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ES CASI IMPOSIBLE VERLA EN LIBERTAD

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27/10/2023

Hay una patagónica que está en serios problemas

Hay una patagónica que está en serios problemas
Hay una patagónica que está en serios problemas

Al introducirse animales foráneos que compiten por los mismos alimentos, su población se da por extinta en algunos niveles regionales. A escala argentina, revista como Vulnerable para el Sistema de Información de Biodiversidad (SIB).

En una noche de buena visibilidad, pueden verse sin dificultad hasta seis liebres europeas en el trayecto que une Villa La Angostura con Bariloche. Como contrapartida, no se verá mara patagónica alguna, no solo porque son animalitos de hábitos más bien diurnos, sino porque, precisamente, la introducción de la foránea la puso contra las cuerdas. “En varias zonas de su distribución las poblaciones se encuentran disminuidas e incluso desaparecieron”, según datos oficiales de 2019.

Estamos frente a otras de las especies autóctonas que está en serios problemas. “Si bien localmente es cazada por su carne y cuero, los factores que más afectan su supervivencia son la alteración del hábitat y la competencia por el alimento con herbívoros introducidos, como la liebre europea y la oveja”, completa el Sistema de Información de Biodiversidad (SIB) de la Administración de Parques Nacionales.

Si bien para la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza) la mara revise “solamente” como “potencialmente vulnerable”, en la Argentina se la considera lisa y llanamente “vulnerable”. Si el recorte fuera exclusivamente patagónico, quizá la categorización resultara todavía más drástica. Hablamos de una especie de roedor que, aunque popularmente se la llame liebre patagónica o criolla, no pertenece al orden de las liebres.

De hecho, es uno de los roedores más grandes del planeta, con un peso promedio de 8 kilos y ejemplares de hasta 16 kilos. También es uno de los mamíferos endémicos de la Argentina, es decir, no se encuentra en otros lugares. Posee patas largas y fuertes que le permiten correr a alta velocidad cuando se siente amenazada. En efecto, es el roedor más veloz, ya que puede alcanzar hasta 45 km/h.

Vive en estepas semiáridas y zonas de arbustos espinosos del oeste, centro y sur de la Argentina. “Su distribución se encuentra reducida por causa de la alteración de su hábitat, en especial en la llanura pampeana y en las regiones costeras”, sobre todo a raíz de la mayor urbanización. Llamativamente, estamos frente a una especia monógama, nada común entre los roedores. Así las cosas, se aparean los mismos individuos de por vida, con 2 crías de promedio por camada, con tres a cuatro partos anuales y una gestación de 96 días.

La pareja se desenvuelve en un territorio de aproximadamente 40 hectáreas y su madriguera es subterránea. Suelen aprovechar nidos abandonados que previamente cavaron ciertas especies de búhos patagónicos. Tienen hábitos comunales: los cachorros se crían en madrigueras donde hasta 15 madres pueden dejar a sus crías. Se desarrollan rápidamente y pueden comenzar a pastar a las 24 horas de nacer.

Sin embargo, permanecen en la madriguera hasta cuatro meses y las madres los visitan varias veces al día para amamantarlos. Si bien el macho se mantiene cerca de su pareja, no participa del cuidado de las crías. La hembra alcanza la madurez sexual a los 8 meses, pero bastante antes algunos machos adultos solteros empiezan a acercársele para intentar convertirse en su pareja.

Otro dato llamativo: es el macho quien siempre sigue a la hembra, pendiente tanto de machos rivales como de predadores. No obstante, en algunas ocasiones el macho se para sobre sus patas posteriores y rocía a la hembra con un fuerte chorro de orina, marca el suelo con la secreción de las glándulas anales y deposita sus heces para delimitar un territorio móvil alrededor de la hembra. No se sabe mucho más sobre sus conceptos de territorialidad.

Si bien la mayor parte del tiempo las maras están en pareja y se desplazan juntas, en forma ocasional se movilizan en grandes grupos de 70 o más individuos en migraciones a regiones lacustres donde el alimento puede resultar más abundante. Su actividad es más bien diurna y es una especie herbívora que come principalmente pastos y otras hierbas. Es un error suponer que no necesita agua o requiere de poca para su supervivencia.

En la zona patagónica, sus depredadores naturales son el puma, el zorro gris y el águila de Azara. En cautividad, las maras viven normalmente entre 5 y 7 años, aunque se sabe de individuos que vivieron más de 10. Fueron frecuentemente criadas en zoológicos, aunque, claro, es un animal silvestre. Todavía.

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