“MAREAS DE UN DEVENIR SENSIBLE” EN SALA FREY

| 16/11/2023

Estela Romaniuk disfruta de “manchar” hojas y de encontrar “accidentes”

Estela Romaniuk disfruta de “manchar” hojas y de encontrar “accidentes”
Estela en el centro de la imagen. Detrás, la única obra con figuración a la que aludió en la charla. Foto: Eugenia Neme.
Estela en el centro de la imagen. Detrás, la única obra con figuración a la que aludió en la charla. Foto: Eugenia Neme.

Es la segunda exposición de la artista, que en lenguaje abstracto aborda temáticas como el desarraigo, la migración y el momento de echar raíces. Se puede visitar hasta el 24 de noviembre.

Los colores parecieran salir de los contornos en las obras que Estela Romaniuk alineó para “Mareas de un devenir sensible”. Así se titula la muestra que inauguró en sala Frey recientemente y que se podrá visitar hasta el próximo 24 de noviembre. Pleamares y bajamares que denotan movimientos incesantes, pero también pausas que hacían falta para permitir crecimientos.

Se trata, precisamente, del oscilar de la propia artista. “Después de un devenir, como dice el texto, estoy haciendo un alto para mostrar parte de lo que caminé hasta ahora durante varios años”, le dijo la expositora a El Cordillerano. “Esta es una segunda etapa, porque había hecho otra exposición en la que solo había trabajado con colores primarios y secundarios, blanco y negro, líneas, puntos y nada más. Algo muy elemental, al estilo (Vasili) Kandinsky”, comentó.

Todavía permanece algo de esa impronta, pero “ahora me solté un poco, aunque en aquel (señala) se sostiene el tema de los primarios”, compartió Estela. “Lo que me gusta es manchar la hoja y después ir encontrando los accidentes que se van generando: a veces los resalto, otras los transformo y van quedando las obras. A veces, aparece alguna imagen, pero la mayoría son abstractas”, describió.

Las figuras concretas en cuestión evocan a un gran pez, al mar y a un automóvil que, a priori, luce desubicado. “Ese es autobiográfico (el mismo que había señalado antes) porque habla de la evolución de mi familia que vino en barcos transatlánticos y está el auto en el que salíamos de vacaciones cuando yo era chica. Arriba de todo está mi barquito, desde donde se ven los peces”, enmarcó.

Junto con Moma Mozetich, protagonista del quehacer plástico barilochense.

Precisamente, palabras como mar, retorno y germinar, dan nombre a varias obras distintas. Hay explicaciones. “El mar me viene habitando mucho últimamente. Debe ser por la reconstrucción que estoy haciendo de la historia familiar y todo me lleva transatlánticamente hacia Europa Oriental, donde justamente ahora hay guerra, porque mi familia era de Ucrania en el límite con Polonia”, informó.

“Desde ese lugar me llama el mar y el retorno también tiene que ver con recuperar esas historias”, añadió Romaniuk. Claro que, en general, su trabajo “no es figurativo, así que no está la fotito de mi abuelo, pero hay un movimiento de retorno”, señaló. “Y germinar, porque siempre hay un lugar. Cuando se hace este alto, el detenerse en el silencio, empieza a aparecer otra cosa”.

Si bien la que está en curso es su segunda muestra, “desde muy chica, siempre me gustó meterme entre las pinturas, las tijeras, los papeles y los colores”, confió Estela. “Desde adolescente me guio un poquito Eva Klewe porque las familias eran amigas y con ella tomé algunas clases. Ella fue la que me dijo que hay que dejar fluir, me enseñó a trabajar con música y dejar el trazo suelto para después encontrar formas o imágenes”.

Más cerca en el tiempo, “fui maestra jardinera muchos años, entonces viví entre papeles, colores, pinturas y a los chicos les proponía que practicaran con muchos pinceles y reproducían la forma de pintar de algunos pintores, por ejemplo, (Jackson) Pollock. Ya en los últimos años de mi trabajo como docente, me empecé a dedicar más de lleno”, confió la pintora. “Antes había hecho cosas, pero habían quedado ahí herrumbradas”.

El “devenir sensible” se modificó “más o menos desde 2010 en adelante, cuando empecé a hacerlo más sistemático, con profesores como (Claudio) Ziperovich, Viviana Dziewa, Andrea Juárez o Aurelio García. Fui abrevando en muchos lugares y también, en los libros de arte”, confió. “Yo viví en Santa Cruz y en Tierra del Fuego mucho tiempo y no había posibilidades de acceder a muestras de arte, entonces mucho libro y reproducción”, subrayó.

A raíz de esa lejanía, “me dediqué durante bastante tiempo a reproducir las imágenes que veía en los libros de arte y después, cuando las vi de verdad, dije: ¡nada que ver! Claro, encontrás la pincelada y el gesto del pintor, no es lo mismo que copiar una imagen plana impresa. Pero siempre me acompañaron. También es de mucha influencia para mí el taichí, que me ayuda a serenarme y a no lanzarme sin pensar”.

Es que, “como decía Eva, la trastienda (se toca la nuca) va elaborando y después, uno pinta”. Entonces, el particular arte marcial brinda “la posibilidad de serenarse, de calmarse y meditar”. A fin de cuentas, “en todas las obras hay movimiento”, destacó Estela Romaniuk. Ni siquiera los marcos o contornos de los cuadros parecen capaces de contenerlo.

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