anasagasti “fue un gran deportista y uno de los fundadores de las disciplinas aeronáuticas del país”

En efecto, el de la calle fue “cofundador del Aero Club Argentino el 13 de enero de 1913. El Club tenía más entusiasmo que medios. Se hacían frecuentes ascensiones en globo y crecían los cultores de la novedosa actividad, entre los que sobresalía por su arrojo y pericia Anasagasti”, resaltó Biedma, pero cierta tragedia desalentó la práctica, al menos momentáneamente.

Lejos de amilanarse, “para retemplar los ánimos, Newbery y Anasagasti realizaron una ascensión como homenaje a los caídos y como reafirmación de su confianza en la aeronáutica. En un globo de 1.200 m3, el Patriota, que Anasagasti había traído de Francia, se elevaron el 18 de abril de 1909. Partieron de la fábrica de gas de Belgrano (en Buenos Aires) y horas después aterrizaron sin contratiempos en Marcos Paz”, según la reconstrucción.

Años más tarde impulsó la aviación militar y emprendió la fabricación en serie de automóviles. Fue amigo de otros pudientes que dejaron su huella en estas latitudes, como Aarón de Anchorena y Carlos Ortiz Basualdo. Llamativamente, Anasagasti dejó de existir en Bariloche en abril de 1932, pero no obstante, sus restos fueron trasladados a Buenos Aires para yacer, finalmente, en el cementerio de La Recoleta.

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