DÉBORA ALEGRET Y ESTELA ROMANIUK

| 16/11/2023

Llegó el día en que la hija curó la muestra de la madre

Llegó el día en que la hija curó la muestra de la madre
Curadora y expositora. Foto: Eugenia Neme.
Curadora y expositora. Foto: Eugenia Neme.

La primera ejerce tareas de curaduría en buena parte de las exposiciones que llegan a las salas de Bariloche. La segunda expone por segunda vez, con el nombre de “Mareas de un devenir sensible”. Gratísima sociedad artística.

En el texto curatorial que recibe al visitante, puede leerse: “El mar, esa figura alegórica que se pronuncia anterior al tiempo, indómito, nos permite quizás vislumbrar aspectos propios de la existencia, de nuestro paso por el mundo, de nuestra forma de explorar el universo del sentido. En este intento por comprender y dilucidar nuestra realidad, la búsqueda de los y las artistas se vuelve algo imprescindible y urgente”.

La sentencia lleva la firma de Débora Alegret, quien, en los últimos tiempos, se convirtió en curadora de buena parte de las muestras que llegan a las salas de Bariloche. Pero “Mareas de un devenir sensible” tiene un condimento especial porque la expositora, Estela Romaniuk, es la mamá de la especialista. Para una y otra, compartir la experiencia debe resultar conmovedor, por muchas razones.

En efecto, “se sienten muchas cosas”, concedió la artista, cuya exposición se podrá visitar en sala Frey hasta el próximo 24 de noviembre. Entre esos sentimientos asoman “satisfacción y orgullo”, compartió la expositora en diálogo con El Cordillerano. “Además, Débora es una curadora en el sentido más etimológico del término: cuida, es muy amorosa, cuidadora no solo de la selección de las obras sino del proceso que lleva uno trabajando”.

Un momento de la inauguración. Foto: Eugenia Neme.

La curadora es licenciada en Museología por la Universidad del Museo Social Argentino, pero además se especializó en Producción de Textos Críticos y Difusión Mediática de las Artes en la Universidad Nacional de las Artes. Si la memoria del cronista no falla, la conoció cuando se desempeñaba como asistente general en la tan efímera como recordada galería Farrarons Fenoglio Arte Contemporáneo. “Alta pluma”, comenté, la primera vez que leí un texto suyo.

En la actualidad, Débora trabaja en la Universidad Nacional de Río Negro (UNRN), pero felizmente, aporta como “curadora y productora de contenidos de numerosas exposiciones y ferias de arte”, tanto aquí como en Buenos Aires. Según confió Estela, “esto empezó con ella hace bastante tiempo. Lo teníamos en mente y cuando me dieron el OK en la sala empezamos a elaborar sobre lo que ya estaba hecho y algunas cosas se terminaron después. Siempre me sentí muy cuidada y eso es para agradecer”, ponderó.

Añade el texto de sala: “Estela Romaniuk indaga, bucea, navega por un mar vasto y desconcertante, provoca el acontecimiento, esboza un orden particular, suscita sensibilidades a partir de lo que encuentra. Así como lo hicieron sus padres y abuelos un siglo atrás, emprende el viaje con audacia, atraviesa océanos y reconfigura su destino. No hay gesto ni decisión pictórica que no esté alentada por su búsqueda afectiva e íntima, su relación con lo corpóreo, la permeabilidad de los límites; aquello que predomina en sus prácticas varias como la docencia inicial, la práctica del taichí chuan, la danza y expresión corporal afectan y enriquecen su producción”. Afortunadamente, ni obras pictóricas ni palabra escrita quedaron solamente en familia. Sobran razones para dirigir los pasos a la sala Frey.

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