NO SOLO GENTE ADINERADA INTRODUJO FAUNA EXÓTICA EN PATAGONIA

| 17/11/2023

En la década de 1930, Parques trajo cisnes, ciervos moteados y faisanes a la isla Victoria

En la década de 1930, Parques trajo cisnes, ciervos moteados y faisanes a la isla Victoria
Bahía Anchorena en 1946. Cinco años después ya se pensaban tareas de remediación por el impacto humano.
Bahía Anchorena en 1946. Cinco años después ya se pensaban tareas de remediación por el impacto humano.

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Allí funcionó una Estación para la Fauna, especie de zoológico a cielo abierto. Antes de los san Bernardo, la gente se sacaba fotos con pudúes y guanacos en el Centro Cívico.

La introducción de fauna exótica en Patagonia no fue obra exclusiva de gente adinerada que quería recrearse mediante cacerías supuestamente deportivas. En sus albores, Parques Nacionales introdujo en sitios como isla Victoria 50 cisnes provenientes del Zoológico de Buenos Aires, 100 ciervos moteados de origen asiático y 50 casales (parejas) de faisanes, entre otras acciones que, en el mediano plazo, contribuyeron a la modificación sustantiva de los ecosistemas originales.

En la década de 1930, “se desplegó en la zona de puerto Radal de la isla Victoria una Estación para la Fauna, con el objetivo de constituirse en una suerte de zoológico a cielo abierto en el entorno natural”, nos dice la historiadora Giulietta Piantoni en “Un laboratorio a cielo abierto. La ciencia en la isla Victoria”, artículo que publicó en la revista “Desde la Patagonia. Difundiendo saberes” en 2021.

“Allí se buscaba conformar un muestrario de fauna autóctona para su exhibición a los turistas, así como realizar la cría experimental de algunas especies exóticas”, añade la joven investigadora. “Luego de las primeras experiencias de introducción de fauna realizas por Aarón Anchorena, a principio de siglo XX, una de las primeras experiencias de introducción de animales fue realizada por la propia repartición de Parques Nacionales. La misma se produjo a partir del ingreso de 50 cisnes, gestionado ante al Zoológico de Buenos Aires, en 1935”, esclarece el texto.

Con el mismo espíritu, “otra de las acciones tempranas de intervención de la naturaleza por medio de la introducción de especies exóticas fue a través de la piscicultura, desde 1904. Si bien el Ministerio de Agricultura ya había establecido en Bariloche una estación donde se producían alevinos, Parques fomentó esta práctica por medio de la siembra de estos en los cuerpos de agua, con el objetivo de promover la pesca deportiva”, informa la contribución de Piantoni.

Al parecer, había apuro porque “en 1937 fueron incorporados 100 ciervos moteados (Axis axis) provenientes de Asia por parte de Parques Nacionales y donados por el propio Anchorena y 50 casales de faisanes. Los ciervos fueron puestos en libertad con una muy buena respuesta de aclimatación, por lo que era posible observarlos en la isla e incluso fuera de ella, razón por la que se aventuraba que algunos individuos habían cruzado a nado el lago y que en poco tiempo el Parque se vería invadido por esta especie”.

Y como se sabe, “hoy existen en la zona jabalíes europeos, introducidos en estancias privadas que, por descuido o negligencia, se han propagado dentro del área protegida. Sin especies competidoras ni predadoras, y con una favorable adaptación, esta especie de jabalíes ha provocado un fuerte impacto en los ecosistemas locales”, concluye el relevamiento de la historiadora.

No conformes con tanta transformación que a la larga se consideraría perniciosa, “se introdujeron también otras tres especies de cérvidos, en franca competencia con las especies nativas: huemules y pudúes, que han impactado a través del ramoneo el crecimiento natural de plantas como el maqui, la laura, el maitén y el radal, entre otras”. Menos mal que el propósito era conservar…

Siempre con la intención de “embellecer” o “adornar” espacios que ya eran bellísimos, se trasladó “fauna autóctona dentro de los Parques Nacionales a zonas o ambientes en los que no se los encontraba antes. Esta reubicación produjo la ampliación del alcance y hábitats de estas especies, lo que finalmente impactó en dinámica de esos ecosistemas. Esto claramente puede observarse en el caso de los huillines y los coipos nativos de otras zonas del Parque Nahuel Huapi, e introducidos en la isla Victoria en 1946 y 1948”.

No se demoró mucho en advertir el estropicio que se generaba. Ya en 1951 se hablaba de “recomponer” el impacto que había generado la presencia humana, directa e indirectamente. “Por medio de la reproducción en cautiverio en la isla, se buscaba obtener ejemplares suficientes para 'salvar' las especies nativas, ya que se debían subsanar los desequilibrios ocasionados por todas las acciones llevadas a cabo hasta entonces”. ¿En qué quedamos?

No obstante, aporta Piantoni que “también era una fuerte razón de peso para su captura y cautiverio, el interés que producían estos ‘simpáticos animalitos’ en los visitantes. Esta parece ser una clara intersección entre el turismo, la ciencia y la conservación. En la plaza del Centro Cívico y en la avenida costanera 12 de Octubre en San Carlos de Bariloche, previo a la utilización de perros san Bernardo, se utilizaban para la toma de fotos a turistas otras especies como guanacos y pudúes, generando en los visitantes un interés a través de estos animales, considerados un atractivo. Con su cautiverio se producía un incentivo mayor en la excursión a la isla”. Pocas especies tan incomprensibles como cierta humanidad.

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