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COMPITIERON CON LOS FORD T QUE TRAJO JARRED JONES

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20/10/2023

¿De qué marca eran los autos que unían Bariloche con Neuquén en 1916?

¿De qué marca eran los autos que unían Bariloche con Neuquén en 1916?
¿De qué marca eran los autos que unían Bariloche con Neuquén en 1916?

Ada María Elflein dejó un vívido relato de sus viajes por la zona en aquel verano. Hasta le tomó cariño al número 3 de la línea.

Los Ford T que Jarred Jones trajo a la zona de Bariloche en 1913 compitieron en los caminos de la región con automóviles de otra procedencia, que tres años después prestaban servicios de transporte entre esta localidad y Neuquén. Hay menciones a sus características en los escritos que publicó Ada María Elflein, pionera del periodismo de viajes que estuvo por aquí en el verano de 1916, durante un periplo que demandó meses.

Evidentemente, la escritora disfrutó en forma considerable de su estancia en Bariloche, porque el día en que tocaba emprender el regreso, se dejó asaltar por emociones encontradas. “Llegó una mañana de impresiones a la vez melancólicas y gratas: melancólicas, porque era preciso decir adiós a la región de incomparable encanto donde durante varias semanas nos habíamos saturado de belleza; y gratas, porque frente a la puerta del hotel nos saludaba con sus alegres crepitaciones y chasquidos, nuestro amigo el automóvil, dispuesto a conducirnos de nuevo a través de centenares de kilómetros de tierra patria, en dirección a nuestro hogar”.

Al salir de su alojamiento, ella y sus compañeras de viaje experimentaron familiaridad. “Comprobamos que era el número 3, el mismo coche en que hiciéramos el viaje de Zapala a San Martín, y ese solo detalle nos dio la sensación de dominio y de seguridad indispensables para eliminar cualquier sobresalto”. Unas 70 páginas antes, Ada María había descripto sus impresiones inaugurales al dar con el rodado.

Antes de llegar a Bariloche, la viajera había conocido parte de Neuquén y, desde San Martín de los Andes, había cruzado la cordillera para continuar su trayecto hacia el sur de Chile. A esta zona ingresó por el actual paso Pérez Rosales, luego de pasar por Valdivia y Puerto Montt. Todas estas alternativas pueden revivirse con la lectura de “Impresiones de viajes. Mendoza, Tucumán, Salta y Jujuy, Patagonia, San Luis y Córdoba” (Los Lápices Editora-2018).

Retrocedamos entonces unas semanas en el tiempo y también en la geografía, hasta situarnos en una helada mañana de Zapala, aunque transcurría enero. “Es noche cerrada cuando aún golpean en la puerta de nuestra habitación para anunciar que es hora de dejar la cama. Corroboran el anuncio los ronquidos y explosiones del automóvil que acaba de salir del galpón. Arriba pues, rezongando contra automóviles y madrugones. A las cuatro de la mañana, por lo regular, la gente es poco razonable”, concedió la periodista viajera.

Sin embargo, “el mal humor se disipa a medida que amanece; véncelo la alegría de viajar. Allí está el automóvil, un Mercedes de 45 caballos, ancho, pintado de gris, sin elegancia; pero plantado sólidamente sobre sus cuatro ruedas con cierto aire bonachón y seguro que inspira confianza. Parece decir: ‘sube tranquilo y no te arredren médanos y ríos, pedregales ni pantanos, subidas ni bajadas, que yo con todo eso me entiendo”. Sin embargo y como puede adivinarse, el viaje no fue tan plácido como Ada María anhelaba.

Dejó una descripción detallada de sus impresiones. “Ocupamos nuestros asientos, y nos iniciamos en un placer novedoso: el de viajar por caminos desconocidos en automóviles guiados por conductores que manejan sus vehículos como un gaucho manejaría su caballo”. Es más, “pronto el coche que nos ha de albergar durante un día y medio se nos antoja confortable hogar. Cómodo, de asientos blandos, con capotas y cortinas que se suben y se bajan a voluntad, con muelles excelentes y marca suave, se le cobra luego cariño y una confianza absoluta, que perdura en nuestro espíritu”.

Eran vehículos de considerable capacidad, porque “el automóvil lleva, además del ‘chauffeur’ y su asistente, ocho pasajes y 'medio'; medio pasajero es la designación oficial de los niños. El asistente es un agente de policía, que va en el estribo por falta de asiento”. ¡Pobre milico! ¡La de fuerza de brazos que debió hacer para no dar con su humanidad contra la tierra de tantos barquinazos y curvas!

Volvamos a Bariloche, varias semanas después de la partida de Zapala, cuando la incansable viajera se disponía a emprender el regreso hacia Buenos Aires, previo paso por la capital neuquina. “Ocupamos, por tácito convenio, los mismos asientos que entonces habíamos ocupado, y nos acomodamos en ellos como quien se instala en casa en su rincón favorito. Esta vez debíamos pasar bajo la capota gris del automóvil dos días enteros y recorrer 485 kilómetros. ¡Las distancias en la patria argentina!”.

Aquel Mercedes incansable conocía como nadie el camino que, por entonces, pasaba por Pilcaniyeu, Comallo, Laguna Blanca y Mencué para seguir hacia el Valle. ¿Ya se lo disputaban los Ford T?

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